Jael seguía a Doya por el bosque, repasaba todo lo aprendido hace unos instantes, y aunque todo lo había encontrado fascinante existía algo que la inquietaba. Disminuyó la intensidad de sus pasos hasta quedar muy atrás de Doya que se volteó para ver qué le ocurría.
—Tengo una pregunta que hacerte —dijo Jael y se detuvo para mirar a Doya quien la imitó.
—Eso no es algo nuevo —señaló como si quisiera reir—. ¿Qué quieres saber?
—No pude evitar notar que en la gruta vi que los Rebeldes Cautivos son diferentes a mi.
—Já, eso es más que evidente . Tú estás aquí toda radiante, eres hermosa —añadió señalándola— y nosotros nos vemos deslucidos.
—¿Cómo?
—Quiero decir… —carraspeó—. Nuestra apariencia cambió cuando intentamos saltar y no lo logramos, ¿a eso te refieres, cierto? Creo que es una marca bastante visible que indica que estamos condenados a permanecer acá durante toda la eternidad. Nuestro cabello, vestimenta, nuestros rostros tienen imperfecciones que cuando eramos Fieles no poseíamos.
—Sí, eso ya lo había notado —dijo Jael observando el suelo, alzó un poco una pierna para dejar al descubierto uno de sus pies, a pesar de la tierra se mantenían pulcros al igual que su vestido, al contrario de Doya cuya túnica parecía no dejar de ensuciarse a medida que se arrastraba por el suelo—. Pero no es a eso a lo que me refiero, sino a que ustedes tienen algo que yo no.
—¿A que te refieres entonces? —preguntó Doya quien la habia estado mirando fijamente para luego desviar la mirada y reanudar la marcha.
—Eso que tienes allí, detrás… ¿por qué yo no lo tengo? —indagó curiosa—. ¿Tambien es algo que cambia al no poder saltar?
Doya se dio la vuelta y comprendió de qué se trataba. No pudo evitar sonreír.
—¿Dices que no lo tienes?
—Así es.
—¿Estás segura de eso? —insistió mirándola fijamente y luego desviando sus ojos por encima de su hombro.
—Claro que estoy…
Jael no pudo terminar la frase, en ese momento miró sobre su hombro y abriendo bien sus ojos y la boca giró completamente sobre sí misma.
—¡¿Pero cómo es posible?! —chilló sin saber cómo sentirse al respecto.
—Siempre las has tenido, pero no podías verlas aún —respondió Doya muy divertido.
—No comprendo, ¿cómo es posible que no las hubiera visto? —exclamó dando otra vuelta— Además, ¿por qué haces así?
—Me estoy riendo —respondió tratando de contenerse.
—¿Eso qué es? —preguntó arrugando la nariz.
—Por lo general se hace cuando algo es divertido, también de felicidad, en este caso estoy asombrado —explicó—. Sigues siendo el Fiel más despierto que conozco, el reconocimiento de las alas es de los descubrimientos que más tarda. Eres increíble, de verdad que sí.
Ella se quedó en silencio como tratando de procesar aquella nueva información, pero a pesar de que intentó dos veces más no podía ver bien sus alas.
—Para ver las tuyas —pidió.
—¿Cómo? —preguntó Doya confundido.
—¿Las tuyas son iguales a las mías?
—Pues… no exactamente, han cambiado al igual que todo…
—No importa, aún así quiero verlas, date la vuelta.
—Pero…
—Date la vuelta —solicitó Jael mientras que tomaba a Doya por los hombros para colocarlo de espaldas.
Jael comenzó a examinar con detenimiento aquel nuevo descubrimiento, Doya se había puesto tan tieso que parecía petrificado. Las alas habían sido inmaculadamente blancas en un inicio, su color ahora no era el mismo, algunas plumas se mostraban rebeldes como su dueño y algunas otras parecían dormir plácidamente refugiadas.
—Son verdaderamente hermosas, quisiera poder…
Jael deslizó sus dedos entre ellas pero no podía sentir nada, al contrario de Doya que había comenzado a agitarse y de pronto se separó de ella se dio la vuelta.
—¿Qué te ocurre? —preguntó ella aún con las manos en el aire como si tocara unas alas invisibles.
—Yo tengo muchas Luces aquí asi que puedo sentir algo, mejor no continuemos.
—No comprendo… ¿hice algo malo?
—No te preocupes por ello, es inutil de todas maneras. ¿Quieres que te muestre algo? Estoy seguro que te va a gustar.
Jael miró a Doya mientras él daba unos pasos hacia atrás, la miró, sonrió y luego sus alas se desplegaron en un rápido movimiento que casi hizo que Jael cayera al suelo.
—¿Y bien? ¿Qué te parece?
—...
—Creo que te quedaste sin palabras, eso es nuevo.
—Es… es… es una vista hermosa.
—Tú puedes hacer lo mismo.
—¿Yo?, pero… pero ¿cómo puedo hacerlo?
—Tal vez es muy pronto, acabas de ser consciente de que las tienes, pero puedes intentarlo. Para muchos Fieles es complicado puesto que sus alas tienen muchas Luces dormidas, pero tú acabas de llegar, tu cuerpo es nuevo, y ellas deben estar tan impacientes como tu.