Mamá salió de la habitación con una sonrisa cálida en el rostro, cerrando la puerta tras ella.
Por primera vez mamá me había consolado, por primera vez mamá se sintió cercana a mí, entonces decidí obedecerla, no me dejaría vencer, debía darle tiempo al tiempo para sanar este corazón roto. Yo puedo hacerlo.
Con Jordan había superado muchas otras cosas: la pérdida de un bebé, un encierro que casi nos vuelve locos. No era la primera ocasión en la que nuestra relación terminaba; sin embargo, es la primera vez que pronunció aquellas palabras: "No te amo" y está bien... solo debo encontrar la forma de aceptarlo para dejarlo ir, debo sanar este corazón para ser feliz, quiero y merezco ser feliz.
Suspiré y miré la pantalla del celular que estaba sobre la mesa junto a la cama, eran las diez de la mañana, así que había perdido las clases, por lo que podría ir a trabajar sin problema, aunque sintiera mi corazón pesado y quisiera llorar, eso no solucionaría las cosas, debía ser fuerte y debía ser valiente.
Tomé una corta ducha, vestí y bajé, comí una rebanada de pan con un poco de jugo de naranja antes de salir de casa, mis padres ya no estaban, los niños estaban en la escuela. Caminé hasta la parada del autobús; allí esperé unos diez minutos mientras escuchaba música. Quería pensar en cualquier cosa menos en Jordan y en lo que había pasado hace unas horas, quería, tenía la necesidad de dejarlo ir, de soltarlo.
Cuando llegué, me llené de valor para oprimir el botón del ascensor, solo me repetía mentalmente que todo estaría bien, que la vida es una montaña rusa de emociones y situaciones que no pronosticamos.
Al llegar, Harper me saludó con su clásica sonrisa sentada atrás del escritorio.
—Hola, ¿qué sucedió? —negué con la cabeza.
—No ha pasado nada, ¿por qué?
—¿La fiesta terminó bien? Ay, lamento lo que sucedió.
Por un momento sentí nervios, fingí una sonrisa y asentí con la cabeza. No soy capaz ni quería hablar sobre lo que sucedió, cómo terminé en el hospital y con una futura cita con psiquiatría.
Tomé asiento fingiendo una sonrisa y dejando el bolso bajo el escritorio.
—Estuvo genial.
—Me dijeron que el señor García desapareció antes de medianoche. ¿Qué habrá pasado?
Pase en seco, había olvidado por completo aquella situación con David, aquella confesión y aquel beso. La noche en el hospital después de desmayarme, él estuvo allí hasta que dieron de alta, él fue atento y paciente. Recordé la cálida sonrisa que me dedicó al salir de la habitación mientras los demás me observaron con tristeza, como si yo fuera alguien por quien lamentarse, como si estuviera mal estar mal, y él fue el único que observó con calidez, que sonrió y brindó un rayo de luz en medio de la oscuridad.
Harper giró su silla mirándome para después soltar un suspiro, parecía agotada y pasó las manos por su cuello.
—Ha sido un día muy complicado.
—¿Por qué?
—El señor García parece preocupado, como si estuviera disperso, él no es así... él no suele ser así —recalcó.
—Quizá tuvo una mala mañana, ¿un cliente molesto?
—No, cancelo todas las reuniones de hoy —intenté ocultar mi sorpresa mirando la pantalla del computador.
—A lo mejor es un dilema personal.
Harper se encogió de hombros y negó con la cabeza, la vi de reojo, se levantó, tomó su cartera y giró de nuevo mirándome.
—Iré a almorzar, ¿quieres ir conmigo?
—No, gracias.
—Está bien. Dejé unos documentos que debes repartir, luego los llevas a Recursos Humanos cuando estén firmados. No olvides que también debes entregar uno al señor García. Tendré una reunión después del almuerzo.
Asentí con la cabeza y Harper salió. Inicié editando los archivos con el nombre de cada trabajador, los imprimí y clasifiqué antes de repartirlos en la oficina, varios habían salido, algunos otros trabajaban y unos cuantos armaban una maqueta que entregarían el viernes.
Entré a la oficina de David después de tocar la puerta de vidrio con los nudillos, pareció sorprendido al verme e hizo un ademán con la mano indicándome que entrara. Dejé la carpeta sobre el escritorio mientras evitaba su mirada, giré sobre los pies y caminé acercándome a la puerta.
Podía sentir sus ojos sobre mí, la tensión era inquietante y mi respiración se aceleró. Quizá evitarlo no era una solución, pero era una viable mientras pensaba en qué hacer, y es que, por favor, el hombre fue honesto con sus sentimientos y luego caí en crisis por mi ex, que no merece ni una palabra, definitivamente soy ridícula.
—Rosie ¿tienes un momento?
Cerré los ojos, esto era justo lo que no quería. Su atención. Sintiéndome incómoda, giré y obligué a sonreír.
—Por supuesto.
Señaló la silla frente al escritorio, asentí con la cabeza antes de caminar y tomar asiento. Apreté mis manos con fuerza e intenté controlar los nervios.
Todo está bien, Rosie, solo finge demencia mientras piensas en algo.
—Rosie—su tono formal cambió—. ¿Cómo te sientes? No tenías que venir si...—lo interrumpí.
—Señor García, disculpe por haber arruinado su fiesta, sé que no debió ser sencillo ver aquella escena, pero estoy bien —los nervios me traicionaron y terminé hablando sin pensar, aunque me esforcé por no perder la calma.
Él me observó unos segundos antes de fruncir los labios y bajar la mirada.
—Por supuesto Rosie—volvió a mirarme—. Lo siento, pero no puedo creer lo que dices.
—¿Por qué? —enarcó una ceja.
—No puedes estar bien de la noche a la mañana.
Dejé caer mi peso en el espaldar de la silla y bufé. ¿Por qué era tan observador? ¿Y cómo yo era tan obvia?
—Bien, tiene toda la razón.
Dije sin siquiera mirarlo, mi cabeza colgó y observé con atención las figuras blancas que adornaban el techo.
Ay, no puede ser, él es tan inteligente y podía leerme sin esfuerzo.
Escuché una corta risa antes de verlo a unos cuantos centímetros de mi rostro.