—Sussy... —se escuchó un susurro en la habitación.
—Demonios —volvió a intentar abrir la puerta pero ahora con más desesperación.
—No huyas, estás a salvo... Con nosotros. Te cuidaremos de todo mal —se volvieron a escuchar esos susurros y esta vez estaba claro que eran familiares.
Sussy jamás creyó en lo paranormal. No veía televisión, ni videos en YouTube y jamás vivió algo relacionado con ello. Era escéptica.
—¿Quién eres? —soltó la perilla y fue a investigar qué pasaba.
—Te cuidaremos, hija...
Sussy en acto de impresión abrió los ojos alarmada y fue directo a donde se escucharon los susurros.
—¡No! ¡¿Qué quieres?! —aventó las cosas tratando de ver quién era el bromista.
—Siempre estamos contigo. Te queremos...
—¡¿Quién es?! ¡Déjame en paz! ¡Ya! —agarró una jeringa oxidada que estaba en un anaquel viejo.
—No te haremos daño...
Sussy buscó en cada rincón de la habitación, sin embargo, no vio nada. Parecía loca.
—¡Vete! ¡No te necesito! ¡Déjame en paz! —se quedó parada con los nervios y miedo inmovilizándola.
—No, no, no —se escuchó una risa y Sussy quedó más helada.
—¡¿Quién eres?! —arrojó la jeringa a lo lejos y cayó al suelo. Abrazó sus piernas y lloró. Estaba sumamente alterada.
¿Qué le hablaba? ¿Por qué y cómo?
—¿Qué acaso no nos recuerdas? Siempre nos ves, cada noche, en tus sueños, al volver a casa. Y nosotros siempre te vemos, durmiendo, sufriendo.
—¿Qué? —quitó sus manos de su rostro y solo pudo ver una figura oscura, no la vio tan bien por sus lágrimas. Una figura oscura y borrosa.
—Pequeña Sussy.
Sussy se levantó y recordó que eso solo se lo decían sus padres.
¿Qué carajos pasaba?
Se limpió las lágrimas y volvió a insistir a la puerta, esta vez hizo de todo para poder salir. Necesitaba salir, se estaba volviendo loca.
—¡Ayuda! ¡Ayúdenme! —siguió tratando de salir y solo escuchó risas.
Risas. Risas. Risas.
Las lágrimas se acumularon y dio una patada logrando salir y correr rápido al ascensor.
—Por favor —Flores le pedía.
Sussy cerró los ojos y luego los abrió.
¿Todo lo había imaginado?
—Claro —Sussy le dedicó una sonrisa y agarró las toallas para dirigirse al piso correspondiente.
Tomó el ascensor y presionó el botón para ir al piso 93.
—¿Qué te está pasando, Sussana? —se agarró la frente y miraba las puertas abrirse en... ¿La habitación 9?
—¿Qué? No, no, no—presionó todos los botones y las puertas no cerraron.
¡Maldita sea!
Cerró los ojos y al abrirlos vio que estaba en el piso normalmente. Vio las puertas del ascensor abiertas y apunto de cerrarse. Presionó el botón para evitar esto y se encaminó a la primera habitación. Lucía bastante bien arreglada. Dejó las toallas en el baño que de verdad estaba muy limpio, y se fue huyendo de ese lugar.