Diario de un ángel

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Desperté en una habitación blanca, me sentía algo aturdida e intenté incorporarme, un ángel me ayudó a sentarme ya que yo no podía debido al dolor que sentía en mi abdomen.

- Aún no puedes dejar tu cama – dijo mientras me lanzaba una mirada seria.

- ¿Qué? ¿dónde estoy? – pregunté confundida mieras veía alrededor; podía observar que había como 6 camas blancas con sábanas del mismo color; junto a las camas había muebles de fierro con varias botellas el piso era de color café y las paredes eran también blancas.

- Estás en la enfermería del cielo, Rafael te trajo – dijo el ángel mientras se sentaba junto a mi - estabas inconsciente y tenías muy mala cara ya que habías perdido sangre y estabas envenenada -

- Vaya – exclamé, nunca pensé que estuviera tan mal -aunque por lo que veo, no fue nada grave ya que de lo contrario me sentiría peor. -

- De hecho……. - dijo el ángel desviando la mirada – estabas realmente mal y si alguien no te hubiera vendado es probable que murieras desangrada. –

 - Pero... ¿quién me vendó? – recuerdo que alguien gritó mi nombre al desmayarme, pero no pude ver de quién se trataba.

- No lo sabemos, tal vez fue Rafael, él fue el primero en llegar contigo; si no hubiera sido por eso, habrías muerto incluso antes de llegar, si es que claro, el veneno no lo hacía. –

- ¿El veneno? –

- Así es, estaba impregnado en el arma con la que te hirieron y no teníamos la cura, parece ser que los demonios crearon un nuevo tipo, el cual actúa más rápido que otros. –

- ¿Y cómo me curaron? –

- Pues un ángel llegó corriendo, diciendo que tenía el antídoto, nos dio que se lo había quitado a Adirael. –

- ¡Cierto! – exclamé al recordar a los demonios - ¿dónde están Adirael y el otro demonio? – pregunté mientras me intentaba levantar.

- Tranquila – respondió el ángel mientras me sostenía - recuerda que recibiste una gran herida y que además fuiste envenenada. –

- Lo sé – respondí – pero necesito averiguar qué pasó con los demonios – me levanté de la cama a toda prisa y me quité la bata blanca para ponerme un vestido azul claro que el ángel me extendió.

- Me temo que no podré ayudarte ya que no sé a dónde los han llevado. –

-No hay problema, yo los buscaré y muchas gracias por haberme ayudado- con esas palabras salí corriendo hacía la sala donde están las puertas a diversas salas y las salidas a la Tierra.

Al llegar había muchos ángeles “tal vez se reunieron para algo importante”, mientras iba caminando para mi suerte me topé con Rafael; él era un arcángel y buen amigo mío.

-Angie- me llamó mientras me veía con una expresión de sorpresa.

-Rafael, que bueno que te encuentro ¿acaban de dar algún tipo de aviso? – pregunté ya que no era normal que hubiera tantos ángeles reunidos.

-De hecho sí, dimos un aviso muy importante- me miró con una cara de disgusto, supongo que será debido a mi salud y a la gran cantidad de ángeles que hacía difícil hablar - ¿Por qué no mejor me acompañas al jardín? ahí hablaremos más cómodos-

-Seguro- respondí mientras que tomaba a Rafael de la mano para así poder irnos.

Dejamos a todos los ángeles atrás mientras nos dirigíamos a nuestro destino; llegamos al árbol que había en el centro, justo donde había hablado con Gabriel y nos sentamos en la misma banca “bienvenido a mi oficina”.

-Entonces- empecé a decir ya que Rafael estaba completamente callado mientras me veía - ¿de qué me perdí? –

Pareciera que dije una palabra mágica ya que reaccionó y se aclaró la garganta para empezar a contarme lo que pasó.

-Verás, les dijimos acerca de la captura de Adirael, así como la identidad del ángel muerto Baijel- esto último lo dijo con la mirada perdida, él sí conocía mucho a Baijel -varios ángeles estaban enojados al principio por haberles ocultado información, pero poco a poco fueron entendiendo la situación-

-Entiendo cómo se sienten; al enfrentarme a Adirael me sentía tan enojada que casi me mata otro demonio y todo por descuidarme-




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