Donde no devimos encontrarnos

Capitulo 2

¶El problema tenía nombre y apellido¶

THIAGO

Llegué a Aureon Group con siete minutos de antelación, una camisa negra y la firme intención de no volver a pensar en la mujer del café.

Mi propósito duró exactamente hasta que crucé las puertas.

La vi al otro lado del vestíbulo, caminando junto a una chica rubia que hablaba con las manos. Kiara Montenegro llevaba una carpeta contra el pecho y una expresión concentrada que me recordó, inevitablemente, la forma en que me había mirado el día anterior.

Como si yo fuera una mancha en una superficie recién limpiada.

Perfecto. El sentimiento era mutuo.

Aparté la mirada y seguí andando. No estaba allí para hacer amigos, y mucho menos para discutir con una mujer que parecía disfrutar dando órdenes. Necesitaba un sueldo estable, un horario que me permitiera recoger a Nico y, sobre todo, mantenernos lejos de todo lo que había dejado atrás.

No era pedir demasiado.

—¡Thiago!

La voz de Alexander Montgomery llegó desde la recepción.

El director de Aureon Group era un hombre alto, de traje impecable y pelo entrecano. Me había entrevistado dos días antes y, a diferencia de otros, no había fingido que mi currículum fuera impresionante. Había leído cada línea, preguntado por los huecos que yo no podía explicar y, finalmente, me había ofrecido una oportunidad.

—Buenos días —saludé, acercándome.

—Me alegro de que hayas llegado pronto. Ven, te presentaré al equipo antes de empezar.

Prefería una reunión a tener que improvisar conversaciones en los pasillos.

Alexander me condujo hasta una sala alargada. Seis personas estaban sentadas alrededor de una mesa, algunas con los portátiles abiertos y otras con vasos de café.

Kiara se encontraba cerca de la pantalla.

Al verme entrar, levantó la mirada. Su expresión cambió apenas un instante antes de volver a concentrarse en los documentos que tenía delante, como si yo no existiera.

El sentimiento seguía siendo mutuo.

—Buenos días a todos. Como ya sabéis, hoy se incorpora Thiago Moretti al departamento de coordinación y logística —anunció Alexander—. Tiene experiencia organizando operaciones complejas y gestionando imprevistos. Espero que le ayudéis a ponerse al día, pero también espero resultados. Aquí todos tenemos responsabilidades.

No mencionó de dónde venía.

Se lo agradecí en silencio.

—Thiago trabajará en varios proyectos con el equipo de Kiara. Ella es nuestra responsable de proyectos y supervisará las tareas que se le asignen.

Alexander señaló a Kiara, que dejó el bolígrafo sobre la mesa y me dedicó una sonrisa tan pequeña que no habría engañado ni a un niño de cinco años.

—Aunque ya os conocéis, quiero dejar claras vuestras responsabilidades desde el principio.

Kiara apoyó las manos sobre la mesa.

—Espero que sepas seguir instrucciones, Moretti.

—Depende de si tienen sentido —respondí.

El chico de camisa azul soltó una tos que sonó sospechosamente a risa. Alexander, en cambio, no encontró la situación tan divertida.

—Aquí las instrucciones tienen un motivo. Y las jerarquías también —intervino, mirándonos a los dos—. No os he contratado para que os caigáis bien. Os he contratado para que el trabajo salga adelante.

—Por mi parte, no habrá ningún problema —aseguró Kiara con una dulzura que no me convenció en absoluto.

Sostuve su mirada.

—Me alegra oírlo. Sería una pena que alguien confundiera supervisar un proyecto con mandar sobre todo el mundo.

Su sonrisa desapareció.

Bien. Al menos podía conseguir que dejara de parecer tan satisfecha.

Alexander carraspeó y comenzó a explicar el proyecto principal de la semana: una presentación para una marca internacional que preparaba un lanzamiento en Dublín.

Había un evento, una campaña de comunicación y una lista interminable de proveedores que debían coordinarse antes del viernes.

Mi trabajo consistiría en confirmar horarios, revisar entregas, mantener actualizado el calendario y resolver cualquier problema logístico antes de que se convirtiera en una catástrofe.

Eso sí sabía hacerlo.

Mientras hablaban, estudié los documentos que nos habían repartido. Las fechas estaban demasiado ajustadas y había dos proveedores sin confirmar. Además, una entrega figuraba para el jueves por la tarde, aunque el montaje comenzaba esa misma mañana.

Marqué la línea con el dedo.

—Esto no cuadra.

Kiara levantó la cabeza.

—¿Perdón?

—La entrega de las estructuras aparece programada para el jueves a las cuatro. El montaje empieza ese mismo día a las nueve. O el horario está mal o alguien pretende construir el escenario con la fuerza del pensamiento.

La chica rubia se rio abiertamente.

Kiara me quitó la hoja de las manos, comprobó la información y frunció el ceño.

—La entrega se confirmó para el miércoles —dijo mientras buscaba algo en su portátil—. Debe de haberse copiado mal en la tabla.

—Entonces convendría corregirlo antes de enviárselo al cliente.

—Gracias por señalarlo. Sé hacer mi trabajo.

—No he dicho lo contrario.

—Lo has insinuado con bastante entusiasmo.

Me encogí de hombros.

—Tienes una imaginación impresionante.

—Y tú una habilidad extraordinaria para resultar insoportable antes de las nueve de la mañana.

—Me esfuerzo.

Alexander golpeó suavemente la mesa con un bolígrafo.

—¿Habéis terminado?

Ambos guardamos silencio.

—Bien. Kiara, actualiza el calendario. Thiago, revisa el resto de las entregas y prepara una lista de posibles incidencias antes del mediodía. Trabajaréis juntos. Intentad recordar que estáis en la misma mesa, no en lados opuestos de un ring.

La reunión continuó, aunque yo ya había identificado tres problemas más en el calendario.

Por primera vez desde que había entrado, sentí que podía aportar algo sin tener que mirar por encima del hombro. Era solo trabajo: horarios, proveedores, llamadas. Cosas concretas. Cosas que podía arreglar.




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