Mister Kim toma mi mano con suavidad y la arrastra por toda su cara, sus labios son definidos y carnosos. Su tacto delicado se desplaza por mi pelo y su mano baja lentamente por mi rostro. De pronto una cachetada gira mi cabeza.
Desperté de golpe.
A mi lado, un hombre alto parado junto a mi cama le da golpes a mi colchón. Solté un grito ensordecedor y me levanté apresurada usando mi control remoto como arma.
—¿Qué mierda estás haciendo aquí dentro? —grite.
—Dijiste que viniera a las 10.
Tomé una sábana y cubrí mi cuerpo mientras doy pasos sin sentido, lo último que quiero es que Michael me vea en pijama sobre todo porque solo llevo la parte de arriba y mis pantaletas tienen gatitos con moños.
—¿Cómo entraste? —pregunté.
—Somos novios ¿recuerdas? —ríe.
—Lo digo en serio ¿cómo pudiste entrar? —cuestione— no puedes simplemente entrar a la casa de un extraño.
—No estoy entrando a la casa de cualquier persona. Estoy entrando a la casa de mi novia —risilla, otra vez.
Qué pesado es.
Cada cosa me va demostrando más que todo esto es un error, ni siquiera sé si esta persona está bien de la cabeza, podría ser un psicópata y yo simplemente lo dejé entrar a mi casa.
—Hablaré con Anthony. No puedes entrar así de nuevo. Tienes que llamarme antes o esperar abajo.
—Ya relájate, estuve tocando por 15 minutos. Tu puerta no tiene seguro. Agradece que fui yo —plantea— esto te servirá para ser más precavida en el futuro.
Dios mío, realmente no entiende las bases de la convivencia humana.
Aún estás a tiempo de arrepentirte Jennifer. «¿Y asumir que estoy más sola que nunca? No… eso no».
Inhalo y exhalo profundo, eliminó los últimos cinco minutos de mi vida, así estaré mejor.
Voy a la ducha, cambio mi ropa y hago toda mi rutina diaria usual pero en velocidad rápida no quiero tener a este hombre durante tanto tiempo solo dentro de mi casa. Cuando salgo del baño me encuentro con él recostado muy cómodo, mirando el último capítulo de Jujutsu en el televisor.
—Ven a desayunar —mande.
—No quiero, gracias.
—Debes desayunar, tenemos mucho que hacer y no quiero que te canses a mitad del día.
—Está bien mami.
¿Así actúa una mamá? No tengo idea, no recuerdo mucho de la mía. Pero mi padre, al menos, nunca me dejó salir sin desayunar.
Le sirvo cuatro tostadas con mermelada y un café.
—¿Cuántos años tienes? —pregunte.
—Jajaja —ríe— este mes cumpliré 24.
Claro. Ahora entiendo todo.
Eso me pasa por no investigar y quedarme con el primer candidato que se cruzó. Es un muchacho que apenas está saliendo de la universidad. Trabaja en un café y sigue viviendo en la casa de sus padres, ni siquiera tiene una responsabilidad de pareja, porque su relación es a distancia.
Acuéstate con niños y amanecerás mojado.
—Eres muy joven —puntualicé.
—¿A sí, cuántos años tienes tú?
—28 cumplidos —remarque.
—¿De qué hablas? Son sólo cuatro años de diferencia, tú también eres muy joven —señaló— sólo que te comportas como una abuela.
—¿Primero una madre y ahora una abuela? Ser responsable de uno mismo no significa ser un anciano. Tengo la madurez suficiente y acorde a mi edad. Tú pareces un puberto de 15.
Se larga a reír bruscamente, como burlándose de mí. Qué persona más desagradable, no entiendo cómo tiene pareja. Ni su impresionante belleza podría hacer que me fijara en él.
Mi teléfono suena sobre la mesa y lo escucho tararear la canción. Lo odio, sólo él podría hacerme detestar a Kim Yoongi.
—Aló Jenna —respondí.
—Jennifer —contesta— Sé que hoy no debías venir a la oficina, pero necesito que pases durante la mañana sólo para firmar los documentos pendientes de ayer. Los permisos y el cronograma no fueron firmados. Ya sabes, la brillante organizadora no sabía que debemos tener registro de todo lo que se hace —enfatizó.
—¿Hay alguna forma de hacerlo de manera remota? —pregunte.
—Lo siento, pero no. Necesitamos todo en físico y con firma original.
—Comprendo, estaré ahí en media hora. Muchas gracias Jenna.
Pasaré por la oficina de camino al centro comercial. Tendré que llevar a Michael, mientras se mantenga afuera, alejado del ojo público «por el momento» no tendremos ningún problema.
Esta vez tendré que ir en mi auto, como no estaba planeado ir a la oficina hoy Charly no se encuentra disponible. Me cuesta usar el auto, odio conducir y me incomodan las miradas de la gente en la calle. Thomas me ayudó a escogerlo, un Ferrari descapotable color rojo, extremadamente llamativo para mí. Más que ayudar lo escogió él, según lo que dijo eso “me haría más interesante para el resto”.
No soy capaz de salir en él, detesto recibir tanta atención. Sobre todo de hombres.