Hojeo a través del Cristal a Mia, que camina de un lado hacia otro con inquietud, mientras que el resto de las personas en la oficina hablan entre ellos.
Pareciera que se ha formado un caos.
Le hago seña con la mano para que venga.
—Nathan —se le escapó, y corrigió en voz baja —Jefe.
—Mia, ya te dije que puedes decirme Nathan. —le recordé.
—¿Que ocurre? —pregunto sin mas incredulo.
Me mira parpadeando.
—Ya están en camino. Señor.
—¿Quiénes están en camino? —pregunto pausadamente y la miro fijamente.
—Los de la junta. Ayer se comunicaron para avisar que se tenia que adelantar, pero no nos podimos comunicar con usted por que nos daba el buzón.
—¿Y cuándo pensabas decírmelo, Mia? —pregunto entornando los ojos y mirando el reloj de mano. —Hace dos horas que llegue.
—Hum —Exclama con disgusto —yo...
Interrumpo sin dejar que termine la frase.
—Prepara todos los documentos. Te veo en la sala de reuniones en cinco minutos. —digo al fin.
...
Me dirigi hacia la sala de reuniones, allí yacían todos los socios de la empresa.
Yo era dueño del setenta por ciento de real west negocios inmobiliarios; el resto tuvimos que venderlo, no paraban de llegar facturas millonarias y llamadas de quienes les debíamos.
No era lo que mi padre hubiera querido, pero no ha quedado otra. Era vender una parte o perder todo.
Enfrente mio esta sentado John y a su derecha está Michael observando atentamente los papeles.
John viste elegantemente a comparación de Michael que siempre suele vestirse un poco mas relajado.
—Señores, buenos días —tiendo mi mano para saludar.
Humedezco mis labios y aflojo el pliegue de mi corbata. Hoy opté por usar una color verde oscuro de razo, estoy presentable, pero si sabia que hoy iba a tener la reunión, hubiese optado por un traje aun mas elegante.
John y Michael devuelven el saludo cordialmente.
—¿Cuál es el motivo por el cual decidieron adelantar la reunión? —pregunto sin escrúpulos.
—Mira Natan... debemos hablar del tema de los nuevos inversores. —menciona John. —Me he comunicado con los inversores ayer y no se van a quedar por mucho tiempo.
Se pasa la mano por el pelo.
—No podemos quedarnos sin su inversión.—añadio Michael. —Es un proyecto muy grande el de "Homes Evergreen" es todo un barrio el que hay que diseñar y construir, estamos hablando de una fortuna.
Su voz es firme al decir cada palabra.
Lanza una mirada a John y luego a mi.
—No lo haremos —niego con la cabeza. —déjame pensarlo, algo se me ocurrirá.
—Es que no tenemos mucho tiempo Nathan. —Afirma —.Tendríamos que tomar una decisión hoy mismo. —Suelta John. Mientras bebe agua de su copa.
Me pierdo en mis pensamientos unos segundos, buscando una solucion.
Un silencio se apoderó de la sala.
—Debemos adelantar el evento en el hotel Zenstay Beach, para el sábado. Hoy es domingo tendriamos casi una semana para organizarnos.—digo al fin.
—Pero va a ser imposible que este todo perfecto en tan poco tiempo —masculla John. —Tendriamos que hablar con el hotel.
Se miran con Michael.
—¿Que otra idea tienes? —Digo sin escrúpulos. —Soy todo oídos.
Ya no tengo mas paciencia.
Necesito soluciones, no mas problemas.
Tengo que resolver todo yo solo.
—Yo pienso que es buena idea, no se me ocurre otra opción. —Añade Michael acomodando su postura.
John mira desconfiado. Pero asiente finalmente.
—Bueno, avisare a Mía que se comunique con el hotel y adelanten todo los preparativos. —digo.
Me pongo de pie y acomodo mi traje con ambas manos.
—Entonces damos esta reunión por finalizada. —miro mi reloj de mano.
—Yo queria discutir sobre otro tema importante. —Interrumpe John.
Me están dejando sin una pizca de paciencia.
—Tengo un compromiso en media hora. —Miento. —¿Es urgente?
No quiero pasar un segundo mas aqui.
—¡Mmm! No. Bueno, creo que si lo es.
—Bueno en ese caso, lo hablaremos luego. —interrumpo. Giro sobre mis talones y me pongo en marcha.
Abro la puerta para retirarme de la oficina, cuando un grupo de empleados dan un paso hacia atrás en un segundo. Y simulan hablar entre ellos con nerviosismo, sin quitar el ojo uno del otro.
—Disculpen. —suelto.
Todos se giran a mirarme con cara de pánico.
—No les enseñaron que es de mala educación estar escuchando conversaciones detrás de la puerta.
Abren los ojos como platos. No permito que me respondan, porque al mismo instante en que suelto las palabras acelero el paso sin detenerme e ingreso al ascensor.