Voy de camino a casa. Después de un largo día de trabajo estoy exhausto, pero el día aún no termina.
Mi móvil comenzó a sonar de forma desmedida, pero decido ignorar la llamada.
Hoy es el evento en el prestigioso hotel donde estarán los inversionistas para el proyecto Homes Ever Green.
Solo falta una hora y media, debo apresurarme, pero tenía que hacer esta parada en casa: tengo que ir presentable.
Una buena impresión habla por sí sola.
Tras tantas llamadas perdidas e insistentes, decido responder la última.
Llamada entrante de Violet.
—Hola, ¿por qué no atiendes el teléfono? —quiso saber.
—Estaba conduciendo. Sabes que no uso el móvil al volante. Acabo de llegar a casa. ¿Ocurrió algo? —pregunto.
Por su tono de voz puedo deducir que el motivo de su llamada no es nada bueno.
—Nathan... Todos los medios están diciendo que Cassandra posteó una foto en sus redes sociales con Daniel.
—¿Qué? —respondo.
—Lo que oíste, Nathan.
Aprieto la mandíbula con fuerza; mi estómago me da un vuelco. Cojo el jarro de vidrio del centro de mesa y lo arrojo con fuerza contra el suelo. Luego tomo cada papel y cada objeto sobre la superficie de la mesa, hasta que no queda nada.
Absolutamente nada.
Todo es un completo desastre: hay pequeños trozos de vidrio esparcidos por todo el piso y papeles mojados, papeles que tenía que leer y firmar.
Apoyo las manos en la mesa y dejo caer la cabeza. Siento que no puedo moverme, como si mis pies no quisieran responder, como si el mundo se detuviera por unos segundos.
Escucho a Violet gritar desde el teléfono; por unos segundos me olvidé que estaba hablando con ella:
—¡Nathan! ¿Estás bien? ¿Qué fue todo ese ruido? Respóndeme —grita desde el otro lado de la línea.
—¿Hace cuánto salió la noticia a la luz? —consigo decir.
—Cassandra publicó esto hace una hora.
—Gracias por avisarme —cuelgo la llamada.
Suspiro con fuerza.
De todos los días posibles, hoy mismo tiene que subir ese posteo. No me lo vi venir; creí que Cassandra sería un poco más cuidadosa.
Sabiendo que Daniel y yo somos figuras públicas, y que todo el mundo está al tanto de nuestra antigua amistad, aun así me aferré a la idea de que en ella quedaba un poco de cariño hacia mí... un cariño que yo mismo me inventé para convencerme de que yo no era del todo indiferente en su vida. Que en el fondo ella iba a tener algo de empatía después de todo lo que me ha hecho pasar.
Pero la realidad es que le importo un bledo.
Cuando las cosas se salen de mi control, me agobio. En todos los ámbitos de mi vida intento que todo sea impecable y no dejar que nada se me escape de las manos, pero esta vez fallé. Necesito desaparecer, escapar, irme lejos donde nadie sepa de mí por días.
Pero no puedo.
El evento es importante.
Habrá muchos inversionistas en busca de negocios; son peces gordos y resulta fundamental asegurar mi presencia para que el proyecto funcione. Todavía quedan algunas deudas por saldar y, aunque John y Michael también estén allí, los negocios funcionan por mí. Yo soy el legado de la empresa: todos confiaban plenamente en mi padre y me ven a mí como una extensión de él, aunque él y yo no nos parezcamos en nada.
Él era un hombre serio, de pocas palabras, de esos hombres que con solo una mirada hacían que se te erizara la piel. Mucho tiempo creí que no tenía emociones. No demostraba absolutamente nada, ni cuando estaba puertas adentro con su propia familia. Seguía comportándose frío.
Cuando murió, sentí que yo realmente nunca lo conocí.
Lo veía muy poco. No tengo ningún recuerdo de él llevándome a la escuela, o en el que estemos armando el árbol de Navidad, o que me enseñe a andar en bicicleta.
De eso siempre se encargaban los empleados de la mansión: de armar el árbol en plena Navidad o como cuando aprendí a andar en bicicleta, apenas tenía nueve años; me había enseñado Alejandro, el que en ese momento era el chofer personal de la familia.
Me paseo por la sala en dirección a la cocina, ignoro por completo el desastre que acabo de hacer, voy en busca de un trago de whisky, necesito algo fuerte. Doy un fuerte sorbo dejando el vaso tumbler de whisky vacío en pocos segundos.
Cojo algo de coraje y me dirijo a mi vestuario. No puedo dejar que esta noticia me desestabilice, hoy necesito estar estable. Si algo he aprendido este último tiempo es que no puedo dejar que cualquier cosa me saque de mi eje, aunque todavía no lo he dominado al cien, lo estoy intentando; recorro con la vista cada uno de los trajes que están colgados y opto por un traje gris oscuro, combinado con una camisa blanca por debajo del saco y un pantalón a juego. Coloco un poco de mi fragancia nocturna y peino mi cabello hacia atrás.
Camino hacia el garaje donde guardo todos mis autos; a la derecha reposa el Audi S8 azul oscuro y, justo al lado, el exclusivo BMW 3.0 CSL de edición limitada, entre toda la larga colección que tengo.
Cojo el que está más a mano y conduzco en dirección al hotel.
Tengo aproximadamente unos cuarenta minutos desde carbón beach a santa monica.
Al acercarme unos 100 metros, observo a lo lejos la multitud de periodistas aglomerados en la entrada, me congelo por un instante distraído; y de pronto, un auto que viene en sentido contrario da un volantazo para esquivarme y pasa rozándome.
Cuando estaciono el auto mi mente está en blanco, los flashes de las cámaras apenas me dejan ver.
Bajo del auto lo más rápido que puedo, y la seguridad del hotel se coloca en ambos lados intentando contener a los periodistas que empujan y cada vez me acorralan más.
—Señor West, es cierto que la mujer con la cual se iba a casar canceló la boda por su mejor amigo? —dice un periodista.
Es lo único que logro escuchar, con tantas voces hablando a la misma vez. Y se me entre corta la respiración.