Doncella, amor apocalíptico

3. Herederos

-Está en el salón principal, todos te están esperando—Edén se puso el abrigo sin necesidad de abrochárselo, abrigo el cual recorría todo su cuerpo, cubriendo por completo los pantalones holgados que le llegaban a la rodilla terminando hasta los tobillos forrando la piel restante en una tela azul eléctrico—creí que lo habías sentido.

-Lo hice—y tras una pausa llegando a su lado sonrió y susurro—ese viejo loco.

Zenda soltó una risilla por lo bajo y lo siguió hasta el salón, el maestro no era viejo, en una edad humana llegaba casi a los 40, tenía una barba que le cubría la quijada, y su cabello marrón contrastaba con sus ojos totalmente blancos, se rumoreaba que era ciego, otros decían que habían robado sus ojos, pero el maestro podía sentir y ver mucho más allá que con sólo sus ojos.

-Maestro.

El maestro volteó su rostro hasta la voz proveniente de Edén, hizo un asentimiento de cabeza, y les indicó a todos los herederos que ocuparan los lugares que debían en su sello. El salón principal del palacio de Melannya tenía en la centro de éste, los 5 sellos asignados, Edén ocupó el lugar en el sello del rayo, Zenda en la paloma, Axhel tomó lugar en el sello del sol, Killian en la flor de loto y finalmente la dueña del palacio, Melannya, ocupó lugar en el cuervo, en el centro del círculo formado por los herederos estaba el maestro, con la espada que lo acompañaba apoyada en el suelo, tomó una inspiración profunda antes de levantar y “apuñalar” nuevamente el suelo debajo de él.

-Herederos, juntad sus dones y demostrad de qué están hechas sus almas, purificad todo pensamiento oscuro que poseáis y reciten conmigo la misión que se os ha otorgado.

La espada del maestro dio otro golpe y reflejó el brillo de la unión.

Edén, como primer heredero, cerró sus ojos y del brillo que expedía la espada apareció ante él el cetro dado por su superior, totalmente plateado y en su cima el rayo que tenía una punta tan afilada sólo con el fin de volverse una lanza.

-Rayo, trueno y divinidad: Edén—toma el cetro con ambas manos y abre sus ojos hacia el maestro—juro liderar, adorar y total lealtad a la misión divina que se me ha encargado.

-Luz, calor y sol: Axhel—el segundo heredero toma ante él el disco solar y haciéndolo pequeño lo aferra al broche de su traje—juro mantener el equilibrio que se ha mantenido durante siglos.

-Perfecta bondad, fe y omnibenevolencia: Zenda—la tercera heredera toma ante ella la paloma que simbolizaba la paz y con delicadeza la pone en su hombro—juro proteger, cuidar y perdonar a todos los que se han de inmiscuir.

-Creación, destrucción y protección: Killian—El cuarto heredero toma ante él la maza de oro equivalente a su estatura—juro cuidar a los que estén de nuestro lado y destruir al que pretenda hacer el mal.

-Sabiduría, magia y muerte: Melannya—La última heredera toma en sus manos la lanza de madera—juro que mi razón siempre estará un paso más delante de las emociones traidoras.

Una vez hecho esto, la luz se desvaneció y cada uno examinó las armas divinas a su poder.

- ¡Increíble! —exclamó Killian llevándose la maza de oro hacia su hombro—Pensé que no te volvería a ver preciosa.

-Adoro el brillo de tus ojos al mirar esa vieja cosa—admite Axhel coqueto

-Maestro, ¿Por qué se nos ha devuelto las armas? – Zenda miró al maestro que fue interrumpido por Melannya antes de responder.

-Una súper misión nueva, debe ser, ¿No es así, querido maestro?

-La diosa se manifestó—exclamó el maestro

Al comentario del maestro no hubo quejas, reclamos o preguntas, a excepción de un débil “¿qué?” por parte de Melannya, la tensión se sintió en el ambiente, y Edén fue el encargado de romperlo.

-Su cuerpo fue destruido.

El maestro volteó el rostro hasta Edén y una preocupación inundó éste

-Ha pasado los últimos siglos pasando su alma de cuerpo en cuerpo, los dioses son demasiado fuertes para dejar que ella robe sus cuerpos así que decidió reencarnar en la humanidad.

- ¿Es eso posible? Los humanos no tienen forma de soportar tal poder—observa Killian acercándose a Edén.

-Es cierto, de ser así ellos morirían, está prohibido que un Dios hiera a un humano—Zenda lleva una mano a su corazón y Melannya se acerca a ella abrazándola por los hombros

-Lo que dicen es verdad, destruyó miles de humanos tratando de pasar su alma…

-Tenemos un humano especial aquí—canturreó Axhel

-Perséfone. Hizo un trato con Perséfone—explicó el maestro—nuestra reina del inframundo le entregó algo a La diosa a cambio de su libertad.

- ¿cómo? – exclamó Killian-- ¿Por qué querría Perséfone la libertad?

-Escuchen Herederos, la diosa no debe despertar, el humano ha sido lo suficientemente fuerte y la ha mantenido dormida lo que arruinó sus planes iniciales, deben evitar que la diosa se manifieste en su totalidad dentro del cuerpo del humano.

- ¿Cómo logra alcanzar la verdadera forma?

El maestro se quedó un tiempo callado ante la pregunta de Edén, todos estaban sumidos en sus pensamientos.

-Emociones, cada emoción fuerte que emita el humano da fuerza a la diosa, los dioses al darse cuenta de la primera manifestación que tuvo mandaron a un ángel superior a equilibrar la situación—el maestro miró fijamente a Killian—debemos cuidar al humano, y tú, Killian, fuiste elegido para su protección.

- ¿Yo? —parpadeó unas cuantas veces antes reírse— esto es una completa locura, no sabría como hacerlo.

Edén miró de reojo a Killian y decir.

-Te irá bien—luego sonrió maliciosamente—eres igual de estúpido que ellos.

Killian lo señalo con su maza de oro, y ambos notaron por el rabillo del ojo al maestro realizar un círculo con su espada antes de que aparezca ante ellos una mujer en el copiloto de un viejo auto, llorando, pero sus ojos completamente cerrados. El rostro de Killian cambió completamente, bajó su Maza lentamente mientras admiraba a la mujer, de todas las semidiosas, diosas y ángeles que había conocido, ésta le parecía la más curiosa, de una belleza diferente, exhalo lentamente; Edén por lo contrario la mirada con curiosidad con su rostro inexpresivo.




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