Donde no devimos encontrarnos

Capitulo 4

¶Lo que no me contaron¶

KIARA

El viernes empezó con una promesa.

La promesa de que no iba a discutir con Thiago Moretti.

Ni una sola vez.

Podía hacerlo. Era una persona adulta, responsable y perfectamente capaz de mantener una relación profesional con alguien que le resultaba insoportable.

O eso me repetía mientras esperaba el ascensor con un café en una mano y el móvil en la otra.

Las puertas se abrieron.

Y allí estaba él.

Por supuesto.

Thiago llevaba una camisa negra con las mangas ligeramente remangadas y el pelo algo despeinado, como si hubiera salido de casa con prisa. Tenía el teléfono pegado a la oreja y una expresión que no le había visto hasta entonces.

No parecía enfadado.

Parecía preocupado.

-Te he dicho que no voy a hablar de eso por teléfono -murmuró.

Hizo una pausa.

-Porque no. Y punto.

Su mandíbula se tensó.

Después me vio.

Su expresión cambió inmediatamente.

-Tengo que dejarte. Te llamo luego.

Colgó y guardó el móvil en el bolsillo.

Entré en el ascensor sin decir nada.

Él pulsó el botón de nuestra planta.

Durante unos segundos, ninguno habló.

Y, por primera vez, agradecí su silencio.

-Buenos días. -dijo casi sin mirarme.

-Buenos días.

Thiago giró la cabeza hacia mí.

-Vaya. ¿Hoy no hay ninguna crítica sobre mi puntualidad?

Miré el reloj de la pared.

-Son las ocho y cincuenta y siete. Todavía tienes tres minutos para decepcionarme.

Soltó una risa breve.

-Me alegra saber que sigues siendo tú.

-Y a mí me alegra saber que sigues hablando demasiado.

Las puertas se abrieron.

Salí antes que él.

La promesa de no discutir duró exactamente cuarenta y tres segundos.

Un récord personal.

★★★★★

A las nueve y cuarto, Daniel Hayes nos convocó a su despacho.

Aquello no estaba previsto.

Y, después de la reunión extraordinaria que nos esperaba, empezaba a sospechar que alguien estaba organizando mi semana con el único objetivo de arruinarme la tranquilidad.

Entré detrás de Thiago y me senté frente al escritorio.

Daniel, director del departamento, tenía varios documentos extendidos delante de él.

-Gracias por venir. Seré breve.

Cuando un jefe decía aquello, nunca era breve.

-La dirección ha decidido adelantar la revisión del proyecto. Quieren los resultados preliminares antes del lunes.

Fruncí el ceño.

-Eso es imposible. El calendario original establece la entrega para finales de mes.

-Lo sé.

-Entonces no entiendo por qué...

-Porque han cambiado las prioridades.

Respiré hondo.

No era la primera vez que la dirección modificaba una fecha sin consultar al equipo. Tampoco sería la última.

Pero aquello significaba reorganizar prácticamente todo el trabajo que teníamos previsto.

-Necesitaré más personal -dije-. No puedo revisar todos los datos, preparar el informe y coordinar las modificaciones en tan poco tiempo.

Daniel miró a Thiago.

-Por eso he decidido que Moretti trabajará contigo directamente. Quiero que os repartáis las tareas y que me presentéis una propuesta conjunta.

Miré a mi jefe.

Después miré a Thiago.

Él parecía tan sorprendido como yo.

Aunque, sinceramente, no podía asegurarlo. Tenía la irritante costumbre de mantener una expresión indescifrable cuando algo no le gustaba.

-¿Algún problema? -preguntó Daniel.

-Ninguno -respondí.

Thiago asintió.

-Por mi parte, tampoco.

Perfecto.

Otro día trabajando codo con codo con el hombre que había conseguido convertirse en mi principal dolor de cabeza.

¿Qué podía salir mal?

-Bien. Quiero avances esta misma tarde. Podéis iros.

Me levanté, recogí mis documentos y salí del despacho sin esperar a Thiago.

Él me alcanzó en el pasillo.

-Ey.

Seguí caminando.

-Kiara.

Me detuve.

No porque hubiera utilizado mi nombre.

Sino porque había algo en su voz que me hizo volverme.

-Tenemos que organizarnos -dijo.

-Soy consciente.

-Podemos dividir el trabajo.

-También soy consciente de eso.

Thiago soltó aire por la nariz.

-¿Siempre eres así?

-¿Así cómo?

-Como si estuvieras a punto de despedir a todo el que te dirige la palabra.

Lo miré con una sonrisa falsa.

-Solo a los que hacen preguntas estúpidas.

Él negó con la cabeza.

-Está bien. Tú te encargas del análisis financiero y yo reviso los datos de los proveedores. Después comparamos los resultados.

Lo pensé durante unos segundos.

Era una buena propuesta.

Demasiado buena para rechazarla por puro orgullo.

-De acuerdo.

Thiago pareció sorprendido.

-¿De acuerdo?

-No voy a repetírtelo.

-Tranquila. Estoy intentando memorizar este momento.

Pasé por su lado.

-Aprovéchalo. Puede que no vuelva a ocurrir.

Esta vez, cuando escuché su risa, no pude evitar sonreír ligeramente.

Solo un poco.

Lo suficiente para que nadie lo notara.

O eso esperaba.

★★★★★

A las once de la mañana descubrí algo.

Thiago Moretti era incluso más insoportable cuando tenía razón.

Llevábamos casi dos horas trabajando y ya había encontrado tres errores en los datos que nos habían enviado los proveedores. Errores importantes que podían alterar los resultados finales del proyecto.

Y yo había pasado por alto uno de ellos.

No me gustaba equivocarme.

Mucho menos delante de él.

-¿Qué? -preguntó al notar que llevaba demasiado tiempo mirando la pantalla.

-Nada.

-Tienes esa expresión otra vez.

-¿Qué expresión?

-La de estar imaginando cómo hacer desaparecer a alguien sin dejar pruebas.

Levanté la cabeza lentamente.

-¿Siempre haces comparaciones tan inquietantes?

-Solo cuando estoy nervioso.




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