Ecos de un cuarto a oscuras

NOCHE BUENA

El reloj avanza lentamente, la oscuridad entra fugazmente por la ventana, el ruido poco a poco se apaga y solo me encuentro nuevamente en mi cama.

Hoy el día fue con una velocidad muy acelerada, no pude ver ni comprender aquello que me acompaña, quizá simplemente no disfruté o simplemente no hice algo para recordar o disfrutar.

Hoy la noche está siendo larga, curiosamente cuando el día fue rápido, hoy la noche me está hablando, gritando y me está recordando lo mucho que extraña al sol, lo mucho que extraña ese calor, aunque sí, de día el sol no lo nota pero ella sí.

Hoy miré las estrellas y estas estaban riendo, estaban saltando que de lejos solo contemplo que están brillando, las miro alegres, felices, simplemente iluminando pequeñas partes de ese vasto vacío.

Las miro y recuerdo que quizá yo también debería ser así, disfrutar y saltar, recordando lo lindo de la luz del día, y usar esa luz para brillar de noche, cuando nadie mira y todos duermen.

Ahora el tiempo apareció, empezó a contar de forma rápida, me miraba y mientras contaba las estrellas brillaban, el tiempo tomó mi mano, y me llevó a su espacio, ese espacio neutro, donde solo estaba yo, mirando atrás y hacia el frente.

Giré, miré el sol, miré la luna, ambos riendo, ambos felices en su soledad, aquella que nadie podía mirar, y luego miré mi persona, alegre en momentos y triste en otros, el tiempo soltó mi mano, me hizo viajar al pasado, mirándome fijamente y diciéndome:

«El sol, la luna, las estrellas, solo viven momentos, ambos saben que dejarán de ser pero aún así siguen brillando, recordando que son útiles, que son gigantes, recordando que dan vida. Creo que las personas funcionan igual, solo les falta recordar que el vivir es mucho más que solo olvidar».




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