Divinas Tentaciones

Entre sombras y sospechas (3era. Parte)

El mismo día

Kazanlak

Arianna

Desde muy joven aprendí a vivir en la oscuridad de la mafia, o quizás me ajusté a las circunstancias para sobrevivir. Así, el peligro era algo cotidiano que manejaba con frialdad y astucia, pero no podía repetir que era lo mismo dentro del refugio, menos teniendo de compañía a Dominic Todorov. Él representaba otro tipo de peligro que me descontrolaba con esa mezcla de arrogancia y desafío; tenía el poder de cambiar las cosas en un parpadeo, y esa vulnerabilidad no la quería. Pero había una realidad: afuera estaba un matón acechándonos, y lo más grave era no saber a quién obedecía.

Y aun así, no iba a darle la razón al idiota de Dominic. Tampoco podía confiar en ese animal. Quizás en su afán de controlarme había planeado ese ataque, un susto para que cediera a sus caprichos, pero cada segundo cobraba más fuerza otra hipótesis: culpa de Novak o de Lucca.

Mientras tanto, no podía continuar con esa ropa mojada. Luego de ducharme, miré unas camisas colgadas de Dominic tras la puerta, pero algo captó mi atención… o más bien, un crucifijo colgado sobre una foto antigua de una mujer con su vestido de novia, cabello rubio, ojos verdes intensos. Seguramente su esposa… tal vez muerta.

En fin, no iba a quedarme atrincherada en el baño toda la noche, así que salí usando una de sus camisas. La reacción fue inmediata: sentí su mirada recorriéndome, lenta, descarada, lujuriosa, pero no permití que me intimidara.

Lo malo fue verlo a él: torso desnudo, solo en bóxer, el cuerpo marcado por cicatrices que hablaban por sí solas.

—Debes estar contento —dije con el mentón en alto—. Conseguiste verme semidesnuda, pero solo eso obtendrás.

—Anda, ríndete, Arianna —murmuró, avanzando un paso, luego otro—. Y terminemos esta pequeña guerra.

Se acercó tanto que pude sentir su aliento rozándome la piel. Llevaba esa sonrisa burlona clavada en los labios, la misma que me revolvía el estómago, pero yo me mantuve firme.

—¿Por qué lo haría? —respondí con ironía—. ¿Para sentarme en tus piernas?

—No. Para darte un par de nalgadas y que aprendas a respetarme —se burló—. Y quizá follarte con fuerza…

La rabia me subió como un golpe caliente al pecho.

—¡Vete a la mierda! —espeté—. Esa debe ser la razón por la que vives rodeado de prostitutas. Eres incapaz de tener algo real.

Por un instante, apenas un parpadeo, su rostro mostró algo parecido a tristeza. Luego se apartó de golpe, como si necesitara recuperar su máscara de hombre de piedra.

Tomó su vaso y bebió un trago lento, como si eso pudiera apagar el humo que llevaba dentro.

—¿Y tú? —preguntó, clavándome la mirada—. ¿Conoces lo que es tener algo verdadero?

Su voz tembló apenas, casi imperceptible—. Arianna Stoica… ¿tiene corazón o no?

Tragué saliva. No respondí. No iba a permitir que el pasado se abriera como una herida delante de él.

Me metí bajo las sábanas, como si ese gesto pudiera levantar murallas entre los dos. Pero sabía que no bastaría. No con él, entonces el silencio se convirtió en un refugio donde parecía estar a salvo de eso que no lograba comprender.

Sin embargo, cuando abrí los ojos no estaba Dominic en la habitación, pero escuchaba el eco de una charla proveniente de la pequeña sala, me apresuré a avanzar por el pasillo cuando vi a su hombre de confianza Milos. Hablaba de los sospechosos del ataque, aunque eso no fue lo que mi inquieto, sino que estuviera hurgando en mi vida. Y fui directa pregunte sin rodeos, pero Dominic cambio los roles con su acusación.

Y ahora un breve silencio nos envuelve, su mirada intensa sigue clavada en mí. Finalmente, mi voz rasga el ambiente.

—Dominic, si supiera quién nos atacó, no estaría aquí de brazos cruzados. Estaría tras ese cabrón —digo, firme. Hago una pausa—. Y ahora que respondí, pregunto de nuevo: ¿me investigas? ¿Qué averiguó tu perro fiel de mí?

—Arianna, a lo que llamas investigar, yo lo llamo control. En mi ocupación necesito saber quién me rodea. Y eso te incluye.

—Pero no lo tienes —disparo—. Ese es tu gran problema. No tienes control absoluto de Kazanlak, no cuando en Divinas siguen haciendo negocios sin tu conocimiento, sin saber si conspiran contra ti.

Se tensa. Las fosas nasales se abren como las de un toro furioso.

—Detestas no poder comprarme, no poder doblegarme, y por eso quieres hurgar en mi vida. Pero voy a simplificarte las cosas: no hay nada que…

Milos nos interrumpe. Su mirada recorre mi cuerpo de pies a cabeza, deteniéndose en la camisa de Dominic que llevo puesta. Sus cejas se alzan, y el muy imbécil sonríe como si hubiera encontrado pruebas de un crimen.

—Los espero afuera —dice—. No voy a ser parte de su pelea de novios. Y por su bien, hagan las paces.

—¿Novios? ¿Qué? —mascullo incrédula— Ni muerta estaría con este orangután.

—Pues este orangután te salvó el pellejo y soy quien puede protegerte —señala Dominic cruzándose de brazos— ¿Tregua o no?

Unos minutos después

Mi respuesta fue silencio. Quizá por orgullo, quizá por desconfianza, quizá porque no estaba dispuesta a ceder mi reinado en Divinas, o porque simplemente no lo necesitaba. Había lidiado con la escoria de este mundo durante demasiado tiempo como para quebrarme ahora.

Pero era momento de actuar. De descubrir en qué demonios estaba metido Russell Novak. Por eso volví a Divinas. Le di varias órdenes a Petar para reforzar la seguridad.

Y en este instante camino por el estrecho pasillo, empujo la puerta, y ahí está Russell, entretenido con una libreta. Levanta la mirada por reflejo… y lo que veo en sus ojos no es preocupación. Es cálculo.

—Arianna, ya me enteré del ataque que sufriste. Me alegra verte a salvo —dice, pero su voz suena como si recitara un guion.

—No estaré a salvo por mucho tiempo si no sé en qué carajos estás metido.

Russell cierra la libreta con calma, demasiada calma. La deja a un lado, entre papeles ligeramente desordenados. Papeles que no estaban ahí hace dos días.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.