Destino pendiente

17. Un café.

Nos sentamos en una pequeña mesa al aire libre en la cafetería cerca del parque. Al principio los nervios nos cosieron la boca, pero bastó que Eric me recordara una anécdota torpe de nuestros días en la escuela para que las risas fluyeran como si el tiempo jamás hubiera pasado. Me contó todo lo que había sentido el día que nos separamos, de cómo me buscó con la mirada en su nueva escuela y de lo mucho que se arrepintió de no haber hecho más. Escucharlo hablar con tanta sinceridad, mirando fijamente mis ojos, hizo que todas mis dudas se derritieran. Ya no éramos los niños tímidos de antes; éramos dos personas que, contra todo pronóstico, se habían vuelto a encontrar.




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