—Debemos separarnos.
Los jóvenes varkai se quedaron mudos al escuchar la declaración del mayor de ellos.
—¿Separarnos?
Preguntó Rhaegor, esperando haber escuchado algo diferente.
—Sí —respondió Kaelor, aún pensativo, pero reafirmando sus palabras.
—Perdón si lo cuestiono, príncipe Kaelor, pero ¿con qué fin? —mencionó Rhydan.
—Como dijo el príncipe Zaleska, nuestro tío, el general, está en Draeven. Planeo ir allá y encontrarme con él.
—¿Y qué hay de los híbridos de aquí? —preguntó Koen.
—Por eso nos separaremos.
Miró a Ulric.
—Iré con Ulric a Draeven. Como Hunter tiene el rastro de los híbridos, podrán seguir buscándolos.
—Hermano... déjame ir contigo.
Kaelor sonrió cálidamente a su hermano.
—Precisamente por eso no puedo.
Rhaegor frunció el ceño.
—No quiero que tomemos caminos distintos.
Kaelor apoyó una mano sobre su hombro.
—Y yo tampoco.
Aquella sonrisa desapareció.
—Ya nos hemos alejado mucho de casa. No puedo dejar que te alejes más.
Miró a Rhydan y Koen.
—¿Puedo pedirles que cuiden de Rhaegor con sus vidas?
Ambos asintieron.
—Prometo que, en cuanto podamos, regresaré. Confío en que ustedes serán capaces de lidiar con los híbridos.
Rhaegor bajó la mirada, pero asintió. Tenía que confiar en su hermano.
—Bien, aquí nos separamos.
Kaelor usó su vínculo para llamar a Lowel, su lobo. Cuando este apareció, Kaelor se subió a su lomo, y Ulric también lo hizo.
—Cuídense.
Dicho eso, Lowel comenzó a correr.
—Príncipe Rhaegor, debemos seguir.
Rhaegor asintió y continuaron caminando. Hunter, el lobo de Rhaegor, se adelantó para rastrear a los híbridos.
*
En Draeven, Dren se encontraba en medio de una persecución.
—¡No lo dejes ir, Koa!
El lobo perseguía a un hombre vestido de seda y con pulseras de oro.
Dren, por su lado, tomó una ruta alternativa. Mientras usaba el vínculo con Koa para ver lo que veía su lobo, podía anticipar hacia dónde se dirigiría aquel prófugo al que perseguían.
Terminó llegando al final de un camino. Aceleró y saltó. Entonces logró ver al valen. Cuando este levantó la vista, ya era demasiado tarde: Dren ya lo había capturado.
—Te tengo.
Lo ató de manos y pies.
—Ahora dime, ¿dónde tienen a los híbridos?
—¡Que no lo sé! ¡Maldito varkai, ya verás!
—No es la respuesta que quiero.
Le hizo una señal a Koa, y este se acercó gruñendo al valen.
—¡No lo sé! ¡Ya dije que no lo sé!
Dijo, retorciéndose para intentar alejarse del lobo que se acercaba a él.
—Sí lo sabes. Te vi hablando de un «producto valioso» y, a menos que seas un farsante de la Academia de Sabios, ¿qué más haría uno como tú?
—¡Digo la verdad! ¡No lo sé!
Dren suspiró, impaciente.
—¿Por qué deciden complicarme la tarea? Koa, ya sabes qué hacer.
El lobo, sin previo aviso, mordió la pierna del valen, quien gritó despavorido.
—¡Es Dunhollow! ¡Es Dunhollow!
—Suéltalo, Koa.
El lobo lo soltó y se sentó como si estuviera descansando. El valen no dejó de gritar hasta que notó que su pierna solo tenía saliva del lobo. Cuando terminó de gritar, miró a Dren.
—¡Maldito enfermo! ¡Creí que me había mordido la pierna!
—Maldito idiota. No te habrías asustado si me hubieras dicho la verdad a la primera.
Lo obligó a ponerse de pie.
—Iremos a Dunhollow.
Dijo esto y comenzó a encaminarlo hacia el puerto.
Koa se levantó y gruñó levemente.
—¿Prefieres viajar por tierra?
El lobo asintió.
—Bien...
Dren cambió de dirección.
—Más vale que no me estés mintiendo, porque, de ser así, le diré que sí devoré tu pierna.
—N-no, esta vez digo la verdad.
*
En otra parte de Velkyn, un grupo de soldados valen llegaba a su campamento en un estado que haría pensar que se habían enfrentado a un ejército completo.
—¡General!
—¿Qué sucede, Cael?
Aurelion se giró al escuchar la voz del capitán de una de sus compañías.
Lo observó de arriba abajo.
Tenía el uniforme desgarrado, el rostro cubierto de tierra y varias heridas recientes.
Detrás de él, el resto del pelotón regresaba en un estado similar.
Aurelion frunció el ceño.
—Son menos...
Su mirada recorrió a los soldados que faltaban.
—¿Qué demonios les ocurrió? ¿No dijeron que solo eran dos híbridos?
—Eso creíamos, general, pero...
Antes de que pudiera terminar, Aurelion le propinó un puñetazo seco en el rostro.
Cael trastabilló varios pasos antes de recuperar el equilibrio.
—Dime que los capturaron.
El capitán respiró hondo, volvió a erguirse y respondió mirando al frente.
—No, general.
Aurelion soltó una risa cargada de desprecio.
Sin previo aviso, le descargó otro golpe, esta vez en el abdomen.
Cael cayó de rodillas, tosiendo con violencia.
—Inútil.
Su voz sonó fría.
—Mi sobrino capturó a una híbrida llevando menos hombres que tú. En cambio, tú llevaste el doble de soldados... y regresas con las manos vacías.
—No eran híbridos normales, general —dijo con dificultad, mientras seguía en el suelo.
—Híbridos son híbridos.
—Ahora que lo pienso, señor, creo que no eran híbridos.
—Entonces, ¿qué eran? —preguntó con fastidio.
—Dijo ser la princesa de Valacryn y su guardia, pero no les creí...
—¿La princesa? ¡¿Y si era la princesa, por qué no los trajiste?!
—¿Cómo podía confiar en que era ella? Además, se negaron a cooperar y usaron sus habilidades de hemaryn contra nosotros.
—Y aun así, híbridos o princesa, sea lo que sea... ¡¿Me estás diciendo que dos hemaryn pudieron contra ustedes?!
El capitán levantó la vista y miró a Aurelion. Sus ojos reflejaban la impresión que le había causado ver pelear a Eryx y Seraphine. Estaban enrojecidos, como resultado de una combinación de ira y miedo.
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Editado: 12.10.2026