Donde termina la mentira.

Capitulo 7: Grietas en el tablero.

Al otro lado de la ciudad, en una pequeña cafetería alejada del centro, Estela y Niki se encontraban reunidas con Luis. Había pasado un día entero desde su último encuentro y, aunque Estela había intentado mantenerse ocupada en ALIMEX una empresa de alimentos que había heredado se sus padres, no había podido dejar de pensar en los niños. Cada hora que pasaba le parecía un siglo.

Niki, por su parte, había intentado distraerla durante toda la mañana hablando de cualquier cosa ajena a Devon, pero no había funcionado.

—¿Hay avances en la investigación? —preguntó Estela en cuanto el periodista tomó asiento frente a ellas.

Luis dejó una carpeta sobre la mesa y asintió, barriendo el lugar con la mirada.
—Encontramos un registro en los servidores privados.

Sacó varios folios y los extendió frente a ellas. Estela los tomó de inmediato; sus ojos recorrieron las hojas hasta detenerse en un dato. Sintió un nudo amargo en el estómago.

—La fecha coincide —murmuró, con la voz flotando en un hilo.

Niki se inclinó para escanear los papeles.
—Entonces… ¿son tus bebés?

—Todo apunta a que sí —respondió Luis—. Pero hay una anomalía que no encaja.

Estela levantó la mirada, tensando cada músculo.
—¿Qué cosa?

Luis señaló una de las líneas impresas.
—El nombre de la madre biológica en el registro falso.

Estela volvió a fijar la vista en el papel.
—¿Maya Ferran?

—Sí. Los niños están registrados bajo su apellido. ¿Tiene idea de quién puede ser?

Estela negó lentamente con la cabeza, su mente buscando a más no poder en sus archivos mentales.
—No. La verdad… debe ser algún prestanombres o cómplice de Devon. ¿Tal vez?

—Es una posibilidad —coincidió Luis—. Pero todavía no podemos asegurarlo jurídicamente.

Niki arrugó la nariz con molestia.
—La verdad, entre más escarbamos en la vida de ese tipo, más ganas me dan de mantenerlo lejos. Es un asco.

Estela apenas reaccionó; seguía mirando el nombre sobre el folio: Maya Ferran. No le decía absolutamente nada, y esa falta de información era precisamente lo que más le preocupaba.

Luis guardó silencio unos segundos antes de extraer otro documento de la carpeta.
—Hay otro asunto delicado.

Estela se enderezó en la silla.
—¿Qué pasa?

—Hay alguien más tratando de escarbar en el historial de Devon.

—¿Quién?

—Oberlin Bustamante.

Niki arqueó una ceja, perdiendo su postura impulsiva por un instante.
—¿El empresario?

—Y principal rival político de Devon en las próximas elecciones —añadió Luis.

Estela se quedó pensativa. No era la primera vez que escuchaba ese apellido en las noticias de finanzas, pero hasta ese momento no había tenido motivos para relacionarlo con sus hijos.
—No quiero involucrarme con otro hombre de poder —admitió con evidente reticencia.

Luis comenzó a guardar nuevamente los papeles en su mochila.
—No tienes que confiar en él, señorita Beltrán. Solo necesitas decidir qué estás dispuesta a arriesgar para recuperar a tus niños.

Estela bajó la mirada, clavándose las uñas en las palmas. La respuesta era sencilla: lo arriesgaría todo. Pero eso no significaba que estuviera dispuesta a entregarle sus cartas a cualquiera.

Niki la observó durante unos segundos antes de intervenir, usando su instinto protector:
—Piénsalo, Estela. Es mejor tener a ese tal Bustamante cerca. Así podremos saber qué busca exactamente y qué cartas tiene contra Devon.

Estela la miró, midiendo el riesgo.
—¿Y si solo quiere usar la información para su propio beneficio político?

—Entonces lo sabremos y jugaremos con eso —respondió Niki—. Pero tampoco podemos dejar que el rastro de mis sobrinos quede a merced de otro loco con poder.

Estela dejó escapar un pequeño suspiro. No le gustaba la idea de abrir el búnker, pero su amiga tenía un punto válido.
—Bien. Lo haré.

Luis cerró la carpeta con un golpe seco.
—Manos a la obra, entonces. —Se levantó de la mesa y tomó su abrigo—. ¿Se contactará directamente con él o prefiere que actúe como intermediario?

Estela se incorporó también, ajustándose el saco.
—Es mejor que lo haga yo personalmente. Así sabré cuáles son sus verdaderas intenciones desde el primer segundo.

Luis asintió, conforme con su frialdad estratega.
—Entonces será mejor que se prepare. Si Bustamante lleva tiempo investigando las cuentas de Devon, seguramente tampoco estará dispuesto a revelar todo lo que sabe en la primera reunión.

Estela sostuvo su mirada gélida.
—Yo tampoco pienso contarle todo lo que sé.

Niki sonrió de lado, recuperando su chispa.
—Ahora sí estamos hablando el mismo idioma, nena.

Estela tomó las copias y las guardó cuidadosamente en su bolso. Por primera vez desde que había descubierto la verdad, tenía una pista concreta: un nombre, una institución y ahora, otro hombre que parecía estar buscando las mismas respuestas en el tablero. Solo esperaba que ninguna de esas verdades terminara llevándola hacia alguien peor que Devon.

✨🧩✨🧩✨🧩✨

Al otro lado de la ciudad, Asher dejó a los niños de vuelta en el orfanato. Antes de cruzar la reja gris, Cassidy se plantó en seco y lo miró con esos enormes ojos bicolores, usando esa expresión dominante que hacía prácticamente imposible ganarle una discusión.
—Señor guapo… ¿podemos volver a verme?

Asher dudó unos segundos, manteniendo las manos en los bolsillos de su pantalón. Su mente le advertía que estaba cruzando una línea peligrosa, involucrándose con extraños. Apenas los conocía y, aun así, la gravedad de las anomalías que Fernando le había mencionado le impedía dar la vuelta e ignorarlos.

Finalmente, asintió con la cabeza.
—Sí. Pueden volver a verme.

La sonrisa de Cassidy se encendió de inmediato, iluminando su rostro infantil.
—¡Sabía que dirías que sí!



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En el texto hay: venganza, familia humor

Editado: 21.10.2026

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