Un nuevo dia se alzaba en la argentina de 2016, el mes especificamente era agosto, la agencia de detectives Liam abria sus puertas con la entrada del recien llegado, matias. Un muchacho joven de unos 21 años, que solia vestir un traje elegante con esmoquin negro y una camisa celeste debajo, aunque no sabia atarse la corbata asi que no la llevaba.
Matias abria la puerta con calma, dando unos pasos mientras alzaba las manos en señal de saludo, habia un par de clientes en el lugar todos haciendo cola mientras la recepcionista los hacia pasar de a uno, matias paso por un lado y entro en su oficina mientras sacaba su nuevo telefono para ver las noticias del dia y estar en busca de un par de misterios, pero en cuanto sacaba su telefono, la puerta se abrio.
Max se asomo por la puerta, era un anciano con una barba larga que le llegaba a la boca del estomago, pese a su avanzada edad aun conservaba mucho pelo, le llegaba hasta los hombros, vestia generalmente una especie de traje de gala de un color marron oscuro (Todos en la oficina creian que le quedaba horrible), sus pantalones eran levemente de una talla mayor asi que le colgaba un poco de la manga del pantalon
— Lamento interrumpir —Dijo max de forma directa.
— No pasa nada, recien llego. ¿Alguna novedad de que esta ocurriendo por buenos aires?, ¿una invasion alienigena oculta?, ¿un asesinato provocado por los Monkuz del planeta moungkal?, ¿Un viajero espacio-temporal?
— No lo se, liam aun no a llegado. — Dijo max, con un tono claramente molesto por mis comentarios — Dijo que lo esperemos en su oficina.
— Genial, ahora ire, solo dame unos minutos.
— Liam, Lucia y Yo te esperamos en la oficina del detective.
Tiro una sonrisa y se marcho, cerrando la puerta. Matias se estiro un poco y reflexiono sobre su situacion laboral, trabajo como aprendiz aqui, es poco mas que el que lleva bebidas, pero aun asi disfruto de mi trabajo. Es un buen lugar, hay buena gente, esas cosas se las dice constantemente a si mismo. Entro hace poco mas de un mes y ya habia vivido toda clase de locas aventuras y aun no podia creer que trabajaba para una institucion alienigena secreta.
Matias se levanto y camino un par de pasos por los pasillos de la agencia, hasta entrar a una oficina donde estaba max de espaldas sentado en una silla roja mientras miraba una biblioteca llena de libros que estaba a un lado, a su vez en una silla azul estaba lucia, era una mujer de una tez muy palida, tenia ojos azules y el pelo un poco rubio, solia usar una chaqueta de cuero y un labial rojo, sus pantalones eran azules la mayoria de dias. Estaba sentada al lado de max pero esta vez sentada en la silla roja, que a su vez ambos daban a un escritorio, en la habitacion habia una ventana detras del escritorio con un marco blanco que contrastaba con el marron de la oficina.
— ¿Donde esta liam? — Pregunto matias, ingenuamente.
— No lo se, supuse que ya estaria por aqui. — Dijo max.
— Seguramente esta en una mision "super secreta" que se guardo solo para si mismo y este asesinando a un alien o algo asi. — Dijo con calma, lucia. Pese a su calma, se notaba a simple vista el desagrado hacia liam.
Esta oficina era un grupo interesante, matias era un aprendiz y poco mas que un pasante, max era medico forense, el controla la morgue de la agencia y es quien cuida a los demas de no agarrarse un virus espacial, lucia era la que pensaba las estrategias de combate y de las armas, la armeria era su oficina, literalmente hablando.
Rapidamente todos en el lugar se sorprendieron al oir un ruido, siendo esta la puerta abriendose, un hombre alto entraria, con el menton marcado, ojos marrones atractivos, una nariz grande e intimidante, cejas grandes igualmente, labios que siempre parecian deshidratados, un pelo frondoso negro pero corto, puesto que apenas llegaban a sus orejas, ropa en forma de una capa verde oscuro con patrones en formas de lineas amarillas, abajo de ella una camisa marron claro sin mangas, un cinturon negro y unos pantalones largos de color marron.
Generalmente, esto seria confuso pero para ellos no, puesto que era su jefe, liam. Era quien fundo esta agencia de detectives y de hecho era uno, no solo de profesion, si no tambien de raza, puesto que su especie se llamaba asi eran los "Detectives", viajaban por el espacio fundando una agencia de detectives dedicada a investigar, detener y frenar cualquier tipo de amenaza espacial o temporal.
— Agosto, al fin. Es uno de mis meses favoritos, tan solo llevo aqui un par de años pero sigue siendo mi favorito. — Dijo mientras entraba con una sonrisa.
— Al fin llegas. — Dijo max.
— Disculpame, estaba en una mision super secreta.
— Se los dije — Dijo lucia con molestia.
— Mi mision super secreta me dio conocimiento de que estamos en problemas, hay un infiltrado Kagure en buenos aires y eso es malo.
— ¿Kagu-Que? — Dijo lucia molesta
— Son una raza, muy lejana a la tierra. Quizas a unos 150 mil años luz o quizas 200 mil años luz
— ¿Y porque son peligrosos? — Dijo matias
— Los kagure son una raza extraña a la hora de atacar, les borran la memoria y los envian a algun planeta como infiltrados posteriormente deciden que es buena idea hacerlo explotar, una explosion de un infiltrado kagure podria hacer explotar perfectamente todo buenos aires, quizas incluso un poco mas y llegar a la plata.
Todos se quedaron bastante atonitos ante eso, max se notaba preocupado, matias se puso nervioso y se notaba en su lenguaje corporal casi parecia que temblaba, pero lucia rapidamente pone la mano en el escritorio y posteriormente se levanta firme.
— Bueno, detengamoslo. ¿Donde esta? — Dijo lucia.
— Esa es la parte dificil, los kagure usan una tecnologia de infiltracion super avanzada que hace que nuestra tecnologia aqui presente no sea capaz de rastrearla. — Rapidamente se acercaba al escritorio y toco un par de lugares abriendo un escaner que mostraba de forma similar a un radar a todo buenos aires. — La tecnologia kagure esta diseñada para no detectarse por escaneres globales o regionales, salvo que lo apuntemos con un escaner directamente al muchacho no hay forma de saber donde esta.