Diez años después de ti

Capitulo 2

Eliana caminó un par de calles más antes de detenerse a tomar aire, tratando de asimilar lo que acababa de pasar. El corazón le latía con una fuerza desbocada en el pecho, y no precisamente por el esfuerzo físico de haber salido tras tres largos años de encierro. Era por la extraña y repentina electricidad que había sentido al chocar con ese chico. Se llevó una mano al hombro, sintiendo todavía el fantasma de esos brazos firmes que la habían sostenido con tanta delicadeza para impedir que cayera al suelo.

Intentó hacer memoria, pero el rostro del joven era un absoluto misterio para ella; no lo recordaba de nada, ni guardaba el más mínimo registro de sus facciones en su mente. Al final, sacudió la cabeza con fuerza para alejar esos pensamientos, convenciéndose de que solo era una tontería de su parte y de que se trataba simplemente de un atento desconocido que había sido amable con una mujer desarreglada en la calle. Para calmar sus nervios, decidió entrar a una pequeña cafetería cercana; el reconfortante olor a pan tostado y café recién hecho la hizo sonreír de verdad por primera vez en mil días. Se sentó en una mesa junto a la ventana, observando el movimiento de la ciudad y tratando de recordar cómo era tener una vida normal antes de que Julián y Valeria destruyeran su mundo.

Mientras tanto, a unas pocas calles de ahí, Thiago caminaba a paso rápido con una sonrisa que no le cabía en el rostro. Su corazón golpeaba con pura emoción. ¡No podía creerlo! Había pasado más de una década desde la última vez que la vio, pero la reconocería en cualquier lugar del planeta. En aquel entonces, él solo era un pequeño niño de siete años que se sentaba en el porche de su casa a verla pasar cuando ella regresaba de la preparatoria con sus diecisiete años llenos de luz. Eliana siempre se detenía a saludarlo, le preguntaba por sus juegos y le regalaba algún dulce con una sonrisa brillante. Desde ese momento, ninguna otra persona había logrado borrar el recuerdo de Eliana de su mente. Ella se había convertido en su primer amor silencioso, un lazo inocente que el tiempo jamás pudo desgastar.

Ahora, convertido en un joven de dieciocho años, Thiago había regresado a la ciudad con el único propósito de buscarla, sabiendo perfectamente el dolor por el que ella había pasado debido a los rumores del viejo barrio. Al verla hoy en la acera, desarreglada, sin una gota de maquillaje y con la mirada perdida, su instinto de protegerla se encendió al máximo. Sin embargo, al notar la timidez y el vacío en los ojos de ella cuando se disculpó, Thiago supo de inmediato que Eliana no lo recordaba en lo absoluto; para ella, él era solo un extraño.

En ese instante, tomó una decisión firme: fingiría que no la conocía de nada. No quería abrumarla, ni asustarla contándole historias de cuando él era un niño. Se ganaría su confianza desde cero, como si el destino los estuviera uniendo por primera vez. Thiago se detuvo un momento en la acera y miró fijamente el letrero de la cafetería a la que ella acababa de entrar. Ajustó su chaqueta, sonrió para sus adentros y caminó hacia la puerta. El plan para volver a cruzarse en su camino estaba listo




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