Difícil de querer

Pedrito y el lobo

Mi taza de café sin azúcar, un sandwich de queso fundido y la agenda lista sobre la mesa son placeres que no puedo describir en palabras «siendo más específica, son los únicos placeres que he tenido desde hace ya bastante tiempo… mucho mucho tiempo» sólo un buen dorama podría mejorar esta mañana la idea de poner una televisión en la oficina se me hace cada vez menos extraña.

—Señorita Jennifer —interrumpe mi asistente desde la puerta— la sala está lista para la reunión.

—Gracias Jenna —solté— informa a Thomas y expresale que su presencia es sumamente necesaria en esta reunión, lo último que necesita la compañía es decepcionar a los inversionistas... Otra vez.

—Eeeeh —titubeó antes de responder.

—Jenna… —insistí.

—El señor Reed no está aquí, su esposa tenía un lanzamiento de marca esta mañana y… él no ha llegado aún. —Su voz temblorosa dejó escapar las palabras como un trabalenguas que me costó mucho comprender.

—¿Informó que no estaría presente?

—Llamó para informarme que estaría llegando al final de la reunión, o quizás después… no fue muy preciso en la información.

—¿Y tu no me avisaste por qué…?

Desde la comodidad de mi silla observo a esta indefensa niña recién salida de la universidad que de seguro tiene un montón de sueños por cumplir y una gran carrera por delante, pero en el presente está siendo un verdadero problema.

Y en la otra vereda estoy yo, la perra desalmada encargada de mostrarle las “maravillas del mundo laboral”.

—Está bien. En cinco minutos estoy en la sala —indiqué mirando el reloj de mi muñeca— Gracias Jenna.

Se disculpa con la cabeza gacha y sale de la oficina, con sus piernas temblorosas y su respiración entrecortada. Apenas puede caminar con esos tacones que lleva y su falda larga le impide mover sus piernas con normalidad. Una chica muy inteligente y esforzada, pero demasiado buena y amable para esta empresa.

Trabajar en Industrias Reed es un sueño para quienes admiran el mundo del espectáculo, en los últimos años hemos logrado posicionarnos como una marca referente en producciones cinematográficas llevando a la pantalla grande famosas obras literarias. Por otro lado trabajar aquí no es precisamente divertido, si no eres fuerte y te mantienes firme se puede convertir en una pesadilla.

Para mí es el trabajo perfecto, lo que soñé siempre. Por el que estudié y me esforcé años. Toda mi vida está puesta aquí, pero debo admitir que Thomas ha influido muchísimo.

Gracias al universo la reunión va con normalidad, la ausencia del jefe no conlleva un problema y podemos tocar todos los temas importantes. Necesitamos estos inversionistas para inyectar dinero a la producción de la nueva saga, si todo se resuelve en esta reunión las películas comenzarán a producirse en enero del próximo año. Un mes antes del lanzamiento del tercer libro…maravilloso.

—¿Thomas se presentará? —preguntó la única mujer en la mesa.

La única pregunta que no quería escuchar.

Aclaro la garganta mientras intento pensar qué responder.

—Como director al mando debería estar aquí. —Alega Richard Cox, el posible mayor inversor. De quien depende el futuro de esta producción.

Una avalancha de preguntas y voces tratando de averiguar dónde está Thomas interrumpieron mi discurso. Una presión sobre mi pecho me impide respirar con normalidad, en este momento es cuando debo poner en práctica todos los consejos que recibí de mi psicóloga el último año «justo antes de abandonarla porque me consumía mucho tiempo»

—Señores y señorita —mencione— no tienen de qué preocuparse, Thomas está muy contento y conforme con esta alianza. Para Industrias Reed es un honor y privilegio contar con ustedes en nuestro próximo proyecto, he hablado no solo con Thomas, sino también con su padre el Señor Robert Reed en persona y no puede estar más conforme con esta unión. Me comprometo con todos ustedes que para nuestra siguiente junta, en lo que sería el cierre de este trato ambos estarán aquí presentes. Sino, soy capaz de poner mi puesto a disposición de ustedes, podrán hacer conmigo lo que estimen conveniente —bromeo.

Algo bueno que heredé de mi padre fue el don de la palabra, hasta ahora me ha ayudado a librar varias situaciones incómodas y esta no parece ser la excepción.

Sonrisas recatadas aparecieron en el rostro de los tres magnates y pude sentir como la sangre volvía a correr por mis venas.

—La información está clara señores. En sus manos está el informe con las mejoras de propuesta, donde accedemos a diversas peticiones y replanteamos otras. Les pido que lo lean con calma, lo estudien con su equipo y cualquier comentario pueden dirigirse a mi asistente Jenna quien estará encantada de ayudarles y a su completa disposición. —finiquité.

Todos se ven conformes al finalizar y por fin tengo un momento para respirar, meses de analizar pros y contras de esta alianza que al fin se está haciendo realidad. De los veinte posibles inversionistas pude llegar a una suma de tres que parecen ser los más idóneos para el proyecto.

El señor Richard viene directo hacia mí y me estira su mano para estrecharla.

—Señorita Morgan, sin temor a equivocarme debo decirle que usted es sin duda el mejor recurso que tiene esta empresa. Los Reed son afortunados de tenerla —dice y correspondo su apretón.




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