El Arte de la Soledad

Capítulo 4: Un pequeño gesto

La lluvia había cesado por completo.
Solo quedaban las calles húmedas, reflejando las luces de la ciudad como si fueran espejos rotos.
Adrián Valverde conducía en silencio por la avenida principal.
El limpiaparabrisas ya no era necesario, pero seguía encendido por costumbre.
Dentro del automóvil únicamente sonaba el suave murmullo del motor.
No había música.
Nunca la ponía cuando conducía de noche.
Veinte minutos después, el sedán negro entró al estacionamiento de un edificio de departamentos.
No era una mansión.
Ni un penthouse.
Era un departamento amplio, moderno y sobrio, ubicado en uno de los últimos pisos.
Lo había comprado años atrás.
Aunque era grande...
Casi siempre se sentía vacío.
Adrián tomó las llaves, cerró el automóvil y subió por el ascensor.
Las puertas metálicas se abrieron con un leve sonido.
Caminó por el pasillo hasta llegar a su puerta.
Introdujo la llave.
Giró la cerradura.
Al abrir...
Algo llamó su atención.
Frente a la entrada había una bolsa de papel color café.
Sobre ella descansaba una pequeña nota amarilla pegada con cinta adhesiva.
Adrián se agachó lentamente.
Tomó la nota entre sus dedos.
Con una letra ordenada podía leerse:
"Como imaginé que volvería a decir que no tenía hambre, decidí no preguntarle esta vez."
Debajo del mensaje había una sencilla carita sonriente dibujada a mano.
:)
Y al final...
— Claudia
Adrián permaneció inmóvil unos segundos.
Después dejó escapar una leve sonrisa.
—Eres muy terca...
Murmuró para sí mismo.
Tomó la bolsa y entró al departamento.
El aroma escapó apenas abrió el empaque.
Comida china.
Su favorita.
Había un recipiente de arroz frito.
Pollo a la naranja.
Carne con brócoli.
Rollitos primavera.
Y una pequeña caja con galletas de la fortuna.
Todo seguía caliente.
Claudia seguramente había calculado la hora exacta a la que él regresaría.
Adrián dejó el saco sobre el respaldo del sofá y aflojó un poco más la corbata.
Fue a la cocina.
Sacó un plato.
Sirvió una porción de arroz y pollo.
Se sentó frente a la barra.
Tomó los palillos de madera.
Probó el primer bocado.
Cerró ligeramente los ojos.
Hacía días que no comía una cena completa.
El sabor dulce de la salsa de naranja mezclado con el arroz caliente le resultaba extrañamente reconfortante.
No era un platillo sofisticado.
Pero siempre había sido su comida favorita.
Mientras cenaba, observó la nota otra vez.
La tomó con una mano.
La volvió a leer.
Sin darse cuenta...
Terminó sonriendo.
Una sonrisa pequeña.
Sincera.
Después de terminar el plato, abrió la caja donde estaban las galletas de la fortuna.
Tomó una.
La partió con cuidado.
Dentro había una pequeña tira de papel.
La desplegó lentamente.
"Incluso la noche más larga termina cuando alguien enciende una luz."
Adrián permaneció observando aquella frase.
No creía demasiado en las galletas de la fortuna.
Pero esa noche...
Sintió que las palabras pesaban un poco más de lo normal.
Guardó el papel dentro de la cartera, junto a algunos recibos antiguos.
Luego volvió a mirar la nota de Claudia.
Con mucho cuidado la dobló y la colocó sobre el refrigerador, sujetándola con un pequeño imán.
Era un gesto sencillo.
Uno que probablemente nadie más habría considerado importante.
Pero para un hombre acostumbrado a regresar a una casa vacía...
Encontrar una bolsa de comida caliente y una nota escrita a mano significaba mucho más que una simple cena.
Por primera vez en mucho tiempo...
Su hogar no se sintió completamente vacío.



#2565 en Otros

En el texto hay: misterio, psicologia, madurez

Editado: 26.10.2026

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