Donde no devimos encontrarnos

Capitulo 6

¶ Lo que esconden los archivos ¶

KIARA

No había conseguido dejar de pensar en la conversación de la noche anterior.

Thiago había vuelto a hacer lo mismo: responder a medias, esquivar mis preguntas y comportarse como si supiera algo que yo no debía descubrir.

Y eso solo conseguía que quisiera investigar más.

Lo que más me molestaba no era que no quisiera contarme nada. Al fin y al cabo, apenas nos conocíamos. Lo que realmente me sacaba de quicio era que intentara decidir qué podía o no podía investigar, como si tuviera algún derecho sobre mis decisiones.

No lo tenía.

Y pensaba demostrárselo.

A las ocho y media de la mañana, ya estaba sentada frente al ordenador de mi despacho, con un café al lado y varios documentos abiertos en la pantalla.

Mi objetivo era sencillo: encontrar la referencia que había visto el día anterior y averiguar por qué alguien se había molestado en ocultarla.

Lo que no esperaba era encontrar algo tan extraño tan pronto.

Busqué entre los archivos históricos de Aureon Group, filtrando los resultados por fecha y por el nombre de la antigua operación. Aparecieron varios documentos, informes y registros de proveedores.

Algunos eran demasiado generales para servir de algo. Otros estaban incompletos o contenían páginas que nunca se habían digitalizado.

Seguí revisando hasta que encontré una referencia que reconocí de inmediato.

Código del documento: VLT-06.

Lo anoté en una libreta y abrí el registro asociado.

El expediente pertenecía a una operación cerrada hacía seis años. Sin embargo, el índice mencionaba un anexo que no aparecía entre los documentos disponibles.

Volví a comprobar el código.

No era un error de búsqueda.

El anexo figuraba en el registro, pero no podía abrirse.

Fruncí el ceño.

¿Cómo podía existir un documento en el índice oficial y, al mismo tiempo, no estar disponible en el archivo?

Abrí la ficha del expediente y revisé las observaciones.

Había una nota breve:

Consultar documentación original antes de cerrar el expediente.

Me incliné hacia la pantalla.

Aquella anotación no tenía sentido. Si el expediente estaba cerrado, ¿por qué alguien había dejado constancia de que era necesario consultar la documentación original? Y, sobre todo, ¿por qué nadie había completado esa revisión?

Abrí el registro de modificaciones.

La mayoría de los movimientos estaban identificados con nombres completos, fechas y autorizaciones. Sin embargo, junto al traslado del anexo, solo aparecía un nombre incompleto.

Lorenzo.

Me quedé mirando la pantalla.

El nombre me resultaba familiar, aunque no podía asegurar que se tratara de la misma persona. Podía ser una coincidencia, pero, después de la reacción de Thiago durante la cena, no estaba dispuesta a descartarla.

Guardé una copia de la información y anoté todos los datos que había encontrado.

Fecha del expediente. Código del anexo. Registro incompleto. Nombre parcial.

Cuanto más lo pensaba, menos parecía un simple error administrativo.

★★★★★

A media mañana, decidí dirigirme al departamento de documentación para solicitar acceso a los archivos físicos.

Si el anexo había existido, tenía que quedar algún registro de su ubicación o de la persona que había autorizado su retirada.

La responsable del departamento revisó mi petición en el ordenador.

—Este expediente no está disponible para consulta —dijo finalmente.

—¿Por qué?

—La documentación original fue retirada hace años.

—¿Y dónde se encuentra ahora?

Volvió a mirar la pantalla.

—No tengo esa información.

Intenté mantener la paciencia.

—¿Quién autorizó la retirada?

La mujer tardó unos segundos en responder.

—La autorización no aparece completa en el sistema.

—¿No aparece o no puede consultarse?

Levantó la mirada hacia mí.

—Señorita, le estoy diciendo lo que figura en el registro.

No había sido mi intención ponerla en una situación incómoda, pero aquella respuesta no solucionaba nada.

—Entiendo. ¿Hay alguna forma de solicitar una revisión del expediente?

—Tendría que presentar una petición formal. No puedo garantizarle que se la concedan.

—De acuerdo. Gracias por su ayuda.

Regresé a mi despacho con más preguntas que antes.

Si alguien había retirado aquellos documentos siguiendo un procedimiento oficial, debía existir una autorización completa en algún lugar. Y, si no existía, alguien tendría que explicar por qué.

Abrí el formulario de solicitud y empecé a rellenarlo.

No pensaba dejarlo pasar solo porque la primera persona a la que había preguntado no pudiera ayudarme.

Cuando terminé, envié la petición y volví a consultar el expediente digital.

Había algo más que me llamaba la atención: la fecha de retirada del anexo coincidía con el periodo en el que se había cerrado la operación.

Era como si alguien hubiera esperado hasta el último momento para sacar aquella parte de la documentación.

¿Para evitar que se revisara?

¿Para proteger a alguien?

No tenía pruebas suficientes para afirmarlo, pero la posibilidad se me quedó dando vueltas en la cabeza.

Entonces escuché dos golpes en la puerta.

—¿Se puede?

Reconocí la voz antes de levantar la mirada.

Thiago.

—Depende. ¿Vienes a decirme otra vez que deje de investigar?

Entró con una expresión que no supe interpretar.

—Buenos días para ti también.

—Buenos días. ¿Qué necesitas?

Se acercó al escritorio y miró los documentos abiertos en la pantalla.

—¿Qué estás buscando exactamente?

Giré ligeramente el ordenador hacia él.

—Un anexo desaparecido de un expediente antiguo.

Su mirada se detuvo en el código.

Fue apenas un segundo, pero lo vi.

Lo reconocía.

—¿Te suena? —pregunté.




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