Ecos de Amor

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Capítulo 16: La sombra del aniversario

​El calendario marcaba una fecha implacable. El primer cumpleaños del pequeño Matts no llegó envuelto en fiesta ni en risas, sino bajo la sombra densa del primer aniversario luctuoso de Sofía. Para Tristán, la coincidencia de ambas fechas era una ironía cruenta que no le daba tregua.

​El impacto de la fecha lo arrastró a una baja depresiva profunda y devastadora. Recordó con amargura los dos largos años en los que Sofía luchó contra la enfermedad antes de morir en el parto; dos años en los que él, cegado por el egoísmo y la desesperación de no querer perderla, la aferró a tratamientos dolorosos con la fe ciega de que su ciencia la salvaría para mantenerla a su lado y junto al hijo que esperaban. Ahora, al mirar a Matts, una tormenta de emociones encontradas lo asfixiaba: el amor incondicional por su pequeño batallaba contra el dolor lacerante de su ausencia y la culpa de haber sido egoísta.

​A esa carga se sumaba el pavor que le producía Eluna. La joven terapeuta estaba agrietando cada una de sus corazas con su calidez y su entrega, pero Tristán se negaba categóricamente a aceptar lo que estaba empezando a sentir. Su mente le gritaba que dejar entrar a alguien más en su corazón era una traición imperdonable hacia Sofía. No quería abrirle la puerta a nadie.

​Para huir de todo, Tristán decidió cortar de golpe el contacto. Durante dos días consecutivos no asistió a las sesiones de terapia de Matts ni envió mensaje alguno, dejando a Eluna en una incertidumbre angustiosa en el centro.

​Encerrado en el penumbroso estudio de su residencia, Tristán busco refugio en el alcohol. Marcus, preocupado por su ausencia y conociendo el peso de la fecha, ingresó a la casa y lo encontró en el suelo, desaliñado, con la mirada perdida y una botella de whisky entre las manos.

​—Tristán... por Dios, mírate —dijo Marcus con voz sofocada, quitándole el vaso.

​—Fui un egoísta, Marcus... —vocalizó Tristán con la voz rota y rasposa por el llanto y el alcohol—. La mantuve sufriendo dos años solo porque no tenía el valor de dejarla ir... Y ahora miro a Matts y me destruye saber que ella no está aquí para verlo. Tengo terror de fallarle a mi hijo, de ser un desastre de padre...

​Tristán se cubrió el rostro con las manos mientras los hombros le temblaban por los sollozos reprimidos.

​—Y lo peor es que estoy aterrado, Marcus. Aterrado de lo que provoca Eluna cuando me mira —confesó con rabia desesperada—. No quiero sentir nada por ella. No voy a dejar que nadie entre en mi vida. Siento que cada vez que su cercanía me hace respirar, le estoy fallando a Sofía... Por eso no he vuelto a la clínica. No puedo volver a ver a Eluna. No voy a dejar que nadie rompa lo único que me queda.

​Marcus lo escuchó en silencio, contemplando a su amigo devastado por el luto y el pavor a volver a amar, mientras al otro lado de la ciudad, Eluna miraba el reloj de su consultorio, presintiendo la tormenta interna que mantenía a Tristán en la oscuridad.




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