12 de agosto de 2025
05:16 hrs
Un estruendo lo sacudió por completo.
Y junto con él, el recuerdo regresó
Miró con desesperación a su alrededor, buscándola entre todo el humo que comenzaba a extenderse en el centro comercial, pero no lograba encontrarla. ¿Por qué tuvo que estar ahí? No se suponía que debería estar aquí, es una equivocación.
—¡Comandante Kim! —uno de sus subordinados lo llamó desde algún lugar—. El segundo piso se encuentra demasiado comprometido —levantó la vista; la estructura del piso superior comenzaba a presentar grietas, si no evacuaban el lugar los civiles involucrados serían demasiados.
Maldición, ¿por qué tuvo que complicarse demasiado? Esto no estaba en el informe.
—¡Evacuen a todos los civiles! —gritó, esperando que todos sus compañeros lo escucharan—. Prioricen a los que se encuentran arriba pero no descuiden la planta baja. Si la estructura se derrumba el saldo sería similar.
Okay, tienes que tranquilizarte Tae, piensa con la cabeza fría, comenzó a decirse. Tienes una misión en curso, no puedes abandonarla.
Pero... está ella, no puedo dejarla, no puedo...
—¡Tae! —el grito agudo logró llamar su atención. Era ella, estaba seguro, era su voz.
El polvo comenzó a disiparse poco a poco hasta que tuvo una visión más clara; debajo de las escaleras eléctricas, ella y varios civiles se estaban refugiando de los escombros que comenzaban a caer del piso superior. Un repentino alivio lo invadió al percatarse de que se encontraba bien, ahora solo tenía que llegar hasta ella. Hizo ademán de dar un paso al frente para comenzar a correr, pero fue detenido por el peso de su cuerpo. Bajó la mirada, buscando aquello que lo detenía, pero no había nada que se lo impidiera, tan solo su propio cuerpo negándose a moverse.
Muévete, muévete Tae, se instó, pero su cuerpo no respondió.
Miró a su costado, dispuesto a pedirle ayuda a uno de sus compañeros, más cuando se giró el escenario frente a él cambió. Su cuerpo ya no se sentía pesado y lo comprobó al poder mover sus piernas con total facilidad. Echó un vistazo detrás de él, dándose cuenta de que parecía estar cubriendo a un grupo de civiles.
—Tae...
El repentino susurro de su nombre lo alertó, volvió la vista al frente para buscarla. Soltó el aire que estaba conteniendo al confirmar que seguía en el mismo lugar de antes, sin embargo, entre ambos se encontraba ahora un grupo de hombres que le impedía avanzar. Apretó los dientes al darse cuenta de que eran parte del grupo criminal que llevaban días siguiendo. Los ojos se le tensaron y una punzada le atravesó la cabeza; estaba sucediendo de nuevo, aquel recuerdo volvía a repetirse.
No... no de nuevo.
—Debe ser realmente cruel todo esto, ¿cierto? —le escuchó decir a uno de los hombres. Trató de enfocar la mirada para reconocerlo, pero la verdad era que no le alcanzaba a distinguir ninguna facción y, gracias a todo el tiempo que había transcurrido, no recordaba con precisión ninguno de aquellos rostros de los integrantes—. Hace cinco años no pudiste salvarla —una sonrisa se asomó entre la penumbra que le cubría el rostro al hombre, incrementando su rabia, ¿quién carajo se cree para hablar de esa manera? —. Ahora vamos a descubrir quién te importa más.
Desubicado por la pregunta, intentó cuestionarle de regresó a qué se estaba refiriendo, pero justo en ese instante una nueva voz se escuchó a su costado.
¿Qué mierda? ¿Por qué él?
—Tae, ¿qué está sucediendo?
Su vista se enfocó rápidamente en el dueño de aquella voz. El muchacho de ojos cafés y cabellos rubios lo miraba con desconcierto, claramente sin comprender la situación y esperando una respuesta de su parte. Sus cabellos estaban hechos un desastre y todo su rostro repleto de manchas grises, resultado del polvo mezclado con su sudor.
¿Por qué carajos está Ji-Hoon aquí?
—Pasado —el hombre extendió la mano derecha a un lado—, y presente —hizo el mismo movimiento con la mano izquierda, como si intentara ponerlo en una balanza—. ¿A quién escogerás ahora? —Dio un paso al frente, con la rabia hirviéndole la sangre—. ¿O será que no podrás salvar a ninguno de los dos?
—No te atrevas a tocarlos —sentenció, maldiciendo por lo bajo al ser consciente del ligero temblor en su tono, el mismo que ahora que ahora se extendía por todo su cuerpo.
Mierda. Sus ojos pasaron de la chica, hacia Ji-Hoon. Solo es un maldito sueño, solo un sueño... intentó convencerse, pero aquella firmeza no llegaba por completo a su mente, donde la neblina de dudas comenzaba a teñirle la razón.
—Esta vez tendrás que decidir quién vive y quién muere, Agente Kim —rechinó los dientes ante la fuerza que ejercía en su mandíbula.
Dio un paso al frente con decisión, pero justo en ese momento un sonido de un engranaje lo distrajo. Conocía a la perfección ese sonido y qué lo había provocado. Su mirada fue a parar a uno de los hombres del grupo; sus manos sostenían un par de granadas, ahora sin su seguro, moviéndolas con diversión, como si tentara la suerte y la capacidad de decisión de Taeyang.
—¡No! —el siguiente paso que dio lo hizo tropezar, como si algo se hubiese interpuesto en su camino, sin embargo, no había nada que lo detuviera en esos momentos, al menos no algo físico. Su mirada bailaba entre la chica, aquella de cabellos rubios que tanto había amado; el hombre que sostenía ambas granadas y que parecía estar esperando el mejor momento para lanzarlas; y Ji-Hoon, su mejor amigo y la persona que se había mantenido junto a él los últimos años.
—Tae... —la voz, llena de angustia, de Soo-jin le golpeó con fuerza. Las lágrimas le escurrían silenciosamente sobre las mejillas mientras intentaba limpiarlas, sin éxito alguno, con las mangas de su suéter rosado.
Editado: 28.10.2026