Donde estuviste todo este tiempo

Capitulo 13 - Clar

El ambiente del salón cambió de golpe cuando toda la atención se dirigió a una sola persona.

Tenía la mirada un poco descolocada; sus ojos eran de un negro muy oscuro y penetrante. Era imposible no fijar la mirada en él; resaltaba como nadie en el lugar. No era alguien que pudiera pasar desapercibido, al contrario: era de esas personas que ingresaban a un lugar, y acaparaban todos los ojos sobre sí mismo.

Pude notar que, a mi alrededor, todas las mujeres lo miraban. Sin embargo, su rostro no dejaba de resultarme familiar, sus ojos en particular...

Mientras tanto, los presentes comenzaron a acercarse para saludarlo como si fuese una celebridad, alguien importante.

Pero en ese instante, su mirada se perdió y fijó los ojos en mí. Fueron solo unos pocos segundos, hasta que volvió a prestar atención a las personas que le hablaban. Parecía incómodo, pero disimulaba con una sonrisa y se mostraba amable.

Una mano tocó mi hombro.

Me di la vuelta.

Era Zoey, que acababa de llegar.

Lucía un vestido color verde esmeralda brillante, combinado con unos zapatos del mismo tono; arriba llevaba una estola blanca cruzada sobre los hombros que le daba un toque muy sofisticado.

A comparación de ella, yo estaba muy sencilla. El vestido que llevaba puesto lo había comprado en una tienda de segunda mano. No me arrepentía, tuve que conseguirlo a último momento y salió a muy buen precio. Sin embargo, al ver a Zoey no podía evitar sentirme un poco sencilla para la ocasión.

—Él es Nathan West. Todo un guapetón, ¿verdad? —dijo mientras su rostro se iluminaba.

—¿Quién es él? —pregunté.

—¿Cómo que no sabés quién es, Clar? Es nuestro cliente. Él fue quien nos pidió que hiciéramos el evento hoy. Es el dueño del proyecto.

Tragué saliva e intenté disimular mi asombro. Había escrito su nombre mil veces en las planillas de clientes y jamás pensé que fuera tan atractivo y joven.

—Sí, ya sé quién es. Solo que no lo recordaba —mentí.

—¿Cómo no vas a saber quién es? No es el típico hombre que pasa desapercibido. Su nombre está en todos lados, es un empresario muy mediático.

Aunque Zoey insistía en que era imposible no reconocerlo, en el fondo me resultaba extrañamente familiar. Decidí ignorar el pensamiento.

—Ven, debemos presentarnos —me tiró Zoey del brazo, pero me detuve de golpe.

—Esperá... todavía no —solté, intentando disimular mi nerviosismo.

—¿Por qué, Clar? Somos el personal del hotel, debemos presentarnos.

—Sí, pero no podemos molestarlo ahora. Mirá todo ese montón de gente que tiene encima. Lo haremos luego.

—Como digas —respondió Zoey de mala gana. Por cómo lo miraba pude deducir que le gustaba, ya que no le quitaba los ojos de encima ni un segundo mientras jugaba con la pulsera que llevaba en la mano.

Me giré de nuevo hacia la multitud y vi cómo Zoey se escabullía entre la gente.

Un guardia de seguridad del hotel le señaló el jardín, y vi a Nathan dirigirse en esa dirección para evadir a las personas. Aunque él se había ido, los invitados continuaban conversando entre ellos y tomando champán.

Aunque quisiera quedarme en el lugar donde estaba, debía continuar trabajando. Era muy fácil pasar desapercibida allí; cada uno estaba en sus asuntos o quizás no soy lo suficientemente atractiva como para que alguien gire el rostro a verme. Esquivé a un mozo y luego a otro mientras aceleraba el paso hacia el jardín.

Al cruzar la puerta que dividía el jardín del salón, el murmullo de las personas se mezcló con el sonido del deep house, creando un ambiente muy relajado.

Casi todos los invitados estaban sentados; algunos se hallaban esparcidos por el patio hablando entre ellos y los mozos cargaban bandejas de plata.

Mi móvil se iluminó. Era Jack, que no había parado de enviarme mensajes en todo el día. Sabía que debía responderle, pero últimamente me había cansado de repetirle las cosas mil veces. Había llegado a la conclusión de que ya no podía continuar remando este bote sola; dejé ir cualquier ilusión de que esto fuera a cambiar. Hacía días que ni siquiera hablábamos. Cuando llegaba a casa, el silencio abundaba. Solo estábamos coexistiendo en el mismo espacio, estando sin estar. Compartiendo, pero sin conectar.

Estaba sentada en una de las mesas del fondo, junto a Zoey y Lorenzo. El evento había transcurrido con normalidad. El emblemático Nathan no había parado de hablar en toda la noche con distintas personas, pero ya era hora de la conferencia pactada en la agenda.

Fijé mi mirada en Lorenzo.

—Decime —dijo Lorenzo mientras miraba a su alrededor.

—¿Ya está todo listo en la sala de conferencias?

—Sí, solo falta conectar el micrófono y listo.

—¿Podés hacerlo ahora? —sonreí.

—Sí. Enseguida, capitán —se llevó la copa a los labios.

—Perfecto —le dije.

Me giré hacia Zoey.

—¿Podés ir a avisarle a Nathan West que en cinco minutos ya va a estar lista la sala de conferencias?

Zoey se movió en su silla y por su rostro pude ver lo emocionada que estaba. Me sorprendió un poco verla esta noche tan extrovertida, ya que no solía mostrarse así. En los días habituales de trabajo siempre era un poco introvertida, pero quizás dejó su rigidez de lado por el alcohol que estaba ingiriendo o no lo sé.

—Por supuesto que sí —dijo tan rápido que ya se había puesto de pie. Se aplicó una capa de labial en los labios, se acomodó la melena colorada y caminó en dirección a él dando pasos firmes y seguros.

A la distancia vi cómo hablaba con Nathan. Ella se encorvaba mostrando sus atributos para llamar su atención, pero Nathan le respondía sin siquiera mirarla. Me sorprendió, porque Zoey era muy atractiva y joven.

Sin dejar de observar, noté cómo Nathan se ponía de pie y caminaba hacia la sala de conferencias. Al mismo tiempo, todos los invitados a su alrededor comenzaron a dirigirse hacia allí lentamente.

Algunas personas estaban de pie por falta de asientos. Me abrí paso entre la multitud hasta quedar adelante, justo en una esquina. La imagen de la pantalla cambió a una diapositiva.




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