El arte en nuestros días grises

Capitulo 0

POV: Sofía

05:00 a. m.

Aún no comenzaba a clarear cuando abrí los ojos. Me froté el rostro y encendí la lámpara de la mesita de noche.

Al parecer, el estricto entrenamiento de mis padres había dado sus frutos. Ni siquiera necesitaba una alarma para despertarme a las cinco de la mañana.

Me puse la bata y salí de mi habitación para preparar la ducha.

Mis padres son militares. Se conocieron en el ejército y, bueno, aquí estoy yo. No hay mucho misterio en eso.

Durante mi infancia, cuando ellos estaban desplegados fuera, mi tía materna se encargaba de mí. Vive a un par de casas de distancia, así que iba a buscarme a la primaria y se aseguraba de dejarme comida preparada para cuando llegara a casa. Cuando mis padres regresaban, volvían a hacerse cargo de todo. Y así fue durante años, hasta que tuve edad suficiente para valerme por mí misma.

Aunque mi tía nunca a dejado de preocuparse. De vez en cuando todavía pasa a visitarme para comprobar que siguiera viva y no me hubiera alimentado exclusivamente de tostadas. Bueno, quizá exagero... Un poco.

Me miré al espejo mientras me cepillaba los dientes.

No me malinterpreten. Amo a mis padres y sé que ellos me aman. Su trabajo simplemente no les permite estar en casa tanto como quisieran.

El problema es que, cuando regresan de permiso, nuestra convivencia se parece bastante a un entrenamiento militar: horarios, disciplina, ejercicio y defensa personal. No es que no sean cariñosos conmigo, pero tienen una manera bastante peculiar de demostrarlo.

Para ellos, cuidar de mí también significa asegurarse de que pueda defenderme sola.

Por eso, desde pequeña, aprendí a levantarme temprano y mantenerme en forma. A los diez años comencé clases de defensa personal, que continué hasta los quince. Digamos que tuve una infancia bastante diferente a la de otros niños.

El agua ya estaba caliente, así que me desvestí y entré a la ducha.

Dentro de dos días, mis padres regresarían para mi cumpleaños número diecisiete. Podrían quedarse alrededor de un mes antes de volver al servicio.

Ya estaba acostumbrada a esa rutina. Además, este era mi último año escolar antes de irme a la universidad.

Después, vernos sería todavía más complicado.

Al terminar, me envolví en una toalla y salí del baño. Tenía que vestirme y preparar algo para desayunar antes de salir.

Al fin y al cabo, mis padres tenían sus propios campos de batalla en Irak o Afganistán.

El mío estaba en la escuela.

Y créanme, a veces lidiar con ciertos idiotas requería más paciencia que cualquier entrenamiento militar.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.