Detrás de una Sonrisa

CAPÍTULO TREINTA Y TRES

In-Feliz Cumpleaños.

Cameron.

Toda la noche había estado viendo una y otra vez ese video de nosotros de la boda de Leo, no podía creer que la misma chica que me besaba en ese clip fuese la misma chica que dos noches atrás me había roto el corazón.

No podía creer que esa misma chica que en ese video me miraba con un brillo en los ojos me hubiera mentido tan descaradamente.

No podía dejar de repetirlo una y otra vez. Tampoco podía borrarlo de mi teléfono.

Tal vez es una tortura. Pero no puedo evitarlo.

Una llamada entró a mi móvil, es Allyson.

Respondió sin dudar.

—¡Feliz cumpleaños!—escuche ambas voces a través del teléfono—. Feliz cumpleaños, Cameron.

—Feliz cumpleaños, tío Cami—exclamó la pequeña voz de Jake.

—Gracias.

—Escucha, quizá este es el primer año que lo pasas lejos de nosotros, pero aún así Jake y yo te hemos enviado un obsequio.

—¿En serio?

—¡Si! —exclamó Jake—yo lo escogí.

Me fue inevitable no sonreír, aunque mi sonrisa no fue completa.

—Gracias, pequeño, se que tienes buenos gustos.

—Oh, te va a encantar. En cuanto llegue quiero ver una foto tuya usándolo—dijo Allyson—. No por nada discutí casi una hora con Sam para que no lo uses, de verdad, tuve que darle cincuenta dólares.

Solté una pequeña risa que no duró mucho.

—Me imagino.

—¿Qué te pasa? Te escucho un poco apagado.

—No es nada—mentí.

No quiero decirle nada, no quiero que me diga “te lo dije”.

—Mhmm, bueno. No insisto solo porque es tu cumpleaños ¿vale?

—Gracias.

—Tienes que disfrutar de este día.

—Lo intentaré.

—Bien, te dejo, debo llevar a Jake a la guardería—anuncia.

—Adiós.

Colgó la llamada.

Inmediatamente en mi pantalla apareció la foto de ese día, la había puesto de fondo de pantalla al no poder dejar de verla a diario, y menos cuando ella comenzó a alejarse. Tenía la idea de que solo era cuestión de tiempo y paciencia para que me dejara entrar, y pudiéramos intentar algo.

O no. Me conformaba con que no me echara de su vida para siempre.

No se dio, me mintió, y lo peor de todo es que aun tengo la estúpida esperanza de que ella aparezca y me diga que es mentira.

Aunque único que era mentira eran sus palabras al decir que también sentía algo por mí. Fui un idiota.

Un idiota que tiene la esperanza de mínimo recibir una felicitación por su parte.

La puerta de mi habitación se abrió, dándole paso a mi madre, Leah y Sam.

—¡Feliz cumpleaños!—exclamó Leah dejándose caer encima de mí—te quiero muchísimo, hermanito hermoso.

Lleva uno de esos gorros que Jane me dio para ella, su cabello se había caído por completo. Y no deja de usarlos

—Yo también te quiero muchísimo, hermosa hermanita.

—Ey, también es mi hermano, Leah.

—No, es solo mío—me abrazo con más fuerza.

—Yo lo conocí primero que tu, así que por derechos me pertenece a mi—se quejó Sam.

—Mami, dile que Cameron es mi hermano.

—Recuerda que Sam es como de la familia—alegue.

—En ese caso, yo también quiero ser parte del abrazo.

Acto seguido Sam se tumbo a mi lado, llevándose a Leah encima de él. Ella comenzó a reír cuando Sam hizo cosquillas en su barriga.

—¡Basta! ¡Las cosquillas son a Cameron, el es el cumpleañero!

La dejó entre ambos cuando me alce para sentarme, entonces Leah me abrazo de nuevo con una fuerza, casi como si supiera que de verdad necesitaba ese abrazo.

—Te quiero mucho, mucho—murmuró.

—Yo también.

—¡Mami y yo te hicimos un pastel!

Mi madre, quien había estado observando la escena con una sonrisa que no le llegaba a los ojos, asintió.

Ella sabe lo que ocurrió con Elizabeth, se lo conté apenas llegue ese día, destrozado. Seguía creyendo que la distancia entre Elizabeth y yo era su culpa hasta que le aclare que no lo había sido.

—Bueno, cariño—tomo a Leah por los hombros—. Vamos a preparar el desayuno para tu hermano.

—¡Desayuno sorpresa!

—Ya no es tan sorpresa—dijo Sam.

Mi madre me dio un beso en la sien antes de susurrar feliz cumpleaños y salir junto a mi hermana.

—¡Qué sean dos desayunos sorpresa!—exclamó mi mejor amigo, acomodándose en la cama—. La actitud de Leah ha mejorado, se ve más contenta.

—Si, desde hace días esta así.

Específicamente desde que recibió los gorritos.

Me puse de pie, yendo hacia mi closet. No tengo nada preparado para hoy, hasta hace unas horas ni siquiera pensaba en levantarme de la cama.

Al abrir el closet, gire mi cabeza a la repisa donde descansan todos mis trofeos de cuando jugaba en la liga junior de béisbol. Entre medallas y pedazo de metal había un porta retratos que exhibe una fotografía mía junto a mi padre.

Este es mi primer cumpleaños sin él.

—Oye, Allyson te mando un regalo—avisó.

—Si, me llamó hace un momento.

—No te vez entusiasmado—se incorporó—¿Qué te pasa?

—Nada, es solo que… este es el primer cumpleaños sin papá—murmure.

Si le digo lo que pasa con Elizabeth quizá me mate para antes de que acabe el día. Quisiera haberle hecho caso, y no haberme acercado a Elizabeth tanto.

—Bueno, si te consuela un poco yo jamás he pasado un cumpleaños con el que dice ser mi padre, o navidad, o año nuevo, nada—hizo una pequeña pausa—. Aunque, ahora que lo pienso, no es lo mismo, Dorian si fue un padre presente y el mío ni siquiera me reconoció.

—Ahora tenemos eso en común—murmure.

Sam soltó una pequeña carcajada.

—¿Tu haciendo chistes de tus traumas? ¿Qué te paso? Me ausento dos semanas y cuando vuelvo pareces otro.

A veces olvido que Sam me conoce muchísimo.

—Solo quiero pasar el día bien.

Sam se mantuvo sentado en mi cama.

No me atreví a mirarlo a los ojos. Por desgracia comparte el mismo color que Elizabeth y siento que no podré soportar mirarlo sin acordarme de ella.




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