Doce años para encontrarte otra vez

Capítulo 17. El falso prometido

Alejandro no durmió aquella noche.

Las palabras de su madre se repetían en su cabeza.

"Tu padre hizo cosas que tú nunca supiste."

Y después:

"Tendrás que descubrir primero qué ocurrió con la familia de Valentina."

Había pasado doce años creyendo conocer la historia.

Valentina lo había dejado.

Había elegido a Daniel.

Había preferido otra vida.

Eso era lo que había aceptado.

Eso era lo que le había permitido continuar.

Pero ahora una duda comenzaba a abrirse paso.

¿Y si no había sido tan sencillo?

A las siete de la mañana, Alejandro llegó a la oficina.

Valentina ya estaba allí.

Como siempre.

Ordenando documentos.

—Buenos días, señor Montenegro.

Alejandro se detuvo.

—Buenos días.

Ella levantó la mirada.

—¿Durmió bien?

—No.

Valentina frunció el ceño.

—¿Todo bien?

—Sí.

Se quedó mirándola.

—¿Y tú?

—También.

—¿Segura?

—Sí.

Alejandro asintió.

—Bien.

Entró en su oficina.

Pero antes de cerrar la puerta se volvió.

—Valentina.

—¿Sí?

—¿Tu familia está bien?

Ella se quedó inmóvil.

—Sí.

—¿Todos?

—Sí.

—¿Tu madre?

—Está bien.

—¿Tu hermano?

—También.

Alejandro asintió lentamente.

—Me alegra.

Cerró la puerta.

Valentina quedó confundida.

No entendía por qué había preguntado.

Pero algo dentro de ella le dijo que Alejandro estaba comenzando a investigar.

Y eso era peligroso.

A media mañana, Alejandro llamó a su abogado.

—Necesito un favor.

—¿Qué clase de favor?

—Quiero toda la información que puedas encontrar sobre la familia de Valentina.

El abogado guardó silencio.

—¿Valentina?

—Sí.

—¿La conoce?

Alejandro lo miró seriamente.

—La conocí hace doce años.

—Entiendo.

—Quiero saber qué ocurrió con su familia durante los años posteriores a nuestra separación.

—Lo investigaré.

—Y quiero absoluta discreción.

—Por supuesto.

Cuando el abogado salió, Alejandro volvió a mirar por la ventana.

No quería lastimar a Valentina.

Solo quería entender.

Mientras tanto, Valentina recibió una llamada.

—¿Bueno?

—Vale, soy Daniel.

—¿Qué ocurre?

—Tenemos un problema.

Ella se puso nerviosa.

—¿Qué pasó?

—Alejandro preguntó por mí.

Valentina cerró los ojos.

—¿Qué le dijiste?

—La verdad.

—¡Daniel!

—¡La verdad que podemos contar!

—¿Qué verdad?

—Que soy tu amigo.

Valentina respiró aliviada.

—¿Solo eso?

—Sí.

—¿Y Camila?

—No mencioné nada.

—Bien.

Daniel hizo una pausa.

—Pero creo que está sospechando.

Valentina miró hacia la oficina de Alejandro.

—Yo también.

—Tenemos que hablar.

—Esta noche.

—De acuerdo.

A las cinco de la tarde, Alejandro recibió una llamada.

—Señor Montenegro, encontramos información.

—Habla.

—La familia de Valentina tuvo problemas económicos poco después de la separación.

Alejandro frunció el ceño.

—¿Qué clase de problemas?

—Deudas.

—¿Cuánto?

El abogado le dio una cifra.

Alejandro se quedó en silencio.

Era una cantidad considerable.

—¿Cómo las resolvieron?

—Ahí está lo extraño.

—¿Qué?

—La deuda fue liquidada de manera casi inmediata.

Alejandro se levantó.

—¿Quién la pagó?

Silencio.

—No tenemos certeza.

—Averígualo.

—Sí.

—Y quiero los documentos originales.

—Los tendrá.

La llamada terminó.

Alejandro se quedó pensando.

Recordaba que Valentina había vivido con muchas dificultades.

Pero nunca había sabido cuánto había sufrido su familia.

Entonces recordó algo.

Su padre.

Las amenazas.

Las investigaciones.

La deuda.

Y aquella frase que su padre había pronunciado tantos años atrás:

"Todo tiene un precio."

Alejandro sintió un escalofrío.

—No...

Esa misma noche, Valentina se reunió con Daniel y Camila.

Los tres estaban sentados en una pequeña cafetería.

—Tenemos que decidir qué hacer —dijo Daniel.

Valentina negó con la cabeza.

—No podemos contarle la verdad.

Camila tomó su mano.

—Vale, han pasado doce años.

—Precisamente.

—Alejandro podría entenderlo ahora.

Valentina soltó una risa triste.

—¿Entender que fingí dejarlo porque su familia amenazó a la mía?

—Sí.

—¿Y qué habría cambiado?

Daniel respondió:

—Tal vez todo.

Valentina bajó la mirada.

—No.

—¿Por qué?

—Porque cuando lo dejé, Alejandro tenía dieciocho años.

Su voz se quebró.

—Si hubiera sabido lo que estaba pasando, habría enfrentado a su familia.

Daniel asintió.

—Sí.

—Y habrían destruido a mi madre.

Camila apretó su mano.

—Lo hiciste para protegerlos.

—También lo hice para protegerlo a él.

Daniel suspiró.

—Pero ahora es diferente.

Valentina lo miró.

—¿Qué propones?

Daniel tomó aire.

—Necesitamos una razón para que Alejandro no sospeche que nuestra relación fue falsa.

—¿Qué razón?

Daniel sonrió.

—Un compromiso.

Valentina abrió los ojos.

—¿Qué?

Camila soltó una carcajada.

—¡No!

Daniel levantó las manos.

—Escuchen.

—Daniel, estás loco.

—Alejandro cree que tú y yo tuvimos una relación.

—Sí.

—Si descubre que en realidad Camila y yo estábamos juntos, todo se cae.

—Entonces no hagamos nada.

Daniel negó.

—Pero si alguien le pregunta por nosotros...

Camila comprendió.

—Podríamos decir que después de aquello tú y Daniel terminaron.

Valentina lo miró.

—¿Y después?




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