Al estar frente a la puerta de Connor, se la pensó al tocar. Suspirando, mientras las gotas que caían de su cabello mojado por la lluvia, mojaba el tapete color rojo del pasillo.
Cuando estuvo a punto de tocar, la puerta se abrió, con la reacción sorprendida de aquel sujeto que había tenido un plan bajo la manga todo este tiempo.
—¡Sussana! Estás empapada... —la jaló para llevarla dentro del departamento bien decorado y costoso. —Y herida —siguió al notar el golpe ensangrentado que tenía en el costado derecho de la frente.
—No es nada —negó.
—¿Cómo lo dices tan así? Puedes enfermarte. Déjame ayudarte —la llevó al sillón, dejándola con tanta delicadez que al tocarla, Sussy sintió escalofríos, jurando que su tacto sí la hacía sentirse enferma. —Es tan tarde. ¿Dónde estabas? Estuve esperándote, preocupado. No contestabas el celular.
¿Cómo puede fingir todo?
Se quedó tiesa, mirando el piso. Sintiendo asco, nervios, confusión. De todo.
—Tuve un pequeño sobretiempo, inesperado. Muy inesperado... —aligeró la voz.
Connor justo a los tres segundos, llegó dejando un vaso de agua fría con una pastilla blanca en la mesita del frente. Motivándola a tomársela con una sonrisa, volviendo a irse por donde se fue. Sussy solo fingió una sonrisa de segundos.
Miró el vaso y se detuvo en la pastilla, que parecía ser una común para el dolor, un analgésico básico. Aunque, no dejaría que la apariencia la cegara. Ya sabía algo más a fondo de todo esto.
Solo inspeccionó el vaso de agua, notando un olor extraño. Guardó la pastilla en uno de los bolsillos de su pantalón y tiro con fuerza el vaso al piso. Rompiéndolo y llevándose como consecuencia una pequeña cortada en la mano que no paraba de sangrar.
Connor al instante llegó con cara de preocupación, con unas vendas y algo que ocultó detrás al darse cuenta que atrajo de inmediato su atención.
—¡¿Qué sucede contigo?! —se acercó a atender a Sussy con rapidez, desinfectando primero la cortada de la mano, cosa que ella evitó al ser turno de la venda.
—No vine aquí para recibir cuidados intensivos, ni "teatritos" —se levantó, dirigiéndose al balcón de cristal. Mirando la tormenta con relámpagos muy grandes. Manteniendo una cara seria frente a la situación, de decepción.
—No entiendo qué te pasa, Sussana —le dijo acercándose lentamente a ella. —Pareces ida.
Ella sonrió con ironía.
—Estoy más firme que nunca —cruzó sus brazos mirándolo por el reflejo.
Al momento en que sintió su respiración, se puso en alerta, notando que sostenía una jeringa en su mano derecha.
—Qué mal que no estarás así por mucho tiempo —le susurró con voz ronca.
Se agachó en ese momento, evitando ser inyectada con sabe qué, en su lugar, empujó a Connor al cristal con tanta fuerza que logró romperlo en mil trizas.
Él quedó en el suelo con rasguños y notables heridas comenzando a sangrar. No lo podía creer.
—¡Estás loca! —le gritó, sacudiéndose los cristales de encima y buscando la inyección por doquier. Sin ella, el riesgo aumentaría y su misión fracasaría.
Ella sonrió con ironía.
—No estoy loca, solo veo las cosas desde otra perspectiva paralela. Una muy clara y cuerda, para ser honesta.
Sussy sonrió más, tomando un cristal del suelo y acercándose a Connor, acorralándolo al barandal del balcón, amenazándolo con el cristal al cuello, provocando que ambos se mojaran por la tormenta.
Él solo tragó saliva, mirándola fijamente.
—¿Querías depurarme? —le preguntó apretando los dientes.
—Sussy... ¿Qué...? —respondió confundido o pareciendo estarlo.
—Cállate. Responde —lo interrumpió, apretando más el cristal.
No sabía si lo que le habían hecho involucraba en su firmeza ahora, o que fuera acto propio al desenmascararse.
—No entiendo —se defendió, ocultando su culpabilidad.
Sussy resopló molesta.
—Los peores hijos de puta niegan la verdad aún así al haberlos desenmascarado en su cara. Creyéndose su jodida mentira como líneas de telenovela —lo empujó contra el barandal, golpeándolo contra la cabeza, dejándolo ahí.
Tiró el cristal con fuerza, rompiéndolo aún más.
No tenía caso seguir intentando sacarle algo a este traidor hijo de puta. Desde sabe cuándo. Solo quería demostrar su valentía, pero al parecer, nunca la ha tenido.
Caminó con intención de dejarlo y olvidarlo para siempre, pero antes de poder hacerlo, él le clavó la inyección en la pantorrilla, haciéndola gritar.
—Y los peores intentos de perras miran su espalda antes de largarse, Sussana. O, mejor; Experimento 001.