Aun sabiendo que dolería,
seguí con ella para que nada malo pasara.
Pero, como dicen los demás,
no todas las personas son buenas,
ni todas se quedan a verte brillar.
A veces, personas como nosotros
no entendemos el significado de una verdadera amistad;
otros piensan que estar con una amiga
es hacerlo todo por ella,
cuando en realidad... es sostenerla en sus momentos difíciles.
Cuando el alma siente esa extraña emoción
que tantas veces dejamos de lado,
es como una advertencia silenciosa,
un aviso de que algo anda mal.
Y la verdad, duele no haber hecho caso a ese presentimiento,
pues de haberlo escuchado, me habría alejado del dolor.
Pero no me arrepiento de haberlas conocido,
porque sé que, aunque hoy esté sola, brillaré
y demostraré de lo que estoy hecha.
Yo me quiero, aunque a veces me juzgo.
Yo me amo, aunque a veces me niego.
Yo lo doy todo,
aunque no reciba lo mismo a cambio.
Nos tocan amistades hipócritas:
esas que te sonríen de frente
mientras te apuñalan a las espaldas.
A veces mi cabeza no para de repetirse:
¿Qué habría pasado si hubiera hecho esto?
Y trato de callar mi mente, pero no puedo;
me imagino escenarios de lo que pasará mañana
y de cómo saldrá ese día.
Mis sentimientos y mi forma de hablar
no son iguales a los de los demás,
porque no busco encajar en su rebaño.
No me importa ser la oveja negra;
seguirá mis propios pasos,
no dejaré que nadie me haga caer.
Dolerá un poco, es verdad,
pero sé levantarme y seguir adelante.
La vida me enseñó
que las amistades sinceras son apenas un uno por ciento.
Por eso le ruego a Dios
que me aleje de todas las malas personas,
que me guarde para ser mejor,
feliz junto a mi familia,
convirtiendo cada tropiezo en un sabio consejo
para cuidar el corazón y elegir bien a mi lado.
Editado: 19.10.2026