Después de soportar el tráfico de la ciudad por casi cuarenta minutos, Bruno se detuvo frente a una casa cerca de la universidad. Bajamos de la camioneta y él rodeó mis hombros con su brazo, luciendo despreocupado y atractivo.
Bruno observó mi ropa y negó con la cabeza a la vez que chasqueaba su lengua con desaprobación. Bajé la mirada observando mis botines negros, el vestido blanco corto pero elegante que se ceñía a mi cuerpo y el bléiser azul oscuro que usaba.
—¿Qué tiene de malo? —me quejé.
—Nada —tiró del bléiser con un poco de fuerza—, pero quítate esto.
—¿Por qué?
—Bueno, sé que el lugar donde trabajas es muy importante, pero esto es una fiesta y tu ropa.
—No lo esperaba de ti, pero qué prejuicioso eres.
—Por supuesto que lo soy —dijo imitando la voz de una chica y reímos.
—Bien.
Dejé el bléiser en su camioneta, él desordenó un poco mi cabello y asintió con la cabeza antes de entrelazar su brazo con el mío y entrar al lugar.
El ambiente era justo como recordaba: personas gritando, bailando y corriendo por el lugar mientras bebían como si no hubiera un mañana, la juventud era una locura que al parecer yo no estaba disfrutando. Bruno me entregó una lata de cerveza que bebí con tranquilidad mientras él bailaba con una chica en medio del pasillo.
Rei, ver su frescura y tranquilidad por la vida me recordó a Jordan, las veces en las que me pedía vivir el momento y no agobiarme con el futuro, cuando tomaba mi mano y brindaba seguridad para seguir, aunque él tuviera problemas, nunca me había dado la espalda, no hasta ese momento.
¿Alguna otra sorpresa tendrá la juventud para mí?
La juventud es un lapso donde aprendes a formar tu carácter, descubres quién eres y eliges un futuro, para algunos es más fácil, hay fiestas, drogas, alcohol y sexo; en cambio, para otros solo hay problemas, preocupaciones y confusión. Es un círculo donde nos caemos y levantamos para aprender sobre la vida y quiénes somos. A veces creo que solo soy una adolescente fingiendo ser un adulto para encajar en lugares en los que debo estar, no soy lo suficientemente madura para encajar con los adultos, pero tampoco lo suficientemente inmadura para encajar con los chicos de mi edad. ¿A dónde pertenezco? En este circo de personas falsas y bondadosas, ¿en dónde encajo?
Di otro trago a la lata de cerveza antes de mirar con sorpresa a Bruno quien ya devoraba la boca de un chico con el que había compartido algunas clases. No esperaba que Bruno gustara de chicos, solté una risa antes de desviar la mirada.
Solo llevaba alrededor de diez minutos en el lugar y estaba sola. Bruno desapareció con el chico bajo y de cabello castaño, recorrí el lugar, el desorden era igual en mis recuerdos. Tomé un vaso y serví un poco de whisky con cubos de hielo.
Una chica se detuvo junto a mí, sirvió en un vaso una mezcla compleja de licores, ladeé la cabeza observando con atención sus manos decoradas con anillos extravagantes y un esmalte negro que se caía a pedazos.
—Hola —saludó con amabilidad.
—Hola —devolví el saludo junto a una sonrisa.
Su cabello largo y rojo resaltaba su piel pálida, sus ojos verdes eran casi marrones y los labios finos iban pintados de un rojo oscuro, casi del color de la sangre que recorre nuestras venas.
—Eres Rosie, tenemos algunas clases juntas.
Negué con la cabeza al no poder reconocerla, pero ¿quién no recordaría ese cabello rojo? Esa fue una señal de lo inmersa que estaba en mi vida, olvidaba por completo que había personas más allá de mí. Por mucho tiempo había hecho que el mundo girara a mi alrededor y ahora, con terapia, entendí que no debía ser así, todos somos un mundo igual de complicado, bello y aterrador.
—Claro, siempre creí que vivías en un mundo paralelo—bebió de su vaso y arrugó la nariz—. ¿Además de Bruno tienes algún otro amigo?
Volví a negar con la cabeza y frunció el ceño.
—¿No hablas?
—Ah, sí, claro que sí —respondí un poco avergonzada.
—Qué bueno, ya me estaba asustando —dijo con sarcasmo y extendió la mano—. Soy Kaila.
Acepté su mano: —Soy Rosie.
—Ya lo sé —golpeó su vaso con el mío brindando—, un gusto conocerte.
Sonreí y al tiempo dimos un trago a nuestras bebidas, sus ojos verdes se achinaron y sus dientes blancos resaltaron. Parecía ser una persona agradable, aunque un poco agresiva.
—Vamos —entrelazó su brazo con el mío y, al notar mi desconcierto, habló—: Esta noche solo déjate llevar, Rosie, quita esa cara de aburrida, tienes una linda sonrisa, así que úsala.
—¡Oh, Rosie! —giré la cabeza encontrando a Peter.
Habíamos dejado de hablar desde que mi relación con Jordan terminó, no puedo negar que muchas veces quise hablar con él, pero me contuve recordando que era el amigo de Jordan, no el mío. Se acercó y abrazó con fuerza. Kaila soltó mi brazo, alejándose unos pasos, Peter apretó mis mejillas y rio ebrio.
—Pero si tenemos a la devora libros aquí —rio mirándome con ternura. Negué con la cabeza y bajé sus manos.
—Aún no son ni las diez y ya estás ebrio —él se encogió de hombros riendo.
—¿Qué puedo decir? Soy el rey de la fiesta.
—Por supuesto que lo eres, no he ido a ninguna donde no seas el centro de atención —bromeé con él.
—Es muy cierto Rosie, pero... —gruñó —te has perdido de unas fiestas increíbles, ven más seguido. —Se acercó susurrando en mi odio —prometo Rosie que la pasarás genial y dejarás de devorar tantos libros —solté una risa.
—Prometido, si no cumples, te golpearé.
—Es promesa —puso una mano en su pecho riendo.
Un amigo pasó golpeando su espalda y pidiéndole ir al patio trasero, donde de seguro harían cualquier locura.
—Rosie ¿aún somos amigos? Sé mi amiga, siempre me agradaste. —confesó, guiñó uno de sus ojos y concluyó— Hablemos más seguido, devora libros.
Un chico tiró de su brazo alejándolo, solté una risa al verlo tropezar con uno de sus propios pies. Kaila volvió a entrelazar su brazo con el mío y miró a Peter riendo.