Ecos de magia y seducción

Capítulo 11

La resaca social tras el baile anual del Ducado de Stafford no se hizo esperar. Las páginas de los diarios matutinos de la capital ardían con especulaciones sobre el escándalo protagonizado por el "Duque Libertino" y la hasta entonces intachable "dama perfecta" de Mayfair. Sin embargo, el murmullo de la alta sociedad era lo que menos importaba en el interior de nuestra residencia. Aquella mañana, el despacho de mi madre olía a papel antiguo, cera de abejas y a un encierro prolongado. Cuando crucé el umbral, mi madre no estaba sentada al otro lado de su escritorio como solía hacerlo para impartir disciplina. Estaba de pie junto a la ventana, observando las calles empapadas de Londres con una expresión de fatiga infinita que parecía haberle sumado años de golpe. Sobre la caoba oscura del escritorio reposaba un viejo diario encuadernado en cuero desgastado, con las esquinas carcomidas por el tiempo y el emblema de nuestra familia grabado a fuego en la tapa.

-cierra la puerta, Marie, y asegúrate de que ninguno de tus hermanos ande merodeando por el pasillo

Ordenó con voz baja, sin volverse a mirarme. Cerré la puerta con suavidad y me acerqué al escritorio.

-me dijiste que la magia de los Stafford había consumido la vida de mi padre

Comencé, directa y contundente, apoyando las manos en el borde de la mesa.

-pero anoche bailé con Dominic en su propio palacio. Vi su rostro, vi lo que siente y sé que hay verdades que me has estado ocultando deliberadamente. Es hora de que me cuentes todo

Mi madre exhaló un suspiro profundo, un sonido cargado de un dolor tan antiguo como la piedra de la ciudad. Giró lentamente el rostro y me miró con sus ojos oscuros, en los que ya no había ira, sino una infinita resignación.

-tienes razón, Marie. Te he ocultado demasiado, creyendo que con el silencio te mantendría a salvo de una guerra que no te pertenece

Dijo, caminando despacio hacia el escritorio y abriendo el viejo diario por una página marcada con una cinta de seda descolorida.

-lo que une a nuestra familia con la del duque es un pacto de sangre sellado hace más de un siglo

Me acerqué para mirar las líneas manuscritas. La tinta estaba desvaída, pero se alcanzaban a leer nombres y fechas que se remontaban a la época de la Regencia anterior.

-ambas familias poseían una rama de hechicería ancestral muy poderosa. Los Stafford dominaban las sombras y la materia, mientras que los Vane dominaban la luz pura y la resonancia del alma. Para evitar una guerra de clanes que habría destruido medio Londres, los patriarcas de ambas casas firmaron un pacto de unión y equilibrio

Alzudí la vista hacia ella, con el corazón latiendo con fuerza.

-¿Un pacto matrimonial?

-un pacto de sangre y enlace

Asintió mimadre.

-tu padre y el difunto padre de Dominic fueron educados bajo la promesa de unir ambas ramas para mantener el equilibrio de la magia en Inglaterra. Pero los Stafford, cegados por la ambición de un poder absoluto sobre las demás casas nobiliarias, decidieron romper el pacto en el último momento. Quisieron absorber la magia de nuestra familia por la fuerza. Tu padre se opuso, intentó disolver el vínculo arcano para protegernos... y la magia negra de los Stafford se desató contra él, desgarrando su vitalidad poco a poco hasta matarlo

Un frío helado recorrió mi columna vertebral. Las piezas del rompecabezas encajaron de golpe de la forma más dolorosa posible.

-y por eso le temes tanto a Dominic...

Susurré, sintiendo que la voz se me quebraba.

-temes que él sea igual a su padre. Temes que su magia y su apellido no sean más que una trampa para terminar lo que su linaje empezó

-Dominic lleva la misma sangre maldita en las venas, Marie

Dijo mi madre con desesperación, tomando mis manos entre las suyas.

-anoche lo vio todo Londres. Si te entregas a él sin la protección de un muro, te destruirá. Esa magia oscura no entiende de amor ni de galanteos

-él no es su padre, madre

Repliqué con una firmeza que me sorprendió incluso a mí misma.

-vi su magia, vi cómo sus sombras creaban estrellas para mí, vi su arrepentimiento la noche pasada... él está luchando contra su propia sombra, al igual que nosotros luchamos contra el pasado

Mi madre me soltó las manos despacio, negando con la cabeza.

-ojalá tengas razón, hija mía. Pero los pactos de sangre no se rompen con un vals en un salón de baile. Y los hombres como el Duque de Ravencrest rara vez están dispuestos a sacrificar su orgullo por amor

NARRADO POR DOMINIC STAFFORD, DUQUE DE RAVENCREST

Los días posteriores al gran baile del Ducado se convirtieron en una agonía silenciosa para mí. Había intentado buscar a Marie de todas las formas posibles. Envíos de libros antiguos, notas breves deslizadas a través de intermediarios de absoluta confianza, e incluso intentos de apariciones furtivas en los alrededores de la mansión de Mayfair. Pero cada uno de mis mensajes había sido devuelto sin abrir, o ignorado con una glacial indiferencia. Yo seguía acudiendo a los salones de la alta sociedad, manteniendo mi postura de soltero inalcanzable, vistiendo mis trajes oscuros y soportando las miradas calculadoras de las matronas. Pero por dentro, el mundo se me desmoronaba. La imagen de Marie girando en mis brazos al compás de aquel vals se había grabado a fuego en mi mente, recordándome cada segundo lo que estaba a punto de perder por culpa de mi propio miedo al compromiso y al qué dirán de la aristocracia.

«El Duque Libertino... El soltero inalcanzable...»

Ese era el título que había defendido con uñas y dientes durante años para proteger mi soledad y los oscuros secretos de mi linaje. Pero de repente, esa reputación se había convertido en una celda dorada que me impedía reclamar a la única mujer que le había dado sentido a mi existencia.

Fue una tarde de jueves cuando las nubes grises de Londres decidieron abrirse en una tormenta implacable. La lluvia caía con una fuerza inusual, azotando los adoquines de las calles de Mayfair y convirtiendo las avenidas en un río de lodo y charcos. Me encontraba en mi carruaje, detenido a pocos metros de la residencia Vane, observando la puerta principal a través de los cristales opacados por el vapor. En ese preciso instante, la puerta se abrió. Marie salió al pórtico cubierta con una capa de viaje de color burdeos oscuro con capucha. Iba acompañada por su doncella, dispuesta a realizar alguna diligencia ineludible a pesar del temporal. Al verla bajar los escalones y detenerse bajo el refugio temporal del dintel, un impulso irrefrenable me hizo empujar la portezuela del carruaje. Bajé sin paraguas. La lluvia fría y densa me empapó el cabello y el traje en cuestión de segundos, pero no me importó en absoluto. Crucé la calle a grandes zancadas, esquivando un carruaje que salpicaba agua a los lados, hasta plantarme frente a ella. Marie se detuvo en seco. Al verme allí, bajo el aguacero, con el agua escurriendo por mi rostro y la mirada clavada en ella con desesperación, sus ojos claros se abrieron con sorpresa.



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En el texto hay: misterio amor magia

Editado: 23.10.2026

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