Ecos de un cuarto a oscuras

Sobreencontrar

Las calles ahora parecen vacías, no hay nada nuevo para poder tener felicidad en mi mirada. La última vez que hubo luz fue cuando miré tu silueta tan iluminada, en esa foto donde hubo muchas palabras.

Ayer estuve pensando en lo lindo que será volver, no volver a tenerte, más bien volver a conocerte, porque el tiempo pasó y cambió ambos rumbos, ambas mentes y ambos tiempos.

Caminos separados, distancias abismales, y lo único que pido es encontrar esa luz que un día me dio libertad, felicidad y las ganas de soñar un mundo donde no estaría sola jamás.

Ayer caminé, estaba lloviendo, era una lluvia fría como el recuerdo de un barco zarpando a alta mar; sé que volverá o quizá se hundirá como un contenedor más.

El tiempo me hizo pensarte, me hizo mirar y al caminar volví a mirar una luz tenue, la conocía a la perfección, esas notas, esos pasos, realmente conocía esa canción, una canción lenta, tranquila y solitaria.

Miré la luz y pasé junto a ella, se me hizo conocida, similar, pero era una luz distinta en realidad, no era esa misma luz, pero fue similarmente al recuerdo anterior, al que tuve una noche fría.

Dos conocidos que ya no se conocen, pero conozco tu luz, tu sonido, tu calor, conozco todo, pero a la vez quiero volver a conocerte. Ahora esa misma luz brilla distinto y no lo noto, pero lo sé: el tiempo te hizo brillar diferente, una luz que ilumina ya no solo a mi persona, sino la vida de los demás o de alguien más.

Ayer caminé, te miré y entendí que en algún momento solo quedará en recuerdos, recuerdos como el de una estrella que iluminó, y no se apagó, simplemente se marchó, cambió de rumbo, de galaxia, fue a iluminar más planetas, mientras el mío sigue esperando el calor de una nueva estrella.




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