Divinas Tentaciones

Entre sombras y sospechas (2da.Parte)

El mismo día

Moscú

Viktor

Novak era un traidor que debía desaparecer, no importaba si debía entrar a territorio enemigo para hallarlo, pero un sujeto como él era escurridizo, con la habilidad de esconderse entre las sombras, de burlar a mis hombres, de convertirse en una pesadilla y aun así esperaba que cometería un error o hallarlo en ese club Divinas.

Por supuesto apelaba a la eficiencia de Bogdan para deshacerme de ese problema. Ya había dado la orden, y era cuestión de días para tener un resultado favorable.

Mientras tanto, los burdeles, casinos, embarques de droga, todo funciona bajo mi mando, bajo mis reglas, porque aprendí que en este negocio no hay lealtades, ni aliados, solo tu instinto de sobrevivencia para seguir en la cima, por eso me ocupaba personalmente de los cabos sueltos.

Y ahí estaba en la bodega abandonada llena de humedad y óxido; el aire era tan espeso que se pegaba en la garganta. Caminé entre las sombras, arrastrando el sonido de mis botas como un verdugo que no necesita anunciarse. Mis hombres empujaban a un idiota que había intentado robarme unos kilos de mercadería.

—No me dejas otra opción, Boris —dije, con la voz baja, casi relajada.

—Viktor, esto es un error —balbuceó él, sudando frío—. Fue una confusión, pero puedo compensarte lo que me robaron, solo dame unos días para reunir el dinero.

Esbocé una sonrisa lenta, helada.

—Me lo compensarás a mi manera.

Con un gesto apenas perceptible de mis dedos, mis hombres lo arrojaron contra el suelo. El golpe resonó en la bodega. Boris temblaba como un perro viejo bajo la lluvia.

—Espera, Viktor… sé que buscas a Novak —soltó de golpe, con la voz quebrada—. Yo sé cómo atraparlo.

Mi mano, que ya estaba levantándose para dar la orden final, se quedó suspendida en el aire. El silencio cayó como una losa.

Me llevé el habano a los labios, lo giré entre los dedos y aspiré despacio.

—Habla Boris —dije, exhalando humo—. Y depende de lo que digas, te dejaré vivir.

—El traidor tiene una novia en Kazanlak… Arianna Stoica. Si la encuentras a ella, él vendrá a ti.

Di una calada al habano mientras evaluaba sus palabras. Boris era una rata y las ratas desesperadas dicen lo que sea para salvar el pellejo. Pero incluso las ratas, a veces, encuentran basura valiosa.

Uno de mis hombres le apuntó a la cabeza sin que yo tuviera que decir nada.

—Te he dicho la verdad —gritó Boris, un grito desgarrado, tembloroso—. No puedes matarme.

El disparo cortó el aire como un látigo. El cuerpo se desplomó de lado, con la boca aún abierta en un intento inútil de respirar. La sangre se expandió lentamente como una mancha indecorosa en el suelo.

No parpadeé. Ni un milímetro.

—Mikael —ordené sin girarme—, ubica a Bogdan. Veamos si esta mierda dijo algo cierto.

Al final de cuentas, di la orden de investigar a esa mujer. Quizás al fin se le acabaría la suerte al cabrón de Novak, pero todavía ni una puta noticia de mi encargo, nada sobre ese traidor, y eso me enfurece, no puedo seguir sin saber nada, no cuando mi imperio puede tambalearse.

Y en este instante, el zumbido de mi oficina se mezcla con mis pensamientos cuando la puerta se abre de golpe. Mikael entra con el rostro rígido, la mandíbula apretada.

—Jefe, hablé con uno de los hombres que acompañó a Bogdan y esto no le va a gustar.

—Habla, Mikael —escupo, la rabia marcando cada sílaba.

Él traga saliva, se endereza como si necesitara valor.

—Bogdan estaba siguiendo a esta mujer… Arianna Stoica, y en un segundo todo se fue a la mierda. Hubo un cruce de balas y murieron dos hombres.

—¡Hijo de puta! —Golpeo el escritorio con tanta fuerza que un vaso vibra y casi cae—. No pudo seguir una maldita orden. Debía vigilarla, averiguar si mantenía contacto con Novak.

Mikael desvía la mirada un instante. Está tenso.

—Y eso no es lo más grave —dice, casi en un susurro.

Mi voz cae como hielo:

—¿Qué mierda es más grave que eso?

—La mujer estaba acompañada de Dominic Todorov.

El aire se vuelve pesado. Notó cómo los músculos de mi cuello se tensan, cómo mi mandíbula se contrae.

—Significa que esa mujer también tiene la protección de Todorov —replico con voz amargada, la furia latiendo bajo la piel

Ese imbécil otra vez. Parece que donde miro, me sigue su sombra.

Mikael espera sin moverse. Yo tomo el habano, lo acerco a los labios y doy una calada larga. El humo sube lento, envolvente.

—Envía a más hombres a Kazanlak, pero quiero la cabeza de Novak lo antes posible, esto se está saliendo de las manos.

—Jefe —me interrumpe, pero lo ignoro.

—Novak no puede andar por ahí suelto —gruño con voz rabiosa—. Basta que abra la boca con cualquier matón y tendré a todos los jefes de las mafias contra mí.

Mikael respira hondo. Se arma de valor.

—Jefe, si me permite, tengo una solución más simple, más discreta y tal vez más segura para encontrar a Novak.

Lo miro fijo, como evaluando si vale la pena escuchar o si prefiero callarlo para siempre.

—¿Cuál, Mikael? —al fin pregunto.

—Me enteré de que Lucca Petrovic está en Kazanlak. En el pasado le sirvió y ahora también puede colaborar para ubicar a Novak sin levantar sospechas. ¿Quiere que lo contacte o envío a más hombres a Bulgaria?

Me quedo inmóvil envuelto en el silencio. Pienso. Calculo. Porque Lucca Petrovic es una serpiente… pero incluso las serpientes, cuando las sostienes por el cuello, pueden morderte. Y ahí está mi problema. Él puede convertirse en un aliado o en un enemigo. Y a los enemigos, yo siempre los termino encontrando.




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