Aún dolía verlo, recordaba las tardes en las que golpeé su puerta cuando caí en desesperación por extrañarlo; sin embargo, nunca respondió. Decidí que lo mejor era valorarme y dejarlo de lado… después de todo, él fue quien me dejó.
Fingí que no me importaba su voz, que no estremecía mi cuerpo al tenerlo cerca, que su traje lo hacía irresistible y sobre todo que su mirada no me afectaba.
Lo ignoré y caminé hacia el salón sin levantar la mirada, sin siquiera cambiar la expresión, aunque sentía mis manos temblar y un horrible nudo en la garganta, quería decirle tanto, pero no me humillaría, no de nuevo por él.
—¿Estás bien? —detuve mis pasos y lo miré confundida.
Jordan fruncía el ceño, sus ojos parecían reflejar preocupación, me observó con atención y por un momento quise correr a él y abrazarlo con fuerza, decirle cuánto lo había extrañado y que aún lo amaba, pero yo no merecía esto, no merecía ser tratada de esta forma y él sabe lo mucho que me hirió.
Guardo el celular que tenía en mano en el bolsillo de su traje azul oscuro, pasé en seco y miré el suelo, suspiré y llené de valor para sostener su mirada.
—No es de su incumbencia —mis palabras fueron cortantes.
—Estás bien —afirmo y suspiro, paso en seco y levanto la mirada.
—No esperaba verlo aquí.
—¿Desde cuándo eres tan formal, Rosie? —rodé los ojos.
Su rostro se tensó, me molesté aún más. ¿Por qué seguía actuando de esa forma? ¿Por qué me confunde? Actúa como si nada hubiese sucedido y en la mañana fue un completo idiota. Esto es su culpa y parece que solo me afecta, él aparenta estar muy bien sin mí. ¿Cómo supero lo nuestro tan rápido? Entonces no sentía algo realmente fuerte, nuestra relación no fue tan importante como creí. Ese pensamiento solía rondar mi cabeza todos los días y me lastimaba de la misma forma, mordí mi labio conteniendo las palabras para no insultarlo.
—Jordan —gire la cabeza.
David estaba junto a mí, estiró el brazo hacia Jordan, pero él solo lo ignoró. David asintió con la cabeza y metió la mano en su bolsillo.
—Eres muy inoportuno.
—No lo soy —dijo con completa tranquilidad para luego mirarme—. Te buscaba Rosie.
—¿Para qué la necesitas?
—No es de su incumbencia.
Jordan lo miró con molestia, mis ojos se cruzaron con la chica de los abrigos, quien miraba la escena con asombro y, al verme, giró fingiendo trabajar.
—¿Rosie, él te contagió la formalidad, acaso es una enfermedad? —dijo completamente enojado—. Pero qué estupidez —murmuró.
—Lo que pase en mi vida es solo mi problema, Jordan —dije fría, recordando todas las noches en las que lloré, las veces que lo busqué y no quiso escucharme, todas las miradas frías y las muecas que estrujaban mi corazón, él me lastimaba sin piedad.
—Has cambiado —lo miré intentando contener las palabras y acciones.
¿Qué esperaba? Que me sentara con un libro a esperarlo toda la vida, viendo cómo seguía con sus días mientras yo seguía estancada en esta relación. Cuando lo veía riendo como si nada hubiera pasado, como si no le doliera haberme dejado, mi corazón se encogía y quería llorar. Cuando caminaba junto a Haley e incluso coqueteaban, me destruía el corazón y tenía que fingir estar bien. A él no le importé desde que me dejó; nunca fue capaz de hablar conmigo, aunque lo busqué, nunca intentó solucionarlo y eso dice mucho.
Giré sobre mis pies y salí del lugar, caminé molesta hasta el jardín, el frío erizó mi piel, pero sentía mi cuerpo caliente de ira.
¿Cómo era tan cínico? ¿Qué le importaba? Debió pensarlo antes de dejarme. ¿Por qué fingía preocuparse por mí si no importé antes?
Apreté los puños molesta y miré el cielo, nublado al igual que en la tarde; suspiré e intenté relajarme, debía volver al evento y asegurarme de que todo estuviera en orden, por Harper. Miré el celular, solo eran las once de la noche, llevaba poco más de dos horas y ya quería huir.
—Rosie.
Bajé la mirada, encontrándome con David, retomé la compostura y fingí una sonrisa.
—Lamento lo que pasó allí dentro.
—No es tu culpa —fruncí los labios y asentí—; yo salía a fumar.
Enseño la caja de cigarrillos que traía en la mano ¿todo el tiempo sostuvo eso?
—Vi la situación y solo quise ayudar.
—Está bien—solté una risa llena de ironía—que vergonzoso es esto.
—¿Qué cosa? —me observó confundido.
—Esto, siempre estás cuando Jordan hace este tipo de cosas, parece que el destino nos pone en estas situaciones.
David rio, guardó la caja en su saco y me observó con atención, encogiendo los hombros.
—Quizá sí es el destino.
—¿Fue absurdo lo que dije? —solté una risa—. No tiene que estar de acuerdo conmigo.
—No miento —fruncí el ceño—, quizá sí es el destino, Rosie.
Sus ojos brillaban y sentí nervios, la voz de David era cálida y dedicó una sonrisa antes de mirarme a los ojos y hablar.
—¿Aún lo quieres?
No respondí, las palabras se atoraban en mi garganta y la pregunta hizo que una extraña sensación en el estómago me incomodara. ¿Aún amo a Jordan? La respuesta es sí, pero no quiero estar con alguien que no me quiere, así que no tenía sentido responder, podía amarlo, pero no significaba que quisiera estar con él.
Observó a David con confusión y dio un paso acercándose.
—Rosie si aún lo quieres, no puedo entrometerme, porque son tus sentimientos y los respetaré, pero hay algo que no puedo seguir ocultando —él suspiró y dio otro paso acercándose, mi cuerpo se paralizó y mantuve la mirada en sus ojos cafés—. Hace un rato preguntaste qué me gustaba, esperaba decirlo de otra forma y en otra situación, algo un poco más romántico, pero creo que es el momento. Rosie tú me gustas, de verdad me gustas, hay algo en ti que me encanta y me atraes. Luché contra esos sentimientos porque tenías pareja; intenté no sentir nada por ti y respetar tus sentimientos por él, pero no puedo fingir más.