Diario de un ultimo campamento

Capitulo 7: salazon

—No te levantes, aun estas débil, deberías descansar —.Pronunció la voz dulce y calmada de Adia, su mano en el pecho de Hadal quien estaba semiconsciente

Del otro lado estaba el Abisal, flotando alrededor de Adia, quien parecía no notarlo o ignorarlo

—Debería haberte buscado antes, pero no tuve tiempo para hacerlo, pido disculpas por eso —. Pronunció la joven con su tono de siempre antes de ponerse de pie y caminar hacia su propia mochila de viaje de donde saco una bolsa de sal y una cucharra antes de dirigir la mirada hacia el pez

—No sería muy agradable cuestionarlo en ese estado, así que debo hacerlo contigo —. Pronunció la chica con sus ojos fijos en el pez, el cual se quedó quieto, mirándola por unos cuantos segundos

—Sé que me entendiste, quiero ser amable, nunca es bueno agredir o dañar a otros —. Dijo con amabilidad añadida a su tono de siempre

El pez se quedo en silencio aun, acercándose a la chica y empezando a nadar alrededor de ella como si de un depredador alrededor de su presa se tratase

—¿Qué sucedió para que Hadal se encuentre en ese estado? —. Pregunto la chica mientras se giraba para encarar al pez, el cual solo volvió a guardar silencio

—Hadal, se que te dije que te quedaras quieto pero esto es por tu bien, te dolerá, pero te prometo que será por poco —. Dijo la chica antes de caminar hacia la cama, donde puso la cuchara y la sal, luego se dirigió a su mochila por un pequeño cojín de apenas unos centímetros

—¿Qué haces…?¿Qué le estás preguntando a…? —. preguntó el joven aun confundido y semiconsciente por el despertar

—Primero muerde esto —. su voz era calmada mientras con una mano la acercaba con lentitud a Hadal, colocando un pulgar en sus labios para poder abrir la boca del joven, y poder colocar allí el cojín

—No te lo saques, asi no te morderás la lengua —. la voz de la joven se mantenía calmada y dulce, poco despues volvio a dirigir su mirada al pez

—Por Favor, Coopera señor pez, necesito saber que sucede y no quiero usar las medidas drásticas —. La voz de Adia temblaba un poco al mencionar el usar medidas drásticas

—Ja, si acaso puedes verme y oírme, ¿porque debía contarte? —. Pronunció el pez con cierta burla en su tono mientras nadaba alrededor de la chica una vez más marcando su territorio

Hadal solo giro su cabeza levemente para ver la interacción entre Abisal y Adia, aún muy afectado como para entrar en conciencia de lo que esto significaba

Entre su inconsciencia soltó el cojín al parar de morder

—Adia… no entiendo… —. La voz de Hadal llena de el silencio de la cabaña casi como un murmuro, Adia se giró y con la misma dulzura volvió a abrir la boca del joven para meterle el cojín otra vez

—Por favor no dejes de morderlo —. Tras sus propias palabras Adia procedió a darle unas palmaditas en la frente y volver a darse la vuelta para encarar al pez

—Demasiado blanda para siquiera escucharte —. La voz de abisal era tan afilada como sus colmillos, el pez procedió a empezar a nadar lentamente hacia el techo de la cabaña como si Adia de un insecto se tratase

—Portageist, manifestate —. Susurro la joven con dulzura mientras entrelaza sus manos frente a su frente cerrando sus ojos, de ellas, de la izquierda una llama blanca, de la derecha una dorada su rostro era pacifico pero un ligero movimiento en sus ojos traicionaba esa paz que se le veía

mientras las llamas se hacían más grandes has desprenderse de ellas, la llama dorada volviéndose un portavelas dorado para una vela con agarre mientras la otra se transformaba en la vela dentro del portavelas, aquella vela se prendia emergiendo una llama flotante de color lila con un ojo en su interior

Ante la presencia de aquel ser, el pez se dio la vuelta

—Un patrón tan débil que ni siquiera podía sentirlo ¿Estás jugando acaso? —. El pez dirige su nado para rodear la vela dejando de lado a la joven

—¿Por qué no hablas?, deberías presentarte tú mismo, ten al menos, un poco de orgullo por lo que eres y no esperar a que una blanda te llame —. La voz del pez era helada pero no cruel, sus ojos fríos reflejaban el fuego de Portageist

El ojo del portavelas solo giraba sobre su propio eje manteniendo la mirada fija sobre Abisal, casi como si de una respuesta se tratase su fuego alumbró un poco más durante unos instantes

Adia suspiro dándose cuenta que no podría hacer que Abisal hable por las buenas, su sonrisa dulce tambaleo con pena cuando tomó la cuchara y le colocó unos gramos de sal

—Portageist, por favor calienta esto —. Pidió la joven mientras colocaba la cuchara sobre la llama, el ojo giro hacia Adia antes de brillar un poco más en respuesta

—¿Dónde te alojas? ¿en sus ojos? ¿en sus huesos? ¿en su lengua? ¿dónde? —. Cuestionó la joven a Abisal mientras mantenía la Cuchara sobre la llama para poder calentar la sal

—¿En su cuello? —. Continuó la joven con una sonrisa dulce pero que temblaba ligeramente, ante sus palabras el pez se tensó ligeramente acercándose a la joven mostrándole sus colmillos, ante la reacción del pez entrecerró los ojos, no necesitaba oír algo para confirmar sus sospechas

—¿Qué planeas hacer con eso?, un poco de sal caliente no podrá dañarme —. Las palabra de abisal, destinadas a que la chica se rindiera no parecían tener efecto pues ella continuó calentando la sal por unos segundos más

—No es para ti la sal —. Comunicó la chica mientras movía la cuchara con la sal caliente, acercando la cuchara hacia Hadal, con cuidado posicionar su mano sobre el pecho del joven para mantenerlo en su sitio

—Lo siento, te ardería pero no te causara daño —. La voz dulce de Adia se mantiene estable mientras poco a poco vierte la sal sobre el cuello del joven, la mandíbula de Hadal se tenso mientras su mordida se fortalecía sobre el cojín, Adia mantenía su mano firme sobre el pecho de Hadal para que no se levantara, por su parte el pez soltó un chillido producido por la fricción de sus colmillos, sus escamas se tensaban al igual que todo su cuerpo



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En el texto hay: terror, campamento, fantasia oscura

Editado: 04.10.2026

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