Dos mundos un solo camino: Madwheeler

El choque de mundos

Había pasado un año.

Un año en el que Mike no había dejado de pensar en Ce. En todo lo que había pasado. En todo lo que había sentido por ella y, más que nada, en todo aquello que poco a poco estaba dejando de sentir.

A veces daba vueltas en su bicicleta por la carretera que rodeaba el bosque, intentando sentir que ella seguía cerca. Trataba de convencerse de que algún día regresaría.
Pero cada vez que lo hacía, terminaba llegando a la misma conclusión:

No iba a regresar.
Mike no había perdido por completo la esperanza de recuperarla. Durante mucho tiempo se aferró a esa posibilidad, pero esperar demasiado terminó cansándolo.

Intentaba seguir adelante, pero ya no podía hacerlo como antes.

Quería continuar esperando a Ce, pero su mente y su cuerpo comenzaban a decirle que ya no podían seguir viviendo de una esperanza.

Cada vez estaba más cansado.

Las cosas que antes disfrutaba ya no tenían el mismo efecto en él. Jugar, pasar las tardes en el sótano o simplemente salir a andar en bicicleta ya no conseguían devolverle aquella alegría que alguna vez había tenido.

Sin embargo, había algo que todavía conseguía hacer que Mike recuperara un poco de aquella chispa.

Sus amigos.
Ellos eran los únicos capaces de hacerlo sentir como el Mike de antes, aunque fuera solamente durante unos momentos.

Un día como cualquier otro, Mike decidió volver a recorrer la misma carretera.

Sin embargo, esta vez algo llamó su atención.

Había una calle por la que nunca había pasado.

No era porque no le hubiera interesado.

De hecho, cada vez que pasaba por ahí tenía ganas de tomar aquel camino y descubrir hacia dónde llevaba.

Pero siempre terminaba siguiendo de frente.

Aquella calle iba en dirección contraria a su camino habitual, el mismo que, de alguna manera, siempre terminaba llevándolo de regreso a los recuerdos de Ce.

Mike no culpaba a la carretera.

Era su mente la que hacía eso.

Era su mente la que encontraba la manera de llevarlo nuevamente hacia aquellos recuerdos de aquella niña.

Esta vez, sin pensarlo demasiado, giró el manubrio de su bicicleta y se adentró en aquella calle.

A primera vista parecía completamente normal.

No había nada particularmente interesante en ella. No tenía nada que la diferenciara de las demás calles del pueblo.

Y, sin embargo, Mike sintió algo extraño.

Calma.
Una tranquilidad que no había sentido en mucho tiempo.

Por unos momentos no se preocupó por pensar en el pasado.

Tampoco sintió la necesidad de buscar a alguien que, probablemente, nunca regresaría.

Simplemente siguió avanzando.

Hasta que escuchó unos gritos provenientes de una de las casas.

Mike giró la cabeza hacia la dirección de donde provenían.

Se quedó un poco extrañado.

Parecía que dentro de aquella casa estaba ocurriendo una discusión bastante intensa.

Mike se quedó demasiado concentrado intentando escuchar lo que sucedía.

Tanto que no se dio cuenta de lo que tenía delante.

Cuando volvió la vista hacia el camino, fue demasiado tarde.

Una chica sobre una patineta se dirigía directamente hacia él.

-¡Auch! -exclamó la chica al caer al suelo.

Mike frenó inmediatamente.

Se dio cuenta de que, por estar distraído, había provocado que aquella chica perdiera el equilibrio.

Bajó rápidamente de su bicicleta y se acercó a ella.

-¿Estás bien? -preguntó Mike, bastante apenado-. Lo siento. No estaba prestando atención.

Le extendió la mano para ayudarla a levantarse.

La chica lo miró con cierta molestia mientras se sobaba la cabeza.

-Para la otra, no estés de metiche.

Mike se quedó un poco sorprendido.

-Perdón. No es que sea metiche ni nada de eso. Solo que me sorprendió escuchar una discusión tan fuerte.

La chica lo observó durante unos segundos.

Mike, por su parte, se quedó mirándola.

Había algo en ella que llamó inmediatamente su atención.

Su cabello resaltaba bastante.

No era un rojo intenso, sino un tono anaranjado que, bajo la luz, parecía tener algo especial. No estaba perfectamente arreglado como el de muchas chicas de su escuela. Tenía un aspecto un poco rebelde, desordenado, pero no de una manera negativa.

Simplemente parecía diferente.

Y esa diferencia resultaba curiosamente divertida.

Después reparó en sus ojos.

Azules.

Mike ya había conocido a otras personas con ojos de ese color, así que en realidad no debería haberle llamado tanto la atención.

Pero los de ella eran distintos.

Había algo en su mirada.

Una chispa de valentía.

Era como si pudiera hacerte retroceder solamente con una mirada.

Aunque, detrás de aquella intensidad, Mike también percibió algo más.

Cansancio.

Sus ojos azules parecían apagados, como si hubiera algo que la preocupaba.

También tenía pecas.

No eran algo extraordinario, pero de alguna manera combinaban perfectamente con su cabello.

Y entonces Mike se fijó en su ropa.

Aquello fue lo que más le sorprendió.

Llevaba una sudadera roja con rayas blancas, unos jeans holgados y unos Vans verdes.

Mike no estaba acostumbrado a ver a las chicas del pueblo vestir así.

En Hawkins parecía que todas se vestían prácticamente igual. Los mismos colores, los mismos estilos, las mismas modas.

Pero ella no.

Ella era diferente.

Y, aunque Mike no sabía exactamente por qué, pensó que su forma de vestir era...

genial.

Se quedó unos segundos perdido en sus pensamientos, intentando descubrir qué tenía aquella chica que había conseguido llamar tanto su atención.

-Oye, ¿me vas a ayudar o te vas a quedar mirándome todo el rato? -preguntó la chica.

Mike reaccionó de inmediato.

-Ah... sí. Perdón.



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En el texto hay: stranger things, maxine, mike

Editado: 31.10.2026

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