Ecos de sangre 2

Lo que sabe tú nombre

Bella no recordó en qué momento se quedó dormida.
Solo recordó que no debía hacerlo.
Y aun así… ocurrió.
🌑
El sueño no empezó como una pesadilla.
Empezó como memoria.
El bosque.
El mismo de siempre.
Los mismos árboles.
El mismo viento.
Pero sin sonido.
Bella caminaba descalza. No sentía frío. No sentía dolor.
No sentía nada.
Eso fue lo primero que la alertó.
—Esto no es real… —murmuró.
Pero su voz no hizo eco.
Porque el mundo no la estaba escuchando.
La estaba mirando.
Las hojas dejaron de moverse.
El aire se detuvo.
Y entonces…
Alguien dijo su nombre.
—Bella.
No era Lucien.
No era Ethan.
No era nadie que conociera.
Y sin embargo… sonaba correcto.
Como si esa voz siempre hubiera tenido derecho a llamarla.
Bella se giró.
Nada.
Pero la sensación no desapareció.
Al contrario.
Se acercó.
—Bella —repitió la voz—. Más cerca.
El suelo cambió bajo sus pies.
Ya no era tierra.
Era piedra.
Oscura. Antiguamente pulida.
Un círculo.
Un lugar que no había visto nunca…
pero que su cuerpo reconoció al instante.
—No… —susurró—. Yo no he estado aquí.
La voz respondió.
—No en esta vida.
El aire se volvió pesado.
Bella retrocedió.
—¿Quién eres?
Silencio.
Luego, una respuesta que no fue una respuesta.
—Alguien que te esperaba.
🩸
Despertó de golpe.
El corazón desbocado.
Sudor frío.
Oscuridad.
Real.
—Lucien —susurró.
No hubo respuesta.
Se incorporó de inmediato.
—Lucien.
Nada.
Demasiado silencio.
Demasiado… vacío.
Se levantó y recorrió la casa.
Cada habitación.
Cada rincón.
Nada.
La puerta principal estaba abierta.
Bella sintió el miedo subir lento.
No como antes.
No como en las guerras.
Esto era distinto.
Esto era personal.
🌒
Lo encontró en el bosque.
De pie.
Inmóvil.
Mirando hacia la nada.
—Lucien —dijo, acercándose despacio.
No reaccionó.
—Lucien, mírame.
Nada.
Bella se colocó frente a él.
Sus ojos estaban abiertos.
Pero no veían.
—No… —susurró.
Lo tocó.
Y en ese instante…
El mundo cambió.
🕯️
No era un sueño.
No del todo.
Era algo compartido.
Bella estaba dentro de su mente.
Y no estaba sola.
El mismo círculo.
La misma piedra.
La misma sensación de haber llegado tarde a algo que llevaba demasiado tiempo ocurriendo.
Lucien estaba allí.
Pero no como él mismo.
Más joven.
Más… antiguo.
—¿Lucien? —dijo.
Él no la miró.
Estaba hablando.
Con alguien.
—No voy a hacerlo —decía—. No importa lo que prometas.
Bella se tensó.
Esto no era presente.
Era memoria.
Pero no una que él recordara.
Una que alguien había… desenterrado.
—Ya lo hiciste una vez —respondió la voz.
La sangre de Bella se heló.
Esa voz.
La del sueño.
—No —dijo Lucien—. Yo elegí diferente.
—Crees que elegiste —replicó la voz—. Pero solo seguiste el camino que dejamos para ti.
Bella dio un paso atrás.
—Esto no es posible…
La figura apareció.
No completamente.
Nunca completamente.
Era como intentar ver algo que no pertenecía a la forma.
Oscuridad.
Pero no vacía.
Densa.
Antigua.
—¿Quién eres? —exigió Bella.
La presencia giró hacia ella.
Y por primera vez…
La vio.
De verdad.
—Ah —dijo—. La que rompió el cierre.
El mundo tembló.
Lucien se tensó.
—No la mires —dijo—. No le hables.
Demasiado tarde.
—Has cambiado mucho —continuó la entidad—. Antes no dudabas tanto.
Bella sintió que el aire desaparecía.
—No sabes quién soy.
La respuesta fue inmediata.
—Sé quién fuiste.
Silencio.
Pesado.
Peligroso.
—Y sé en qué te estás convirtiendo.
🔥
Bella atacó.
No con poder.
Con voluntad.
El ancla respondió débilmente, pero suficiente para romper la escena.
La memoria se fragmentó.
Lucien cayó de rodillas.
—Bella… —jadeó—. Sáname de aquí.
La presencia no se movió.
No atacó.
Solo observó.
—No puedes sacarlo —dijo—. Porque no está atrapado.
Bella lo sostuvo.
—Entonces ¿qué estás haciendo?
La respuesta fue simple.
Horrible.
—Recordándole.
El mundo colapsó.
🩸
Volvieron al bosque.
Real.
Lucien cayó al suelo, respirando con dificultad.
Bella lo sostuvo con fuerza.
—Estoy aquí —dijo—. Estoy aquí.
Lucien la miró, asustado.
—No era un recuerdo mío.
—Lo sé.
—Pero lo sentí como si lo fuera.
Bella apretó los dientes.
—Porque quiere que lo sientas.
Lucien cerró los ojos.
—¿Quién es?
Bella tardó en responder.
Porque la verdad era peor de lo que quería admitir.
—No es alguien —dijo finalmente—.
Lucien abrió los ojos.
—Entonces ¿qué es?
Bella miró hacia el suelo.
Hacia la tierra.
Hacia lo que latía debajo.
Y susurró:
—Es algo que existía… antes de que existieran las reglas.
El viento sopló.
Frío.
Pesado.
Con intención.
—Y ahora —continuó Bella—
—ya no está dormido.
Lucien se incorporó lentamente.
—¿Qué quiere?
Bella lo miró.
Y por primera vez…
tuvo una respuesta clara.
—A nosotros.
Silencio.
—No para matarnos —añadió—.
—Para entendernos.
Lucien dejó escapar una risa sin humor.
—Eso es peor.
Bella asintió.
—Mucho peor.
A lo lejos, el suelo vibró.
Muy suavemente.
Como un segundo latido.
Más fuerte que el primero.
Más… consciente.
Y esta vez…
no se detuvo de inmediato.
🩸 FINAL DEL CAPÍTULO 3
No estaban siendo cazados.
No todavía.
Estaban siendo observados.
Estudiados.
Recordados.
Y en algún lugar, bajo capas de tierra, historia y olvido…
algo estaba aprendiendo a pronunciar sus nombres
sin equivocarse.




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