Doce años para encontrarte otra vez

Capítulo 13. Alejandro contra su familia

Alejandro llegó al parque antes de la hora acordada.

Mucho antes.

Había pasado toda la noche pensando en el mensaje de Valentina.

"Tenemos que hablar."

Aquellas cuatro palabras podían significar muchas cosas.

Quizá había encontrado una solución.

Quizá quería decirle que su familia había cedido.

Quizá simplemente necesitaba verlo.

Alejandro sonrió.

—Seguro que es algo bueno.

Pero una pequeña voz dentro de él insistía en que no.

Se sentó en la banca donde tantas veces habían hablado.

Recordó la primera vez que la vio.

Recordó cómo se burló de sus zapatos.

"Niño rico."

Sonrió al recordarlo.

Después recordó la primera vez que ella había probado la comida que él llevó al taller.

Recordó sus risas.

Su familia.

Las tardes sencillas.

Y pensó:

"No voy a perder esto."

Valentina llegó media hora después.

Pero no estaba sola.

Alejandro la vio caminar hacia él.

A su lado estaba Daniel.

La sonrisa desapareció de su rostro.

Se puso de pie.

—¿Qué hace él aquí?

Valentina no respondió.

Daniel tampoco.

Alejandro miró a uno y después al otro.

—Valentina.

Ella respiró profundamente.

—Necesito hablar contigo.

—Entonces habla.

—A solas.

Daniel dio un paso atrás.

—Yo espero aquí.

Alejandro lo miró con desconfianza.

—¿Por qué estás con ella?

Daniel abrió la boca.

Valentina lo interrumpió.

—Porque necesito que esté aquí.

Alejandro sintió una presión en el pecho.

—¿Por qué?

Valentina bajó la mirada.

—Porque...

Se quedó callada.

Alejandro se acercó.

—Dímelo.

Ella levantó los ojos.

Y dijo las palabras que había ensayado cientos de veces.

—Ya no quiero estar contigo.

Alejandro quedó inmóvil.

—¿Qué?

—Quiero terminar.

—No.

Valentina tragó saliva.

—No quiero continuar con esta relación.

—¿Por qué?

—Porque me cansé.

Alejandro soltó una pequeña risa nerviosa.

—Eso no tiene sentido.

—Sí tiene.

—Ayer me dijiste que me querías.

—Ayer me equivoqué.

Él la miró fijamente.

—No.

—Sí.

—Valentina...

—No te amo.

Las palabras salieron de su boca.

Pero por dentro sentía que se estaba desgarrando.

Alejandro negó lentamente con la cabeza.

—Mírame.

Ella lo miró.

—Dime que no me amas.

Valentina sintió que las lágrimas querían salir.

—No te amo.

Alejandro dio un paso atrás.

—Otra vez.

—No te amo.

—Mírame a los ojos.

Valentina lo hizo.

—No te amo.

Alejandro cerró los ojos.

Aquella vez sí le creyó.

—¿Es él?

Alejandro señaló a Daniel.

Valentina permaneció callada.

—¿Es por él?

Daniel bajó la mirada.

—Alejandro...

—¡Te estoy preguntando a ti!

Daniel guardó silencio.

Alejandro sintió que algo se rompía dentro de él.

—¿Lo amas?

Valentina apretó los puños.

—Sí.

Mentira.

—¿Desde cuándo?

—Desde hace tiempo.

Otra mentira.

Alejandro soltó una risa amarga.

—Entonces todo este tiempo...

Se pasó una mano por el rostro.

—¿Todo este tiempo estabas conmigo mientras querías estar con él?

Valentina sintió que el corazón se le partía.

—Sí.

Alejandro la miró como si ya no reconociera a la persona frente a él.

—No te creo.

—Es verdad.

—¡No!

Su voz hizo que Valentina se estremeciera.

Alejandro se acercó.

—Tú no eres así.

Ella quiso abrazarlo.

Quiso decirle la verdad.

Quiso gritar que lo amaba.

Pero recordó a su madre.

A su hermano.

La deuda.

La casa.

Y permaneció inmóvil.

—Las personas cambian.

Alejandro respiró profundamente.

—¿Y yo qué fui para ti?

Valentina sintió las lágrimas.

—Una etapa.

Él cerró los ojos.

—No.

—Sí.

—No.

—Alejandro...

—¡No me digas mi nombre como si te importara!

Valentina bajó la mirada.

Daniel apretó los puños.

Sabía que estaba viendo a dos personas destruirse por una mentira.

Pero también sabía por qué.

Alejandro miró nuevamente a Daniel.

—¿La amas?

Daniel respondió después de unos segundos.

—Sí.

Aquella respuesta fue parte del plan.

Pero decirla le dolió.

Alejandro asintió lentamente.

—Entonces felicidades.

Daniel lo miró.

—Alejandro...

—No.

Levantó una mano.

—No quiero escuchar nada.

Volvió la mirada hacia Valentina.

—Solo quiero saber una cosa.

Ella sintió que el corazón se le detenía.

—¿Qué?

—¿Alguna vez me amaste?

Valentina cerró los ojos.

Aquella era la pregunta que más miedo le daba.

—No.

Alejandro dejó de respirar durante un instante.

Después asintió.

—Está bien.

Valentina sintió que se desmoronaba.

—Alejandro...

—No.

Él sonrió tristemente.

—Ahora entiendo todo.

—¿Qué entiendes?

—Que fui un idiota.

—No...

—Pensé que alguien podía quererme por quien soy.

Valentina sintió una punzada.

—Y resultó que solo necesitabas encontrar a alguien con más dinero.

Ella abrió los ojos.

—Eso no es verdad.

Alejandro la miró.

—¿Entonces por qué él?

Valentina no respondió.

—Exactamente.

Alejandro se dio la vuelta.

Comenzó a caminar.

Valentina sintió que debía detenerlo.

Pero no lo hizo.

Cada paso que él daba parecía arrancarle una parte del corazón.

Cuando Alejandro estaba a varios metros, ella susurró:

—Te amo.

Pero él no la escuchó.

Daniel observó a Valentina.

—Esto fue horrible.

Ella rompió a llorar.




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