Le doy una última calada a mi cigarrillo, esta vez un poco más profunda y expulsó el humo por la boca lentamente para saborear el gusto que deja.
No suelo fumar, ni tampoco sé cómo hacerlo bien, de hecho solo intento hacerlo como lo hace Lorenzo aunque él parece todo un experto, pese a su insistencia en que prendiera un cigarrillo acepte y deje de lado a la chica buena al menos por un momento.
Estoy sentada sobre el frío escalón que da la vista al patio del Zenstay. Disfruto de la vista, ya que está todo decorado; rosas azules por todos lados, mesas cubiertas por manteles blancos y luces colgadas de las vigas de un color cálido combinadas con telas entrelazadas, todo muy glamuroso y sostificado. A unos pasos está mi parte favorita; es la del pasillo que está cubierto de luces leds que irradian a ambos lados del pasillo y en la parte superior está repleta de rosas azules que cuelgan en forma de techo es perfecto para que los invitados se tomen fotos.
El maldito trabajo de estas últimas dos semanas ha valido la pena, el proceso fue largo, pero ahora al ver el resultado no dejó de sentir una enorme satisfacción.
Miro de reojo mi reloj de mano y faltan tan solo dos horas para que los invitados comiencen a llegar.
Hoy opte por una vestimenta informal, un vestido largo color bordó que llega hasta mis tobillos que marca sutilmente mis curvas y tiene la espalda descubierta. Recogí mi cabello formando un sutil rodete deje caer dos mechones al costado de mi rostro y coloque en mis orejas dos aros color plata discretos y lo infaltable; un buen pintalabios color rojo.
Apago el cigarrillo, desvió la mirada y me encuentro con la de Ben. Que me está mirando fijamente, al devolverle la mirada la esquiva rápidamente y se va caminando hacia el interior del hotel haciéndose el distraído.
Hace días que se está comportando un poco extraño, y aun no me he podido olvidar de la conversación del otro dia, que es lo que quería decirme antes de que nos interrumpieron.
Cerré mis ojos con fuerza al pensar eso.
Ignoro mis pensamientos.
No quiero imaginarme cosas que no son.
Pero se está comportando muy raro.
Mi móvil comienza a vibrar, en la pantalla dice:"Zoéy"
Deslizó mi dedo para contestar.
—Hola.
—Clar, qué bueno que contestaste. —su voz es baja.
—¿Que ocurre?
—Estoy conduciendo en este momento. No creo que llegue a tiempo al hotel, hay un tráfico terrible, y todavía ni siquiera me he podido vestir presentable. Haré una parada en mi casa y de ahí iré. Por favor reemplazame hasta que llegue.
—No te preocupes. Le diré a Ben que te remplacé.
—Harías eso por mí —dice y escucho un grito de emoción. —perfecto. —respira a través del teléfono soltando un largo suspiro. —gracias.
—Eso sí. Zoéy, es importante que me envíes la lista de los invitados. Tengo el IPad aquí a mano.
—Enseguida te lo envío.
—Perfecto. Nos vemos más tarde. —digo.
—Adiós.
Guardo el móvil y doy unos cuantos pasos dirigiéndome hacia el interior del hotel. Debo buscar el iPad y dárselo a ben para que él reciba a los invitados.
Me acerco al mostrador, reviso los cajones y toda la superficie y no está el iPad. Crei haberlo visto aquí hace un rato. Alguien debió a verlo tomado.
—Lorenzo. —gritó.
Este se detiene y me mira con cara de que porque estoy gritando.
Camina hacia mi.
—Te sientes bien? Si quieres puedo darte un calmante.
—Perdón. —digo mientras paso mi mano por mi frente. —pasa que como vi que ibas en otra dirección pensé que no me ibas a escuchar.
—Que yo sepa tengo dos orejas, y no tengo problemas de audición —suelta. —tienes el pelo un poco desalineado y parado. —me mira detenidamente y acomoda el mechón que tengo sobresaliendo en el rostro.
—En fin ¿Has visto el Ipad? Lo he estado buscando y se me hizo verlo aquí hace unos minutos y ahora no está.
—Ah, si. Vi a Ben con el iPad.
—¿Y dónde está Ben?
—Lo vi subir al segundo piso, me dijo que iba a supervisar que las suites y demás habitaciones estén en condiciones, por si alguno de los invitados quiere alojarse.
Gire sobre mis talones y me dirigí hacia el ascensor.
Al llegar al segundo piso. El pasillo estaba vacío, camino hacia el final y escucho un ruido de una cerradura abrirse.
Es Ben, con un bolso en su mano. Abrochando los botones de su traje.
Por lo que puedo apreciar, se cambió de ropa. Viste un traje color negro, en su interior una camisa blanca y una corbata color negro. Tiene el cabello rubio peinado ligeramente con volumen en la parte superior y caen hacia los dos lados de su frente. Su tatuaje en el lateral izquierdo de su cuello resalta. Es una rosa envuelta por destellos en forma de sol.
—¿Que haces aquí? —dice Ben.
—Estoy buscando el iPad. Me dijo Lorenzo que lo tenías vos.
Me llevo un mechón de pelo tras la oreja e intento disimular lo incómoda que me siento.
Me siento diminuta al lado de Ben.
—Si, lo tengo yo. Dame un minuto.
Abre la puerta de la habitación y coge el iPad que yace sobre la cama.
Aquí está. Tiende su brazo y me lo entrega.
—gracias.
Giro rápidamente para irme. Cuando Ben sostiene mi brazo.
—Espera. —murmura bajo.
Se me para el corazón, por qué sé que lo que se aproxima no es bueno.
—¿Que ocurre?
Me mira con nerviosismo.
—El otro día... Ya sabes, no hemos podido terminar de hablar.
Los dos nos quedamos en silencio un instante.
—Si. Recuerdo. ¿Qué es lo que querías decirme? —dije, intentando sonar amable y disimular lo tensa que estába resultando esta conversación.
—Quería invitarte a tomar un café algún día, luego del trabajo. Si quieres podemos ir a una cafetería que sirve unos cafés fantásticos.
Negué con la cabeza.
—Sabes que tengo pareja, ¿no, Ben? —dije, cortando cualquier hilo de ilusión que el pudiera llegar a tener.