La asesina. Sigamos recorriendo un pueblo bullicioso
La asesina. Sigamos recorriendo un pueblo bullicioso
No hay nada mejor que experimentar nuevos deseos
Koha
Ya habían caminad o varias cuadras. Jaime iba delante y Kōha atrás llevando a Serafina.
- ¿Por qué, no aprovechas ahora para deshacerte de él?
- Eso quisiera, pero por alguna razón los ataques directos no lo dañan. Ya he probado y hasta atravesé su cuerpo. Pero las dagas lo traspasan como si su cuerpo fuera agua. Incluso utilicé mi sangre y tampoco dio resultado -
En cuanto iban verificando cada punto de Jaime, remarcaban su cuerpo. Jaime estaba delante de ellas con sus manos en los bolsillos, y miraba a todos los sitios posibles. Jaime tenía un aspecto tan parsimonioso que irritaba cualquier ser, pero al mismo tiempo despedía un aura un tanto macabra, como si escondiera algo inusual. Era persibible y al mismo tiempo no. Koha no podía determinar detalladamente ello, ni tampoco Serafina.
- Era como si tuviera algo en su cuerpo - La daga traspasó, sin que él se diera cuenta. – ¿Un momento? Si, ese sujeto pudo verme y de hecho podía. - ¿También sabe que lo he atacado? ¡Qué quise matarlo! Y sin embargo. ¿No me ha dicho nada al respecto? – ¡Curioso ello! – Se colocó la mano en el mentón. –
Serafina monitoreaba el aspecto de Jaime. A ella también le parecían extraños los sucesos que narraba Koha. La asesina experta que apenas en milisegundos sus enemigos caían al suelo, ¿No podía encargarse de un simple humano? También cabía la posibilidad de que Kohamintiera, aunque no existían razones para ello. –
- Habrá que tenderle una trampa como un accidente.
- Estaba pensando acabar con él pensando nuevamente en otro tipo de armas.
- Esa idea es plausible. ¿Cómo siendo la gran asesina que eres, no lo logras?
- Que se haya escapado de mis manos el quitarle la vida, no se debe a mis métodos. ¿Solo no comprendo? ¿Quizás no es lo que creemos que puede llegar a ser?
- Entonces en el abismo no te ha dicho todo
- Ignoro ello. El abismo lo debe saber bien. – Incluso esos desalmados de Baba. –
- Los siameses sino cumples querrán llevarte con ellos. –
- Entonces destruiré Baba (Cierra su puño con cierta furia) -
- No creo que a los de abajo les guste lo que acabas de hacer. –Ellos lo ven, y oyen todo. –
- ¿Qué vean y escuchen lo que gusten? Eso me tiene sin cuidado – (Chistea sin darle importancia) ¡Si quiere morir! - Y mira a otro costado, sin decir nada al respecto. –
El trayecto era un tanto desequilibrado entre la tierra, las piedras, y el clima que mudaba de estar nublado a soleado. El invierno en el interior de este país es indeterminado. Koha como siempre padecía de una cierta particularidad de sensaciones. Ir a un pueblo de compras era algo que jamás experimentó. De hecho solo reconoce un pasado de matanza indiscriminada y soledad perpetua en el tártaro. Comenzó a latir su corazón endemoniado (demoniaco) sin que ella lo supiera. Eran emociones nuevas. Y cuando son nuevas, producen elementos en las neuronas que producen una suerte de agitación abismal que sobrepasa esos límites impensados de lo que era su vida. -
Ella lo pensó.
- Esa conmoción en mi interior. He pasado por muchas tormentas y ahora es como que solo tengo una sensación de cierta comodidad. Esas fuerzas que he conocido y me parecen normales, son diferentes a la que estoy experimentando. – No, es solo una señal de debilidad, ¿Supongo? – Mientras sostenía a Serafina que no comprendía nada al ver su rostro, pero tampoco quiso preguntarle por ello. -
Ya habían caminado varias cuadras. Jaime iba delante y Kōha atrás llevando a Serafina.
- ¿Por qué, no aprovechas ahora para deshacerte de él?
- Eso quisiera, pero por alguna razón los ataques directos no lo dañan. Ya he probado y hasta atravesé su cuerpo. Pero las dagas lo traspasan como si su cuerpo fuera agua.
Al llegar a ese poblado, era muy diferente al que fueron la primera vez. Era como una ciudad repleta de mercados y sitios bulliciosos.
Kōha y Serafina se mantuvieron indómitas en una inspección ocular amplia. Jaime saliendo corriendo a los puestos como si fuera un niño pequeño. Era un pueblo estilo antiguo pero al mismo tiempo con ciertas tecnologías. Eso era agradable a cierto punto
- ¡Qué bien! No sabía de un sitio así. Incluso creí que solo era un pueblo más de esos pequeños. Esto es toda una ciudad de lujos. ¿Y esta tan cerca? - Se emociona Jaime que va mirando todo
- ¿No crees que es raro? – Preguntó Serafina
- ¿Raro de qué? – Kōha, huele el olor a dulce y otras comidas que rondaban el aire y se fue directo a un puesto que se encontraba cerca del cual provenía, e hipnotizada con su baba cayendo no paraba de verlo entretenida. Eran unos dulces y ella miraba intrigada. (su rostro iluminado por los dulces y el aroma era una clave sensacional de interés)
- ¿Quieres uno? – Jaime se dirigió al puesto de venta ambulante.
- Ep? Yo …mmm ..nop – Y volteó la mirada avergonzada. -
- Hola, buenos días..deme dos de esos – Jaime pidió unas bolas de crema y dulce con chocolate. Mejor deme tres. – Pensó en Serafina – aunque es una muñeca tal vez
- Aquí tiene.
- Gracias! Kōha para ti y tu Serafina –
Las dos se quedaron mirando sin saber que responder
- Vamos!Coman..son riquísimos – Dio una mordida él –
Kōha lo recogió con cuidado. Lo estudió minuciosamente frunciendo el ceño – ¡¿Quémasdá?! - Y dio una mordida – Serafina tomó el suyo. Una transformación del plástico a humano le permitió comer.
Los ojos de ambas experimentando el sabor era verlas volando por los cielos mientras se formaban arcoíris de dulces de chocolate.
- ¡¡E-e-stadeliciosoooo!! – Se dijeron las dos.
- ¿Qué les parece recorrer un poco? No conozco por haberme mudado hace poco así que, (y esbozó una leve sonrisa, sería muy entretenido. - ¿Qué es eso? Vaya! Un camino de un rosedal – Y apuntó allí, señalando - ¿Quieren ir ahí? – Su rostro estaba enfilado en esa dirección, así que no había razones para negarse.