Ecos de un cuarto a oscuras

Hoy te vi

Hoy tuve ganas de salir a despejar mi mente, porque quería guardar nuevas imágenes en mi memoria; no sé si era para no recordarte o simplemente para despejar mi mente.

Hoy salí, y fue tranquilo el día, fue lindo, fue momentáneo, no fue eterno como lo que quisimos que fuera, pero ocurrió, espontáneamente ocurrió.

Hoy salí y te miré, te vi parada, te quise hablar y saludarte, de esas veces que el destino une a dos desconocidos, pero te conozco más que a cualquier otra desconocida.

Hoy salí y quise saludar, preguntar cómo estás, si me necesitas o si me quieres hacer compañía, sabiendo que mi compañía para ti era eso, una simple manera de acompañar un momento aburrido, pero de igual forma es de esos momentos que me gusta disfrutar.

Te vi, te tenía enfrente mío, intenté acercarme, pero te vi feliz, sonriente, esa personalidad que conmigo se esfumó al final.

Hoy te vi, te sentí, y aunque estuvieras enfrente mío había un río imposible de cruzar; no quiero ahogarme, no quiero acercarme, pero sí desearía poder hacerlo.

Hoy te vi y sí, soy muy cobarde por no hablarte, lo sé, pero te vi tan bien sin mí que entendí de inmediato que todo termina; vi cómo saliste, cómo sonreías y supe que al final de todo, todo salió terriblemente bien.

Tú en tu camino, yo en el mío, dos desconocidos con recuerdos compartidos, pero solo es eso, recuerdos, así que sí, hoy te vi, y te ignoré, así como ignoro todo lo que un día quise tener.

Hoy te vi, solo eso, te mire, un reencuentro diferente, pero finalmente la vida me dio ese último deseo: volver a verte, porque eso pedí; no pedí volver a tenerte, porque un deseo de ese tamaño sería egoísta para el resto del mundo.




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