El atajo de Mr. Hollander

El atajo de Mr. Hollander

—Ahí va Hollander —dije.

Ilya Rozanov miró pasar el pequeño Jaguar y asintió. El hombre le saludó con la mano. Ilya inclinó ese cabezón suyo desgreñado, pero no correspondió al saludo. Los Hollander tenían una gran finca de recreo en Castle Lake e Ilya era su guarda desde tiempos inmemoriales. Pero algo me decía que el segundo esposo de Gabriel Hollander le caía tan mal como bien le había caído el primero.

Eso ocurría hace unos dos años, sentados nosotros en un banco frente a la tienda de Bell, yo con una gaseosa de naranja en la mano e Ilya con un vaso de agua mineral. Corría octubre, que en Rock Mountain es una época tranquila. Si bien es cierto que muchas de las casas del lago siguen recibiendo visitantes los fines de semana, la alcohólica vida social del verano ha terminado ya, y todavía no han aparecido los cazadores con sus grandes escopetas y sus costosas licencias de no residentes prendidas en las gorras anaranjadas. Las cosechas, en su mayor parte, están en los hórreos. Las noches son frescas, buenas para dormir, y las articulaciones viejas como las mías no han empezado aún a quejarse. En octubre el cielo del lago es bastante claro, pese a esas grandes nubes blancas que se mueven tan lentas; a mí me gusta su vientre achatado y ligeramente gris, como un presagio de atardecer, y puedo mirar durante largos minutos, sin aburrirme, los destellos del sol en el agua. Es en octubre cuando, sentado en el banco frente al Bell y contemplando de lejos el lago, echo de menos el gusto por el tabaco.

—No conduce tan deprisa como Shane —dijo Ilya—. ¿Sabes?, yo pensaba que era ese un nombre muy anticuado para un hombre capaz de darle a un coche los trotes que el le daba.

Los veraneantes del estilo de los Hollander no despiertan ni con mucho el interés que ellos creen despertar en la gente que vive todo el año en las pequeñas localidades de Maine. Los de todo el año prefieren sus propias historias de amor y de odio, sus escándalos y sus rumores de escándalo. Cuando aquel tipo de Amesbury, el de los textiles, se pegó un tiro, Estonia Corbridge descubrió que, pasada una semana o cosa así, ya ni siquiera conseguía que la invitasen a almorzar para escucharle el cuento de cómo le había encontrado con la pistola todavía entre los dedos agarrotados. En cambio, la gente aún está hablando de Joe Camber, muerto por su propio perro.

En fin, no importa. La cosa es que corremos en carreras distintas. Los veraneantes son trotones, mientras que nosotros, los que no nos ponemos corbata para hacer nuestro trabajo semanal, somos simples caballos andadores. Aun así, cuando desapareció Shane Hollander, allá en 1973, el interés fue grande entre la gente de aquí. Shane era lo que se dice un hombre agradable, y había hecho mucho por la comunidad: colectas para la biblioteca Sloan, ayudas para la restauración del monumento a los Caídos, cosas de ese estilo. Y no es que lo de hacer colectas no les guste a los veraneantes. En cuanto habla uno de ellas, se les aviva la mirada y los ojos empiezan a brillarles. Les hablas de una colecta y enseguida organizan un comité, nombran un secretario y abren una agenda. Les gusta eso. Pero como les hables de dedicar tiempo (y me refiero a cualquier cantidad de él que exceda de la paliza de un cóctel después de una junta del comité), no hay nada que hacer. Por lo visto, el tiempo es lo que más valoran los veraneantes. Lo valoran tanto que, si pudieran ponerlo en conserva en tarros herméticos, caray, lo harían. Shane Hollander, en cambio, siempre parecía dispuesto a entregar tiempo: no solo reuniendo dinero para la biblioteca, sino trabajando en ella. Y cuando hubo que ocuparse del monumento a los Caídos a base de estropajo y puños, allí se presentó Shane, junto a todas las mujeres de la población que habían perdido hijos en alguna de las tres guerras, en traje de faena y con el pelo recogido bajo una pañoleta. Y como la chiquillería necesitara transporte para asistir a algún curso estival de natación, poco había que buscar para verlo a el camino del embarcadero, al volante de la lustrosa camioneta de Gabriel Hollander, con la caja atestada de chiquillos. Un buen hombre. No de aquí, pero bueno. Y cuando desapareció hubo preocupación, que no diré dolor, porque una desaparición no es lo mismo que una muerte; no es que te corten algo de un tajo, sino como si algo se te fuera por un desagüe tan despacio que no notas la pérdida hasta mucho después de haberla sufrido.

—El de el era un Mercedes —dijo Ilya en respuesta a la pregunta que yo no había hecho—. Un deportivo biplaza. Gabriel se lo compró allá por el sesenta y tres o el sesenta y cuatro, creo. ¿Recuerdas que cada año llevaba a la chiquillería en su camioneta a los cursos de natación?

—Sí.

—Pues, con todos aquellos críos en la caja, no pasaba de los sesenta por hora. Un hombre que era un diablo al volante.

La verdad es que Ilya nunca había hablado de sus patronos. Pero luego se mató su mujer. Hacía de eso cinco años. Estaba ella arando una pendiente, cuando se le volcó el tractor y le cayó encima. Y a Ilya le afectó mucho aquello. La pena le duró dos años, cosa así. Luego pareció recuperarse un poco, pero ya no era el mismo. Daba la impresión de estar esperando algo, el próximo suceso. A veces, si pasabas al atardecer frente a su casa, pequeña pero bien arreglada, le veías en el porche, fumándose una pipa y con un vaso de agua mineral puesto en la baranda, y pensabas —por lo menos yo lo pensaba—: «Ilya está esperando el próximo suceso». Y yo, aunque no me guste reconocerlo, venga a darle a eso vueltas y más vueltas, hasta que comprendí la razón. De haber sido yo, no me hubiera quedado esperando el próximo suceso, como el novio que, puesto ya el traje del casamiento y enderezada la corbata, se queda sentado en su cama del cuarto de arriba paseando miradas entre el espejo y el reloj de la repisa, esperando que den las once para poder casarse. De haber sido yo, no me habría quedado esperando el próximo suceso. Me habría quedado esperando el último.



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En el texto hay: hollanov, shanexilaya, heated rivalry

Editado: 12.10.2026

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