—¿Dónde estoy? —Sussy preguntó aterrada al ver que estaba en el bosque ya visto, pero no se lo creía.
Vio la figura larga, delgada y oscura que saltaba de árbol en árbol.
Retrocedió y chocó con un árbol. Se aferró a él, pero al mirar arriba, gracias a los ruidos escuchados, vio a aquella criatura sin forma, con la cara distorsionada y solo con una gran boca con colmillos afilados y con una sonrisa macabra. Sussy se quedó muda.
Gritó y salió corriendo. La piedra le hizo una mala jugada y la hizo caer hasta rodar colina abajo.
Sussy despertó de un brinco y dándose cuenta que estaba en el piso de su hogar.
—Solo fue un sueño —se aclaró así misma y se levantó buscando a su fiel amigo. Rió al verlo en la canasta de ropa sucia dormido, plácidamente. Revisó la hora en el reloj de pared y corrió de golpe a bañarse para irse a trabajar.
—Diablos—renegó al saber a quién vería.
Anteriormente había sentido algo por Connor, pero su ilusión la mató a la hora que le llegó la invitación de su boda. Era increíble que con 24 años se casará y 2 años después surgiera el divorcio.
Salió de la ducha y en el espejo del ropero de su cuarto se veía muy demacrada y con unas horribles ojeras que arruinaban el azul de sus ojos.
Se quitó la toalla y se puso su uniforme, desodorante y perfume.
Amarró su cabello oscuro y se hizo un chongo. Puso fijador y fue a la cocina por un pan tostado con mantequilla y un jugo de naranja recién sacado de la nevera. Consumió ambos y se limpió con una servilleta, después, fue al baño a cepillar sus dientes. Acto seguido, fue por sus zapatos y su maquillaje para ocultar esas terribles ojeras.
—Mírate —exclamó cansada Sussy. Le reclamaba a su reflejo y se criticaba por lo descuidada que estaba.
Negó y se dirigió a agarrar a Conny, despidiéndose, para volver a verlo hasta la madrugada.
Suspiró cansada, odiando su rutina y salió del pequeño departamento.