Al día siguiente, Estela llegó unos minutos antes de la hora acordada a las oficinas de Quick Trip.
Había pasado buena parte de la mañana repasando cada gráfico y proyección en los documentos que llevaría a la reunión. Necesitaba que todo saliera perfectamente. No podía permitirse cometer el más mínimo error, especialmente ahora que había decidido expandir ALIMEX al mercado internacional. El nombre de la persona con la que se reuniría estaba escrito en la primera página del expediente: Asher Foster. Un empresario extranjero, líder en el sector de logística y exportaciones, con operaciones clave en México.
Estela tomó una bocanada de aire antes de cruzar el umbral del despacho de juntas.
Solo negocios, se murmuró a sí misma, buscando dejar de lado sus emociones.
Empujó la puerta de madera. El hombre que estaba al otro lado de la sala levantó la vista de inmediato.
Asher Foster.
Estela había esperado encontrar a un ejecutivo de avanzada edad y semblante cansado. En cambio, frente a ella se alzaba un hombre elegante, de porte tranquilo y una mirada seria que imponía respeto. No transmitía la actitud arrogante ni el aire de suficiencia que ella había imaginado en los magnates extranjeros; simplemente permanecía de pie junto al ventanal, sosteniendo una carpeta en una mano y su teléfono en la otra.
Cuando sus miradas se cruzaron en el centro de la sala, Estela se quedó estática durante un instante, perdiendo el hilo de sus pensamientos. Él poseía unos profundos ojos color avellana que captaron rápidamente su atención, rompiendo su habitual resistencia.
Asher, por su parte, había revisado minuciosamente la información de Estela la noche anterior, pero ninguna fotografía de la base de datos le había hecho justicia a la mujer que acababa de entrar. Era hermosa. No de una manera convencional o superficial que pudiera explicar fácilmente en un reporte; había algo magnético en su expresión reservada, en la seguridad con la que sostenía la carpeta contra su pecho y en esa mirada verde, intensa y profunda, que lo escaneó por completo, desarmando su frialdad profesional antes de permitirle siquiera hablar.
Asher apartó discretamente la vista, sintiendo un vuelco incómodo en el estómago.
Concéntrate, Foster. Es una reunión de negocios.
—¿Señor Foster? —la voz de ella rompió el hielo.
—Estela Beltrán. —Respondió apenas recuperando su voz.
—Sí, soy yo. —Ella avanzó con paso firme y extendió la mano derecha—. Mucho gusto.
Asher estrechó su mano.
—El gusto es mío.
El contacto de sus palmas provocó una extraña descarga eléctrica. Su agarre permaneció unido unos segundos más de lo necesario, antes de que ambos, conscientes de la tensión, rompieran el contacto físico.
Estela se sentó frente a él manteniendo una compostura impecable y abrió su carpeta sobre la mesa de cristal. Con un sutil carraspeo, retomó su papel de directora:
—Lamento si fui demasiado directa o impositiva al solicitar esta reunión con tanta urgencia —comentó en tono formal.
—No tiene que disculparse, señorita Beltrán. Su propuesta de negocios llamó mi atención de inmediato. La revise tan pronto como mi equipo me la hizo llegar a mi escritorio. —Al notar que hablaba de más decidió callar, sorprendiéndose así mismo por su actitud ante ella.
Estela levantó ligeramente una ceja, claramente sorprendida por la eficiencia de Asher.
—¿Tan rápido?
—Me interesó bastante —respondió Asher, fijando sus ojos en ella con una intensidad inusual.
La respuesta fue sencilla, pero el tono pausado y la fijeza de su mirada hicieron que Estela experimentara una pequeña e incómoda calidez en el pecho. Un vuelco que su mente no supo identificar.
Concéntrate, Estela. No tienes tiempo para esto. Tu prioridad son tus hijos.
—Bien. Entonces podemos comenzar con los puntos de la agenda —sentenció, recuperando el control.
Asher esbozó una sutil sonrisa, sin apartar los ojos de la mujer que tenía enfrente.
—Me gusta su manera de trabajar, señorita Beltrán.
—¿Mi manera de trabajar?
—Directa. Sin rodeos.
—No suelo tener mucho tiempo libre para darle vueltas a las cosas —respondió ella, pensando en las llamadas pendientes con el periodista.
—Eso parece.
Estela lo miró durante un momento, casi perdiéndose en los hoyuelos de aquella encantadora sonrisa.
—¿Eso es una crítica a mi gestión?
—No. —Asher amplió ligeramente la sonrisa—. Es una observación técnica.
Ella bajó la mirada hacia los documentos para ocultar una sonrisa espontánea que amenazaba con romper su seriedad, aunque el ligero rubor que tiñó sus mejillas la delató por completo.
—Entonces espero que mis observaciones y acuerdos también sean de su agrado.
La negociación formal comenzó. Durante los siguientes cuarenta minutos, la mesa de juntas se convirtió en un tablero dinámico. Hablaron de rutas comerciales, condiciones de exportación, aduanas, posibles acuerdos y canales de distribución masiva para la empresa de alimentos de Estela.
Asher pronto descubrió que no estaba frente a una heredera descuidada que simplemente administraba la compañía por obligación o linaje familiar. Estela conocía al derecho y al revés su negocio. Sabía negociar con números fríos y, sobre todo, no se dejaba intimidar por el tamaño de Quick Trip.
En más de una ocasión, Asher intentó presionar e introducir cláusulas estrictas sobre los tiempos de entrega, esperando que ella retrocediera o cediera terreno en el margen de ganancia. No lo hizo.
—No puedo aceptar esa condición de exclusividad en la frontera —dijo él, cruzándose de brazos.
—Entonces podemos modificar el volumen de carga por trimestre —reviró ella de inmediato, con agilidad mental.
—No creo que ese porcentaje sea suficiente para cubrir nuestros costos de operación.
—Tengo una alternativa de contingencia.