Estela llegó a su oficina tiempo después. Le había pedido a su asistente que le comprara el desayuno, ya que con las prisas de la mañana se le había olvidado por completo. Mientras esperaba a Nickté para comer juntas, se dedicó a revisar nuevamente las carpetas que tenía sobre el escritorio.
Le resultaba imposible dejar de pensar en el torbellino de los últimos días. Había encontrado una pista sólida sobre sus hijos. Había comenzado a investigar a Devon a fondo. Y, para su total sorpresa, acababa de conocer a un empresario extranjero que amenazaba con desestabilizar aquella estructura mental que tanto se esforzaba por mantener.
—¡Estela!
Levantó la mirada de los papeles. Nickté se acercaba a paso rápido con una sonrisa de oreja a oreja, cargando dos termos de café y una bolsa de papel kraft que olía a pan recién hecho.
—Llegas tarde —reprochó Estela, fingiendo molestia con su habitual rigidez—. No creas que por traer café te la voy a pasar, Niki.
—Pero admite que evita que tenga que pedirte una disculpa formal. —Nickté dejó uno de los termos frente a ella y se dejó caer en la silla—. Te traje el que te gusta, con un toque de canela. Ya le dije a tu asistente que cancele tu pedido.
Estela miró el vaso y esbozó una pequeña sonrisa de agradecimiento.
—Gracias.
—De nada, nena. Ahora sí, dime qué cara es esa.
—¿Cuál cara? —preguntó Estela mientras acomodaba unas hojas para evadir el escrutinio de su amiga.
—La de “estoy pensando demasiado y no quiero que nadie me ande preguntando qué estoy pensando”. Te sale idéntica.
Estela levantó una ceja y cruzó los brazos.
—Yo no tengo una cara así.
—La tienes desde que nos conocemos en la universidad. No me quieras engañar.
Estela soltó una pequeña risa, rindiéndose ante la persistencia de su amiga.
—De verdad eres insoportable.
—Y aun así me amas —afirmó Nickté con una sonrisa de absoluta confianza.
—Desafortunadamente —respondió Estela, rodando los ojos con afecto.
Nickté se frotó las manos y acomodó la bolsa del desayuno sobre la mesa.
—Bien. Ahora sí. Desembúchalo todo. Cuéntame del gringo, del señor Foster.
Estela cerró los ojos por un instante, anticipando el interrogatorio. Era típico que Niki siempre le preguntara si algún socio le parecía guapo pues siempre quiso separarla de Devon. Aunque ahora que ya conocían la verdad sobre él, se había intensificado por buscarle un nuevo prospecto.
—No.
—¡Pero si ni siquiera he dicho nada!
—Ya sé perfectamente hacia dónde vas.
—Entonces nos ahorramos el preámbulo y vamos al grano. —Nickté se inclinó hacia adelante—. Ya me enteré que esta guapo, ¿y? ¿Te gustó?
—Es un socio comercial —respondió Estela, tomando un sorbo de café para ganar tiempo.
—Eso no fue lo que te pregunté, Beltrán.
—La reunión de exportación salió excelente. Logramos un buen preacuerdo.
—Eso tampoco fue lo que te pregunté.
Estela suspiró y se acomodó un mechón de cabello. Y buscó una descripción lo más objetiva posible.
—Es un hombre muy inteligente, profesional y conoce al derecho y al revés el negocio de la logística internacional. Es todo.
Nickté la miró fijamente, entrecerrando los ojos con malicia.
—Vaya, vaya.
—¿Qué?
—Nada. Solo me parece sumamente curioso que puedas recitar sus cualidades profesionales como si estuvieras leyendo un currículum, pero te hayas tardado tres segundos enteros en responder cuando te pregunté si te había gustado. Creí que te pusiste nerviosa.
Estela frunció el ceño.
—No me puse nerviosa para nada.
—Yo nunca afirme que te hubieras puesto nerviosa. Tú solita te delataste.
Nickté soltó una carcajada. Estela se quedó callada, dándose cuenta de que había caído redonda en la trampa de su impulsiva amiga.
¡Me lleva la fregada!
Nickté sonrió satisfecha, saboreando su pequeña victoria.
—Te conozco demasiado bien, nena —añadió mientras abría la bolsa de pan—. Anda, admite que el tipo tiene lo suyo. Por fin alguien es de tu interés. Por un momento creí que te quedarías para vestir santos.
—Solo me pareció un hombre interesante —admitió Estela en voz baja, desviando la mirada hacia el ventanal—. Y creo que su participación puede ser sumamente útil para la empresa. Además... estaba pensando que podría ayudarnos indirectamente con la investigación de los niños.
Nickté dejó el pan sobre la madera. El tono de broma desapareció de inmediato.
—¿Cómo?
—Su empresa tiene contactos importantes en el sector de transportes y aduanas. Si Luis necesita rastrear ciertos movimientos comerciales o traslados extraños relacionados con Devon, quizá podamos obtener información a través de los canales de Foster sin levantar sospechas.
—¿Le vas a contar a Asher lo que estás investigando? —preguntó Nickté con cautela.
—Todavía no. —Estela bajó la voz—. Es un terreno peligroso. No puedo permitirme confiar plenamente en nadie todavía. El riesgo es demasiado alto. A parte aun no nos conocemos bien.
Nickté asintió lentamente. Entendía la jugada.
—Tienes razón. ¿Y qué te ha dicho Luis? ¿Hay avances?
La expresión de Estela cambió. Sus ojos se iluminaron con una intensidad contenida.
—Sí. Luis consiguió algunos datos adicionales ayer. Encontró inconsistencias en los registros relacionados con la fecha del nacimiento y el supuesto ingreso de los niños al orfanato.
Nickté apretó los labios.
—¿Y eso qué significa?
—Que alguien alteró información. —Estela pasó los dedos por uno de los documentos—. Todavía no tenemos suficiente para saber exactamente quién lo hizo ni dónde están los niños. Pero cada dato que encontramos confirma que Devon construyó una mentira mucho más grande de lo que imaginábamos.
Nickté respiró profundamente.
—¿Y los niños?
Estela levantó la mirada.
—Están vivos, Niki. Siguen en alguna parte de este país —continuó Estela—. Pero están vivos.