Diario De Un Alma Confundida

✨ Capítulo 1

Carta a mi yo del pasado

Querida yo, la de hace años:

Te escribo desde un lugar al que tú aún no has llegado, pero que estoy segura te costó mucho alcanzar. Y antes de que empieces a pensar que no lo mereces o que todo es tu culpa… detente. No lo es. Nada de lo que viviste lo fue.

Recuerdo muy bien el día en que todo comenzó a doler de verdad. Esa vez que no quisiste ayudar en el examen a esa niña que se creía la jefa del grupo. Esa decisión —honesta, valiente— fue suficiente para que te excluyeran, inventaran cosas sobre ti y te dejaran sola. Recuerdo cómo todos te dejaron de hablar como si lo merecieras. Recuerdo también el silencio. Porque no le contaste a nadie. Porque tenías miedo de que todo se hiciera aún peor.

Y, sin embargo, seguiste. Lloraste mucho, sí, pero también seguiste. Hiciste chistes para que no notaran tu tristeza. Te callaste cuando querías gritar: “quiero un abrazo, me siento mal”. Nadie lo escuchó. Pero hoy yo sí te escucho.

Sé que cada vez que cometías un error, sentías que no valías. Que, si no sacabas una buena nota, entonces no merecías cariño. Y eso no es verdad. Tú merecías un abrazo. Merecías que te miraran con ternura. Merecías sentirte suficiente solo por ser tú. No porque te destacaras en todo.

A veces fantaseabas con tener amigos de verdad. Soñabas con un futuro bonito, con alguien que te entendiera sin que tuvieras que explicarte. En esos sueños encontrabas un poco de alivio. Porque no tenías un lugar seguro en el presente.

Sé también que llegaste al punto más oscuro. Que el dolor se volvió tan grande que decidiste lastimarte. Lo sé. Lo sentí contigo. Y aún me duele. Pero ¿sabes qué? No te fuiste. Estás aquí. Aunque no sepas cómo, sobreviviste. Aunque nadie lo viera, fuiste valiente cada vez que te levantaste, cada vez que te bañaste, cada vez que fuiste al colegio con el alma hecha pedazos. Eso es coraje. Eso es fuerza.

A veces creo que lo que te salvó fue la música. Esa música que te decía, sin palabras exactas, que no estabas sola. Y tenías razón en querer oírlo. Porque no lo estabas. Nunca lo estuviste. Estoy aquí ahora, y soy tú. Y estoy muy orgullosa de ti.

Hoy, a pesar de todo, sigues preguntándote si lo estás haciendo bien. Pero mírate: tienes interés por comprenderte, por entender a los demás. Te interesa la psicología. Te interesa sanar. Y eso habla de una luz que no se ha apagado.

Gracias por no rendirte. Gracias por no haberte ido. Gracias por seguir intentando, aunque todo te dijera que no valía la pena. Gracias por ser tú, incluso cuando el mundo no supo verte.

Con todo mi amor,

Tu yo del presente.

La que ahora sí te escucha.



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En el texto hay: salud mental, adolencia, diario intimo

Editado: 13.07.2025

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