Ecos de magia y seducción

Capítulo 6

La mañana en la residencia Vane no amaneció con el murmullo habitual de los desayunos familiares, sino con la disciplina rigurosa de una inspección militar. Mi madre había dispuesto la vajilla de porcelana fina de Sajonia y se aseguraba de que cada servilleta de lino tuviera el pliegue exacto sobre la mesa del salón.

​-es un hombre intachable, Marie

Repetía por tercera vez mientras me acomodaba el encaje del cuello frente al espejo del recibidor.

-un título sólido, una reputación sin la menor mancha y, sobre todo, una familia que jamás ha tenido relación alguna con las artes oscuras o los escándalos del ducado. Lord Harrington es el pretendiente que esta casa necesita

​-lo entiendo, madre

Respondí en un tono sereno y neutral, ajustando los puños de mi vestido de paseo de color azul pálido. Poco después de las cuatro de la tarde, la doncella anunció la llegada del invitado. Lord Harrington cruzó el umbral con una postura erguida y una sonrisa amable, aunque algo ensayada. Era un hombre de unos veintiocho años, de facciones simétricas, cabello castaño perfectamente peinado y una vestimenta impecable que respetaba hasta la última norma del protocolo londinense. No había en él la electricidad ni el peligro imponente que rodeaban a Dominic Stafford, Harrington era la personificación misma de la seguridad, la norma y la tranquilidad.

​-señora Vane, señorita Marie

Saludó con una reverencia elegante, ofreciéndome un pequeño ramillete de violetas recién cortadas.

-es un verdadero honor que me permitan acompañarlas esta tarde

​-es un placer tenerlo en nuestra casa, Lord Harrington

Dijo mi madre, mirándome con una insistencia que no admitía réplicas.

​-muchas gracias, mi lord. Es usted muy atento

Dije, esbozando una sonrisa educada y abierta mientras aceptaba las flores. ​Tras una hora de conversación pausada sobre el clima de la capital, las cosechas en sus propiedades del campo y los próximos eventos de la temporada, mi madre sugirió con absoluta naturalidad que el té continuara con un paseo a pie por los alrededores de Mayfair.

​-el aire de la tarde le sentará de maravilla a mi hija, y la compañía de un caballero tan ilustre es un privilegio

Afirmó mi madre con una calidez calculada. Nos despedimos de mi madre y salimos a la calle. Las aceras de piedra estaban concurridas por carruajes y transeúntes de la aristocracia. Lord Harrington caminaba a mi lado manteniendo la distancia exacta que exigía la etiqueta, ofreciéndome su brazo con una caballerosidad intachable. A lo largo del trayecto, mi acompañante se esforzó notablemente por agradarme. Al pasar frente a una elegante librería, se detuvo para comentar con entusiasmo sus lecturas favoritas sobre historia antigua, asegurándose de pedir mi opinión con un interés sincero.

​-me han dicho que posee usted un intelecto privilegiado, señorita Marie

Dijo Harrington, mirándome con admiración sincera mientras cruzábamos la plaza.

-es un alivio encontrar a una dama con la que se pueda mantener una conversación tan enriquecedora

​-le agradezco sinceramente sus palabras, Lord Harrington, es reconfortante conversar con alguien que valora la lectura y las buenas costumbres

Respondí, brindándole una sonrisa amplia y amable. Unos metros más adelante, en la puerta de una floristería, el lord se detuvo de nuevo y compró un delicado broche de encaje para regalármelo como un recuerdo del paseo. Cada gesto suyo era medido, respetuoso y profundamente correcto. Yo correspondía a cada una de sus atenciones con sonrisas abiertas, inclinaciones de cabeza y palabras de agradecimiento, consciente de que debía cumplir con el papel de la dama perfecta que mi madre me pedía interpretar. ​Sin embargo, por debajo de mi amable fachada, mi mente no podía evitar comparar la tranquilidad predecible de Lord Harrington con la tormenta de sensaciones que me producía el Duque de Ravencrest. Con Lord Harrington no había chispas en la sangre, no había sombras que danzaban ni un calor magnético que me dejara sin aliento. Había paz, sí... pero una paz extrañamente vacía.

​NARRA EL DUQUE DE RAVENCREST

​Caminar por las calles de Londres solía ser para mí un acto de indiferencia absoluta. Ignoraba las miradas susurrantes de la nobleza, las reverencias temerosas de los comerciantes y el murmullo constante de la ciudad. Pero esa tarde, una sensación extraña me impulsó a recorrer a pie la avenida principal de Mayfair. Avancé a paso lento bajo el cielo despejado de la tarde, y entonces la vi. ​Al otro lado de la calle, saliendo de una elegante tienda de telas, estaba Marie. Lucía un vestido azul pálido que resaltaba la claridad de sus ojos y la delicadeza de su figura. Pero no estaba sola. A su lado caminaba un caballero de postura estirada y sonrisa complaciente a quien reconocí al instante: Lord Harrington. El pretendiente perfecto. El hombre sin manchas que cualquier madre piadosa elegiría para su hija. Me detuve en seco cerca de la arcada de un edificio. ​Observé cómo Harrington le ofrecía el brazo y cómo ella lo aceptaba. Vi a Marie sonreírle de una manera abierta, cálida y encantadora, una sonrisa que no llevaba la distancia de la cortesía, sino una amabilidad que pareció clavar una daga helada directamente en mi pecho. ​Una punzada violenta, desconocida y profundamente dolorosa atravesó mi ser. No era la simple molestia de un orgullo herido, eran celos. Unos celos devoradores, ardientes y primarios que jamás había sentido por ninguna otra mujer en mi vida. La idea de que otro hombre caminara a su lado, la escuchara hablar, tocara su brazo o recibiera sus sonrisas hizo que la sangre me hirviera en las venas.

​(El ambiente de la calle parece desacelerarse. La voz de Dominic suena baja, grave y rasgada por una desesperación rabiosa mientras camina a paso lento, siguiendo a la pareja desde la otra acera sin que lo noten).

​(Dominic - Cantado) ¿Qué es esta furia que ciega mi mente? ¿Qué es este fuego que quema la piel? Ver que le sonríes a ese insulso cliente, ver que le entregas tu gracia y tu miel. Jamás a ninguna le di mi dominio, jamás mi orgullo se dejó vencer... ¡Pero al ver sus manos tocar tu vestido, mi alma se rompe en un vil padecer!



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En el texto hay: misterio amor magia

Editado: 23.10.2026

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