Desde que te miré por primera vez,
supe que tal vez tú eras para mí.
Y no porque fuese egocéntrico ni mucho menos;
tu sonrisa y tus palabras fueron muy reales.
Como un gran sereno que cubre cada mañana,
o como unas simples abejas que posan en mi ventana,
como ese amarillo que siempre, siempre brillaba,
y como tu voz que solamente mi mente extraña.
Extraño y confuso el deseo de amarte,
y no un amor convencional como el de siempre,
sino un amor que me hace pensarte,
incluso cuando ya estoy lleno de gente.
Sí, tal vez sí fue un hermoso detalle encontrarte,
un lindo regalo de la vida que no me lo esperaba,
un lindo regalo que solo me hace enmarcarte.
Me brindas tu risa y tu mano y no puedo negarme.
Porque si eres arte, eres agua y eres más que eso,
por eso simplemente al acercarme te robo un beso.
Aunque eso no sean mis gustos, para mí es el más grande gesto,
que simplemente rompe con todos mis pensamientos.
Niña buena, niña hermosa que me roba suspiros:
si amar fuese un delito, estaría vencido y muy convencido de que eres la criminal que activa todos mis sentidos, y no tiene sentido lo que digo ni lo que miro, pero para mí eres mi gran ruta de alivio.
Sin palabras que decirte, sin nada más que dejar,
una rosa en tus labios y una escritura eterna que te quiero brindar,
a usted que me hace pensar que dentro de todo lo malo aún hay luz para poder avanzar.
Te quiero, te amo, pero más amo la idea de querer quererte teniéndote siempre a mi lado.
La tinta de mi vida y el lienzo de mi mente, eso eres, y eres simplemente el arte que me hace nunca dejar de quererte.