Podría decir que hace un mes, que no visito a mi madre. De hecho, la realidad, es que no he tenido tiempo o al menos eso es lo que intento decirme a mí mismo para convencerme de que no soy un mal hijo y de que, en definitiva, no quiero verla.
A mitad de camino hacia la mansión de la familia, me planteo la idea de apretar el acelerador y seguir de largo, o quizás, dar la vuelta ahora mismo. Podría inventar que el auto se ha quedado a mitad de camino, o que me han llamado de la empresa por algo urgente, que casi me chocan o que me he olvidado mi móvil y tuve que regresar.
Lo imagino; pero me adentro en la realidad y sigo el camino en dirección a la casa de mi madre.
Es lo que debo hacer.
El día está más soleado que nunca, el cielo tiene un color celeste un poco más intenso que el color habitual, no hay ni una sola nube, el paisaje está despejado.
Son las diez de la mañana, y el sol no está tan fuerte como en la tarde.
Esta parte del camino es la que más me gusta, mi mirada se desliza por la ventanilla; está rodeada de parques arbolados, el verde me transmite una paz que pocas cosas cotidianas pueden darme. Si pudiera echarme al lado de un árbol ahora mismo sería más satisfactorio que ir a lo de mi madre.
Hoy todos parecen un poco más alegres de lo normal. Algunos están haciendo deporte, otros caminan con sus familias entre risas, y otra persona está sentada solitaria bajo un árbol leyendo un libro con su mascota a su lado.
Diferentes tipos de elección de vidas, algunos con niños, otros con sus mascotas, y algunos disfrutando de su completa soledad.
Miro mi reloj de mano, son las diez AM. Justo a tiempo.
Presiono el freno y me estaciono justo en la entrada.
Ya estoy en casa.
O al menos la que solia serlo.
La mansión está compuesta por dos portones gigantes de hierro que abarcan el frente y hay una cabina ubicada a la derecha de la entrada en la que siempre está Rowan, el de seguridad, vigilando.
Bastaba un vistazo a la mansión para que cualquier desconocido dijera una sola palabra: lujo.
Por otra parte, al recordar el día de la muerte de mi padre. En ese entonces, ese tres de junio hace exactamente un año, este espacio se había inundado de periodistas desesperados; algunos se colgaban de la reja con sus grandes cámaras fotográficas e intentaban ver qué es lo que ocurría dentro de la casa y conseguir una buena foto.
Esa semana, todos los medios hablaban de la muerte de mi padre. La gran mayoría inventaba noticias falsas, de que mi padre se había suicidado, que tenía adicciones y un sin fin de información falsa. Al contrario de toda esta situación, nosotros éramos los únicos que sabíamos que es lo que le había pasado realmente, pero ningún miembro de la familia salió a desmentir nada. Por lo tanto, con tantas versiones distintas las personas iban a dudar de que creer o no.
El portón se abre en dos, y yo presiono el acelerador. A la distancia puedo ver a mamá, esta parada justo en el frente de la imponente puerta de roble blanco principal de la mansión, saludo a Rowan que levanta su mano saludándome, devuelvo el saludo con el mismo gesto.
Continué unos metros, hasta aparcarme en el estacionamiento.
—Justo a tiempo. —dice mi madre, mientras se desliza a pasos lentos hacia donde estoy yo.
—Hola mamá.
Estira sus brazos y me abraza.
—La puntualidad va de la mano de las personas exitosas. Por lo que veo es una cualidad que tu ya tienes hijo mio. —Me dice al oído en voz baja mientras me da un beso en la mejilla, su mirada brilla de orgullo o no se. No estoy acostumbrado a escuchar elogios de su parte.
—He tenido que aprender a ser puntual, después de tantas exigencias de tu parte. —respondo.
—Y mira, que hombre que he creado. Al parecer no me equivoque en ser exigente. Sin mis exigencias, no hubieses podido haber dirigido la empresa familiar ni mucho menos.
《Si me ha servido tanto tus exigencias, que no me permito fallar ni una sola vez. Y cuando lo hago, entro en un bucle en el que me castigo a mi mismo durante meses.》
Ignoro por completo lo que me dijo. Mientras nos adentramos en el interior de la mansión.
Esquivo su mirada y el silencio se adueña del espacio.
—¿Quieres tomar un té? Le puedo decir a Lidia que lo prepare. Le dije a tu hermana que sea puntual, que a las diez debía estar aquí. Pero ya sabes, la puntualidad no es algo que ella posea. —se queja.
—¿Invitaste a Violet?
—Si. No quise desaprovechar la oportunidad de tener a mis dos hijos juntos. Ya que no tengo la oportunidad de verte seguido. Tengo un hijo muy ocupado que no tiene mucho tiempo para su madre. —suelta un soplido largo en forma de reproche.
Ahora recuerdo por que vengo de visita muy poco.
—Me enteré que Cassandra esta de novia. —suelta sin ni un poco de pudor.
Apretó los párpados con fuerza.
Lo que me faltaba.
—¿Ah, si? —respondo con indiferencia. —no estaba al tanto. —disimulo mi enojo ante su pregunta. No quiero que se de cuenta de mi disgusto. Aunque ya sé lo de Cassandra. Pero no se si me gusta la idea de que ella esté al tanto de esto.
—Pensé que estabas al tanto...
—¿Cómo lo supiste?
—Lo vi en las noticias. —dice, mientras busca entretenida algo en su móvil. —¡Aquí está!¡mira!
Me tiende su móvil y es una nota periodística que se titula;
"Después de la mediática separación con el empresario Nathan Lewin West, se ha visto a Cassandra Olivares de la mano con un hombre cuyo nombre no es conocido todavía".
Si se llega a saber quien es el supuesto hombre, voy a tener que lidiar con la prensa. Todo el mundo conoce a Daniel. Diversa cantidad de fotos mías con él hay en internet, mi supuesto mejor amigo, que se ha ligado a la mujer con la que me iba a casar, mediocre traidor.
—Seguro que es una noticia falsa. —digo, intentando despistar a mi madre.
—No cariño. Lo he visto en muchas páginas. Parece que es real. —me mira firme a los ojos.