Capítulo 13: Sombras en el espejo
El goteo constante de la solución intravenosa marcaba el único ritmo en la penumbra de la suite.
Tristán permanecía de pie junto a la ventana, observando la aguja del informe médico que acababan de entregarle. Las analíticas confirmaban un cuadro de agotamiento extremo e infección viral aguda, agravado por la falta de descanso y el estrés acumulado de las últimas semanas. Nada grave que no cediera con el tratamiento adecuado, pero suficiente para dejarla completamente vulnerada.
En la cama, Eluna dormía plácidamente. La fiebre había descendido gradualmente gracias a los fármacos, devolviéndole a su rostro un color más sereno y natural.
Tristán se acercó a la cabecera a pasos lentos, casi imperceptibles. Cruzó los brazos sobre el pecho y se quedó contemplándola. Verla así, indefensa, despertaba en él un impulso voraz de protegerla, de asegurarse de que no le faltara el aire ni un solo segundo. Pero junto a ese instinto nacía también una punzada cruenta de culpa que le helaba la sangre.
«Te estás enamorando de ella», le susurró una voz amarga en lo más profundo de su conciencia.
Se dio la vuelta de golpe, como si la sola idea fuera un veneno. Caminó hacia la mesa donde reposaba un pequeño retrato enmarcadas en plata: la sonrisa radiante de Sofía antes de la tragedia.
Faltaban apenas unas semanas para que Matts cumpliera su primer año de vida, lo que significaba que también se cumplía un año entero desde la noche en que la vida de Sofía se apagó. Un año entero de duelo, de juramentos silenciosos de fidelidad a su recuerdo y de un aislamiento autoimpuesto para pagar el precio de no haberla podido salvar. Sentir que la presencia de Eluna comenzaba a iluminar sus días y que su pulso se aceleraba con su cercanía le parecía una traición despiadada hacia la mujer que le había dado a su hijo.
Apretó los puños, cerrando los ojos con fuerza mientras la culpa amenazaba con aplastarlo de nuevo.
En ese instante de penumbra, la mente de Tristán trajo de vuelta las últimas palabras que Sofía le había dicho antes de entrar a la sala de operaciones, cuando ella ya intuía la gravedad de su estado. «Prométeme que no te vas a quedar a vivir en la oscuridad, Tristán... Prométeme que vas a volver a amar, por ti y por nuestro bebé».
Tristán dejó escapar un suspiro entrecortado, abriendo los ojos para fijarlos de nuevo en la figura de Eluna, quien comenzaba a moverse levemente entre las sábanas, despertando del sopor. La lucha interna en el pecho del científico estaba lejos de terminar, atrapado entre la devoción por un fantasma del pasado y la innegable calidez del presente que lo llamaba a gritos.
Editado: 24.10.2026