Detrás de una Sonrisa

CAPÍTULO TREINTA Y SEIS

Sin Miedo a la Muerte.

Elizabeth

Los días siguientes Cameron actuó tal como lo prometió. Seguía manteniendo su fachada de ese chico que me odiaba, o bueno que simplemente se había alejado de mi.

Llegue a verlo en casa de Emily este fin de semana. Sam alternaba la visita entre el y yo tratando de descifrar si había sucedido algo, pero en cuanto se distraía con alguien o algo más dejaba de hacerlo.

Pero lo realmente aterrador era que Dave nos descubriera. Hasta hoy, todo continuaba normal, o lo que hacía parecer normal, durante el día, en el instituto, mantenía mi distancia con Jane, Harris y Carl, y no volví a la oficina.

Pero en cuanto llegaba la madrugada, me escapaba de mi casa con un destino claro.

La azotea.

Dave no me había dicho nada sobre ese día, y confirme que ese es el único punto donde no tiene los ojos sobre mi.

Así que apenas mis padres dormían, me vestía lo más discreta posible, con gorra y capucha, me aseguré de dejar mi teléfono en cada por cualquier cosa, y salía.

Para despistar a Dave, fingía ir a casa de Jane. Me lo reclamaba y le decía lo mismo. Si no lo hago ella sospechara. Entonces el dejo de reclamar.

Una vez nos aseguramos qué el no estaba alrededor, y que los padres de Jane tampoco nos vigilaban, íbamos a la oficina.

Por supuesto, en el momento en que papá se diera cuenta que durante tres noches seguidas sus sistema de Cámaras fue interceptado por unos segundos, quizá me castigaría de nuevo. Pero no me importa. Lo que hacía era que solo las desactivaba para poder entrar, y una vez arriba, el sistema de seguridad volvía a estar activo.

Por si las dudas, Dave me seguía.

Hacía lo mismo cuando salíamos.

Necesito no dejar ni un rastro. Y por fortuna, sabía cual era el acceso a las cámaras de la oficina, era diferente al de mi casa, por lo que podía acceder desde siempre.

Y así nos habíamos reunido con Jane en la azotea y Cameron también por tres noches seguidas.

—Entonces el plan ya esta hecho—murmuró Jane.

Nos habíamos sentado en círculo, Cameron por supuesto no se apartó más de mí.

—¿Y si todo sale mal?

—Confía en mi, todo va salir bien—me dijo Cameron al oído.

Me apreté más a su pecho.

Había extrañado sensación de paz que siempre sentía al estar con el, pero lo que más extrañaba era que me mirara de la misma manera que lo hace justo ahora.

—No quiero que los lastime por mi culpa.

—Ellie, tenemos todo pensado. Nadie va salir lastimado.

En ese momento escuche el sonido del metal de la puerta y mi cuerpo y mente alerta de tenso.

—Es Dave. Nos ha encontrado.

Escuche sus pasos acercarse y me prepararé para la escena.

—Tranquila, son Rodrigo y Carl—me dijo Jane en cuanto vio que me aleje de Cameron.

Y si. Ambos chicos entraron en mi campo de visión, despojados de su habitual chaqueta de fútbol.

—¿Qué hacen ustedes aquí?

—Yo los llamé, Ellie. Necesitaban saber que estas bien—explico Jane.

Ambos se sentaron a un lado de Jane quien se pego más a mi para unirlos a nuestro círculo.

—Roberts, me alegra que estés bien.

Ninguno de los dos paso desaparecido el hecho de que Cameron esta junto a mi más de lo normal, ni que su brazo está por mis hombros.

—Les conté sobre lo de Dave—explico Jane—. Nos van ayudar.

En otro momento quizá les habría dicho que no es de su incapacidad incumbencia, pero en este momento no tuve la fuerza de nada. Solo quiero que termine.

—Ambos estaremos ahí para ti—dijo Carl.

—Gracias—solo pude decir.

—Si nos hubieras dicho desde el principio que Dave…

—Rod, ahora no—interrumpió Jane.

—Vale—alzó las manos en señal de paz—. Solo digo que podía confiar en nosotros, y entre todos buscar una solución para que nada de esto pasara. Supongo que solo queda ver que pasa.

—O si no se entera antes—me abrace las piernas.

—Todo saldrá bien—repitió Cameron, abrazándome más.

Lo miré.

Cameron es el único que tiene esa capacidad de hacerme sentir segura, solamente el. No entiendo como es que con él me siento segura, no siento la necesidad de alejarlo, es extraño. Pero me gusta esa sensación de paz que siento siempre a su lado.

—Tengo miedo—susurre, acurrucándome más a Cameron.

—No estas sola.

—Nos tienes a nosotros—habló Carl—. Somos tu amigos y te vamos ayudar.

—Gracias.

Lo único que pude hacer es soltar lágrimas, porque no me merezco nada de esto. No los merezco, no merezco que Cameron este aquí sentado conmigo. No merezco la ayuda de nadie después de tratarlos tan mal.

Cameron acaricia mi brazo, apretándome más contra el.

Puedo escuchar el latido de su corazón, tan fuerte como si quisiera salirse de su pecho. Igual que aquella vez un día después de la boda de mi hermano.

—¿Cuál es el plan entonces?—preguntó Carl.

—Solo necesitamos que confiese, con eso es suficiente.

El resto de la noche, se quedaron conmigo hasta que el sol comenzó a salir. Carl y Rod fueron los primeros en retirarse, alegando no se que sobre sus ausencias en casa, Jane se fue con ellos para descansar un poco.

Habíamos acordado que todo ocurriría por la tarde. Es sábado, Cameron tiene el día libre por lo que hoy la oficina estaría casi vacía, a excepción de mi padre y Sebastián, quienes vienen a trabajar más del horario establecido.

Pero llegarían hasta más tarde. Conozco sus horarios, los fines de semana llegan un poco más tarde a trabajar.

Así que eso significa más tiempo abrazada a Cameron. Disfrutando más de su compañía antes de que todo pase.

—Todo va salir bien, lo vas ver—me aseguro.

—Eso espero.

De verdad lo espero.

Llegó la hora de irnos, y lo hicimos antes de que nos descubrieran.

El resto del día me la pase encerrada en mi habitación, tratando de descansar un poco lo cual fie imposible. Los últimos días he mantenido mi teléfono apagado, y si lo enciendo tratd de dejarlo siempre en casa.




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